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Las herencias magallánicas que nos impulsan

Por Gabriel Boric Domingo 8 de Mayo del 2016

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El aislamiento geográfico y político de Magallanes con respecto al centro del país y, por ende de la toma de decisiones, resulta una pesada carga; una suerte de cepo. Para qué ahondar en argumentos y ejemplos. Eso, en Magallanes, todos lo sabemos. Es cuento viejo.

¿Pueden la distancia y el aislamiento trabajar a nuestro favor?

De partida, nuestro territorio posee elementos culturales que nos otorgan un sello distintivo, insoslayable, de enormes proyecciones. Nos encontramos a orillas del estrecho de Magallanes, el paso que une los dos océanos más grandes del planeta, espacio y epicentro del descubrimiento por parte del osado navegante portugués, escenario mítico donde también pilotearon sus naves Drake, Sarmiento de Gamboa  y Cavendish. Es decir, un capítulo cardinal de la historia de la navegación pasa por esas olas que vemos en la costanera. Es el momento, por tanto, de mirar hacia el mar, como fuente de exploración cultural.

De igual manera, un aviador encargado del Correo del Sur, llamado Antoine de Saint-Exupéry, que luego escribiría “El Principito”, describía nuestro territorio con fascinación: “Y he aquí la ciudad más austral del mundo, permitida por el azar de un poco de lodo entre las lavas y las nieves. Tan cerca de los negros chorros ¡cómo se siente el milagro del hombre! ¡Qué extraño encuentro!”. Amén de lo bella e interesante que es la historia aeronáutica de nuestra región, en personajes de excepción como Gunther Plüschow o Franco Bianco.

Escritores de la talla de Edgar Allan Poe, Julio Verne, Emilio Salgari, Joseph Conrad, Herman Melville han escrito sobre nuestro territorio. Algunos de ellos sin conocerlo. Gabriela Mistral describió Magallanes como el trópico frío y Neruda imaginó un nuevo génesis en la Patagonia en su libro “La espada encendida”.

De igual modo quiero relevar la historia del habitante anónimo que logró organizarse en un territorio tan extremo, demostrando que es posible emplazar ciudades y sueños en el lugar más remoto del globo. Relevar la historia de las primeras organizaciones sindicales, cuyo ideario y proclamas iban más allá incluso de los levantados por los movimientos sociales y obreros de otros puntos del país, hoy reconocidos como precursores. Una mención valiosa, entonces, para la Federación Obrera de Magallanes (1911-1924), para el diario El Trabajo, para toda esa época de organización, conciencia y rebeldía.  La irrupción en nuestra historia de aquellas causas justas, de aquellos líderes sindicales, de los primeros dirigentes sociales, del surgimiento de nuestros barrios emblemáticos, de la cultura popular debiera ser el sustrato más vivo de una comunidad como la nuestra. Esta esencia de voluntades y acontecimientos es la razón de ser de nuestro Espacio Cultural La Idea. Sobre esa base fue fundado. Y por estos motivos, tiene sus puertas abiertas, para todos.

Si hubo quienes, en otras épocas, mucho más duras todavía, cuando las distancias eran mayores, lograron hacer de esta tierra un lugar donde llegar para cumplir con los objetivos de su aventura, o para  luchar por sus ideales, no podemos hacer otra cosa que revalidar este empuje, día a día, en las organizaciones de base, sociales, estudiantiles, culturales, para cumplir con el deber de construir un Magallanes mejor. Para allá vamos.