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Las reformas (estructurales) y las ideas

Las ideas en sí, no son malas ni buenas, en más de una ocasión he compartido esta reflexión, pero hoy me parece más pertinente que antes.
[…]

Por Carlos Contreras Martes 25 de Agosto del 2015

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Las ideas en sí, no son malas ni buenas, en más de una ocasión he compartido esta reflexión, pero hoy me parece más pertinente que antes.
Me parece un exceso que desde el momento mismo que se vota una nueva ley y ella nace a la vida jurídica nacional se genere una falaz discusión respecto de su bondad o maldad. Ya he dicho que las leyes carecen de tan peculiares características humanas, pero me parece necesario profundizar que para saber si ellas son o no útiles, cosa distinta a su bondad o maldad, es necesario una aplicación más o menos extendida en el tiempo. También me parece razonable que frente a defectos evidentes de los cuerpos normativos se proceda a su modificación, pero ellos deben ser precisamente evidentes.
Hoy existen dos discusiones en torno a leyes que nos hacen volver al pasado y no proyectarnos al futuro, la primera se refiera a la educación gratuita y de calidad, nótese que no me pronuncio sobre la universalidad, por una parte, y el restablecimiento del aborto terapéutico. Cuando escucho los argumentos en contra mi primera pregunta esta destinada a dilucidar ¿cómo es posible que antes del año 1973 y antes del año 1989, respectivamente, nuestro país haya podido sobrevivir sólo con educación pública por un lado y privada por el otro y cómo era posible que atentáramos de una manera tan brutal contra la vida al tener en nuestra legislación una autorización para el aborto terapéutico en tres causales desde el año 1931.
Sólo a simple vista se puede apreciar que lo importante no tiene que ver con discusiones que los hechos han superado, basta constatar que la mayoría de los políticos mayores de sesenta años viene de un sistema educacional público y privado (sin subvenciones) y TODOS ellos formaron parte de un país que autorizaba la interrupción del embarazo.
Como se puede apreciar HOY discutimos respecto a temas que el país ha enfrentado y no nos vimos envueltos en ninguna catástrofe ni fin del mundo conocido.
Por lo demás sigo pensando que, más que leyes útiles o inútiles, necesitamos más personas que trabajen por las personas y no por intereses corporativos, particulares o de gremios.
Las conclusiones, se las dejo a los lectores.