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Las Servidumbres (I Parte)

Por Palmira Muñoz Miércoles 30 de Noviembre del 2016
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Según la ley, Servidumbre es un gravamen impuesto sobre un predio en utilidad de otro de distinto dueño. Se llama predio sirviente el que sufre el gravamen, y se le denomina servidumbre activa, y, predio dominante el que reporta la utilidad, denominándosele servidumbre pasiva. Las servidumbres son naturales, que provienen de la natural situación de los lugares; legales, que son impuestas por la ley; o voluntarias, aquellas constituidas por un hecho del hombre. En todo caso serán inseparables del predio a que activa o pasivamente pertenecen.
Así, tenemos que la Servidumbre puede ser continua aquella que se puede ejercer continuamente, sin necesidad de un hecho actual del hombre, como la servidumbre de acueducto por un canal artificial que pertenece al predio dominante; y servidumbre discontinua la que se ejerce a intervalos más o menos largos de tiempo, y supone un hecho actual del hombre, como la servidumbre de tránsito.
Por otra parte, una Servidumbre puede ser positiva, si sólo impone al dueño del predio sirviente la obligación de dejar hacer; o pueden imponen al dueño del predio sirviente la obligación de hacer algo, como que todo dueño de un predio tiene derecho a que se fijen los límites que lo separan de los predios colindantes, y podrá exigir a los respectivos dueños que concurran a ello, haciéndose la demarcación a expensas comunes; y servidumbre negativa, la que impone al dueño del predio sirviente la prohibición de hacer algo, que sin la servidumbre le sería lícito, como la de no poder elevar sus paredes hasta cierta altura.
También se puede estar ante una Servidumbre aparente que es la que está continuamente a la vista, como la de tránsito, cuando se hace por una senda o por una puerta especialmente destinada a él; e inaparente, la que no se conoce por una señal exterior, como la misma de tránsito, cuando carece de estas dos circunstancias y de otras análogas.
Hay que tener presente que si el predio sirviente es dividido, no varía la servidumbre que estaba constituida en él, y deben sufrirla a quienes le toque la parte en que se ejercía. Ahora, si es dividido el predio dominante, cada uno de los nuevos dueños gozará de la servidumbre, pero sin aumentar el gravamen del predio sirviente. Así, los nuevos dueños del predio que gozan de una servidumbre de tránsito no pueden exigir que se altere la dirección, forma, calidad o anchura de la senda o camino destinado a ella.
Por otra parte, el que tiene derecho a una servidumbre, lo tiene igualmente a los medios necesarios para ejercerla. Así, el que tiene derecho de sacar agua de una fuente situada en la heredad vecina, tiene el derecho de tránsito para ir a ella, aunque no se haya establecido expresamente en el título. El que goza de una servidumbre puede hacer las obras indispensables para ejercerla; pero serán a su costa, si no se ha establecido lo contrario; y aun cuando el dueño del predio sirviente se haya obligado a hacerlas o repararlas, le será lícito exonerarse de la obligación abandonando la parte del predio en que deban hacerse o conservarse las obras. Por su parte el dueño del predio sirviente no puede alterar, disminuir, ni hacer más incómoda para el predio dominante la servidumbre con que está gravado el suyo.  Con todo, si por el transcurso del tiempo llegare a serle más oneroso el modo primitivo de la servidumbre, podrá proponer que se varíe a su costa; y si las variaciones no perjudican al predio dominante, deberán ser aceptadas.
Finalmente, las servidumbres se extinguen: 1º. Por resolución del derecho del que las ha constituido; 2º. Por la llegada del día o condición; 3º. Por la confusión, es decir, la reunión irrevocable de ambos predios en un mismo dueño; 4º. Por renuncia del dueño del predio dominante; 5º. Por haberse dejado de gozar durante tres años. En las servidumbres discontinuas corre el tiempo desde que han dejado de gozarse; en las continuas, desde que se haya ejecutado un acto contrario a la servidumbre. Si el predio dominante pertenece a muchos proindiviso, el goce de uno de ellos interrumpe la prescripción respecto de todos; y si contra uno de ellos no puede correr la prescripción, no puede correr contra ninguno. Si cesa la servidumbre por hallarse las cosas en tal estado que no sea posible usar de ellas, revivirá desde que deje de existir la imposibilidad con tal que esto suceda antes de haber transcurrido tres años.