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Ley de Educación Superior, momentos de razón y momentos de convicción

Por Carlos Contreras Martes 18 de Abril del 2017
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En columnas anteriores me he referido al proceso legislativo, esto es, al procedimiento por el cual se generan las leyes de la República y que distingue el origen del proyecto ley y los plazos a los cuales se somete. Una de las conclusiones posibles respecto de este tema es que dicho sistema presenta serias falencias y debería ser actualizado para ponerlo en consonancia con las exigencias de tiempo y de especialidad que generalmente van asociadas a la necesidad de un cuerpo legal.
Con fecha 11 de abril del presente el proyecto de ley que el gobierno, el Poder Ejecutivo, ha presentado en el Parlamento en materia de educación superior no contó con el beneplácito o conformidad de la Comisión de Educación de la Cámara de Diputados, esto es, fue rechazado en cuanto a la idea de legislar y esto ha obligado a modificar la urgencia para su tramitación.
Más allá de las razones que se argumentan por los diputados que rechazaron el proyecto lo complejo de esta situación es que pone en evidencia una serie de principios de la política que están hoy en cuestionamiento y que inciden en la proyección y ejecución de un buen gobierno.
En efecto, el proyecto ley para el gobierno es una promesa de su programa y por ello, en principio, los parlamentarios del oficialismo deberían votar a favor. Por otra parte, se ha argumentado, sin mayores precisiones, que la normativa del proyecto es insuficiente o, derechamente, defectuosa, para el cumplimiento de los fines perseguidos. A lo anterior debemos agregar que queda menos de 335 días para la conclusión del presente gobierno y la necesidad de cumplir con la mayor parte de lo comprometido en el programa de gobierno exige celeridad y rapidez.
Para poder congeniar todos los intereses en juego es necesario dar cuenta, más allá de la coordinación entre la bancada de gobierno y la calidad del proyecto, de ciertas circunstancias que se han producido en el pasado y que debemos tener presente: muchas veces se han dictado leyes insuficientes que han debido ser mejoradas, sea por vía legal o por vía de reglamentos que dicta el Poder Ejecutivo para su aplicación; al respecto la crítica natural es que dichos defectos generan perjuicios en la aplicación de la ley: por otra parte, en busca de la absoluta coherencia o perfección pueden pasar décadas sin que exista una solución porque todos los proyectos, de la manera que quieras plantearlos serán insuficientes o defectuosos.
Entonces, ¿cuál será la solución al problema actual para efectos de aprobar o rechazar? Al respecto creo firmemente en las convicciones y cuando existe un compromiso previo hay que hacer todo lo necesario para cumplirlo, lo peor que puede pasar en no hacer nada para cumplir la palabra otorgada; en el mismo sentido cuando no existe ley no hay nada, nada que mejorar y nada que discutir. Quizás no es lo mejor, ni tampoco lo más correcto, pero cumplir con la palabra dada es siempre un valor en la política…ya vendrán tiempos para corregir y enmendar.