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Los motivos de Aylwin

Por Abraham Santibáñez Sábado 23 de Abril del 2016

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En los últimos días se han multiplicado los balances sobre la vida y el gobierno de Patricio Aylwin
La mayoría han sido muy positivos, destacándolo como “un hombre bueno”. No han faltado las críticas, especialmente de los jóvenes.
El primer balance corresponde al propio Aylwin. Lo realizó ante el país la noche del Año Nuevo de 1994. dos meses y medio antes de terminar su mandato:
“….Tenemos legítimos motivos de satisfacción. Con las recientes elecciones de Presidente de la República y de parlamentarios, culmina una etapa de la vida nacional en que Chile se ha reencontrado felizmente con sus tradiciones democráticas. Los chilenos convivimos en paz, respetándonos en nuestras legítimas diferencias y procurando superarlas por caminos de entendimiento. La autoridad se ejerce dentro del marco de la ley; los derechos esenciales de todas las personas son respetados. Las instituciones del Estado, aunque requieran de perfeccionamiento, funcionan normalmente dentro del marco de nuestro ordenamiento democrático.
“El país progresa. Con las limitaciones propias del mundo en desarrollo, Chile crece, y mejora la condición de vida de su gente. La producción, el ingreso por habitante, la ocupación, el ahorro y la inversión aumentan; disminuyen la desocupación y la inflación. Se construyen más viviendas, caminos, puertos y otras obras de infraestructura. Los grandes esfuerzos por mejorar nuestros sistemas públicos de salud y educación, empiezan a dar sus primeros frutos.
“Pero ¡cuidado! Estos hechos, que son justo motivo de satisfacción y esperanza, no deben hacernos caer en frívola complacencia. Aunque tenemos razones para el optimismo, nada justifica ninguna clase de vanidad o de soberbia. No somos tigres ni jaguares. Somos uno de los muchos países del mundo en desarrollo, seriamente restringido por la pobreza que aflige a una gran parte de nuestra población, por la limitación de nuestros medios y por la dependencia de nuestra economía respecto a las naciones plenamente desarrolladas….”.
En buenas cuentas, satisfacción por lo logrado y sentimiento por lo que se quedó en el tintero, en especial en la lucha contra la pobreza. Pero, sobre todo, la sensación de haber superado los excesos del autoritarismo, la inseguridad provocada por los organismos paradojalmente llamados de “seguridad” y los abusos de los poderes fácticos.
A lo largo de la vida de todo ser humano, muchas situaciones inolvidables: momentos íntimos de satisfacción o de dolor; triunfos, fracasos; alegrías y decepciones. Ocasiones que invitan a la euforia y noches sombrías de depresión. Para todos, sin embargo, en especial quienes tienen figuración pública, hay instantes culminantes, “momentos estelares”, como los bautizó Stefan Zweig. O les llega “su hora más gloriosa”, como la calificó Churchill.
El 11 de marzo de 1995, cuando Aylwin dejó el poder, fue -sin duda- su hora más gloriosa. No terminó entonces su aporte a la vida nacional, pero como se ha reconocido unánimemente a su muerte, es su ponderación, su sentido de la justicia, sus llamados a la solidaridad y. en suma, la gran obra de su gobierno.