Necrológicas
  • Ruth Oladia Casanova Villegas
  • Inés Carreño Carreño

Los peligros del turismo invasivo

Por Ramón Arriagada Miércoles 20 de Julio del 2016

Compartir esta noticia
132
Visitas

En turismo hay dos tipos de personajes, están los “turistas” propiamente tales; son aquellos que contratan  la visita a un lugar siendo guiados por una empresa especializada. En otras palabras, se dejan llevar y deben aceptar durante su viaje al grupo de personas del “tour”. Por la rapidez de los traslados, a las empresas que movilizan estos grupos, no les interesan las diferencias individuales, estandarizan los intereses.   Entonces, no hay tiempo, para un contacto más directo con las poblaciones nativas.

En tanto el otro grupo de visitantes son los llamados “viajeros”. Planifican su propio destino y visitas. Son los más beneficiados con las nuevas tendencias en cuanto a viajes, impuestos por la tecnología y fundamentalmente por internet. Hay sitios seguros para reservas de hoteles, aviones, trenes y buses; ingresar a los sitios como Booking, Tripadvisor, Trivago o Despegar es tomar contacto con algo impensado hasta hace cinco años. Precios, servicios, comentarios, ubicación hasta calidad de las habitaciones, nos facilitan el sueño de viajar.

En mi última visita a Italia un amigo me recomendó buscar en internet las páginas llamadas, “Lo que no hay que hacer en ….”. Son sitios que van recogiendo las impresiones del ojo crítico de viajeros en los destinos turísticos de mayor  afluencia de visitantes. Son una secuencia de muchos códigos de comportamientos y enseñanzas empíricas que al ser consideradas  por los viajantes, facilitan y hacen más gratas la estadía en sociedades de usos y costumbres diferentes. Son una copia de aquellos códigos de comportamiento que nos ayudan a elegir en el listado de, “Lo que hay que hacer antes de morir”, “Lo que no hay que hacer en la cama” o “10 cosas que no hay que hacer en una entrevista de trabajo”, o bien, “Lo que no hay que hacer para conquistar a la pareja”.

“Lo que no hay que hacer en Venecia”,  recomienda no subir a una góndola, por los precios exagerados, ochenta mil pesos el paseo, generalmente compartiendo lugares a bordo con  infaltables japoneses, que con movimientos atáxicos acompañan los ritmos de un aburrido acordeonista veneciano. O bien, sentarse en la orilla de los canales y refrescar los pies, pues muchos de los  desagües y pericotes pueden hacerte desagradable la experiencia.

En Roma y en el Vaticano preferentemente, no contratar “tour guiados” en agencias de viajes. Al llegar a la Capilla Sixtina, te encontrarás con la desagradable sorpresa que hay -para ti –  reservados unos audífonos, pues cada objeto o pintura del lugar tiene un número, que supuestamente marcarás y recibirás información.  Pero es tal la cantidad de visitantes, que formarás parte de un cauce que se desplaza bullicioso, en medio nuevamente del caudal nipón  omnipresente. Será el momento de toma conciencia de cómo el turismo en vez de ser una actividad para el ocio, se transforma en una actividad invasiva. Estresante tanto para el  excursionista como para la población local.

He hecho el ejercicio de “lo que no hay que hacer…” en Puerto Natales y los circuitos del  Paine. Curiosamente me he encontrado sólo con solidarios consejos para caminatas felices. Tal vez el  más importante… “¡ no quieras verlo todo, deja cosas para volver!” Además de las recomendaciones sobre el peso de las mochilas, la alimentación, los días con cuatro estaciones. Esperaba se enfatizara aquello de no hacer fuego, como también, no rellenar con agua del lugar las botellas, pues, las experiencias del último verano indican, que aquellos campamentos y senderos, saturados de visitantes ya deterioraron la pristinidad y pureza de las aguas y suelo del lugar.