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Mapochogate

Por Diego Benavente Viernes 13 de Mayo del 2016

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Es impresionante có-
mo en Chile no se saca lecciones de los desastres, cada evento que ocurre, suena como a una crónica periódica del impacto de una catástrofe anunciada. Así los estragos de un terremoto, tsunami o aluvión, nos dejan desnudos en nuestra capacidad de prevenir y tomar medidas que impidan, por ejemplo, construir en lugares no aptos, como las quebradas u orillas de ríos o en la costa del mar.
Recientemente el desastre del Mapocho, en una parte del barrio alto capitalino, demuestra a las claras, cómo no se incorporan las variables climáticas y su información de pronósticos disponible hoy en la web. La diferencia entre 80 m3/seg pronosticado vs. lo ocurrido de 120 m3/seg, deja en evidencia lo que no se tomó en cuenta, cuando la ingeniería, siempre aconseja aplicar factor de seguridad que permita cubrir eventualidades como la que ocurrió. Más aun, cuando esta crecida es de una frecuencia de ocurrencia en promedio cada 5 años. Y teniendo aún fresco en la memoria que, 1982 el río superó los 1.000 m3/seg lo que ocurre cada 100 años. Además, el clima está cambiando y que hay que irse con mucho cuidado, debiera ser la conducta a seguir.
En la prensa se comentó y describió la desgracia, por parte de distintos representantes de organismos como el Cigiden (Centro de Investigación para la Gestión de Desastres Naturales) o el Cedeus (Centro de Desarrollo Urbano Sustentable ambos de la Puc). Institucionalidad pertinente existe y, sus profesionales tienen clarita la película, el problema es que las autoridades técnicas ni las empresas involucradas, no le dan la debida importancia que debieran tener estos temas.
Algunos de los comentarios recogidos resultan esclarecedores. El que se adelanten las lluvias y el que las estaciones ya no sean tan marcadas, requiere que para diseñar se deban usar estadísticas anuales y así poder reducir el umbral de incertidumbre y “tener un plan B para evacuar aguas en caso de que se sobrepase la capacidad calculada para las obras”.
Lo hemos expresado en distintas columnas, en Chile no se considera o subestima, la incorporación de riesgos y amenazas naturales, en la planificación de las ciudades y en el diseño y la evaluación de las obras. Cuando las defensas fluviales se quedan cortas, por ejemplo, en otros países se diseñan parques inundables junto a las riberas.
Emergencia en la Torre, sería el nombre del filme, con la evaluación de las contingencias vividas en Providencia, por las torres Parque Titanium, que de acuerdo a la información de prensa deberán cerrar por 2 o mas meses tras el desborde del río Mapocho por falta de agua y electricidad. Acaso un desborde de este río y su inmediato escurrimiento por las vías que se inundaron, ¿no era previsible en una emergencia como la ocurrida? O más aun, frente a un hito climático de ocurrencia de 1 a 50 años o 1 a 100 años, que bien pudo ser peor, ¿Qué tan preparados estaban? Hubo alguna inmobiliaria o constructora que previera esto y tuviera un plan de contingencia diseñado para actuar en este tipo de emergencia, más aun cuando sus edificios están localizados a escasos metros del Mapocho. Un sinnúmero de torres modernísimas están a menos de una cuadra del río, ¿qué plan B tenía el municipio respectivo frente a una eventualidad como ésta?, más aun cuando ya se tenía el recuerdo vivo de la gran crecida de 1982 y sus estragos, cuando superó los 1.000 m3/seg.
Un título más taquillero de la película podría ser, Mapochogate, las regiones abandonadas a su suerte y Santiago disponiendo de todos los recursos, no da pie en bola.