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Mercado y sociedad

Por Diego Benavente Viernes 19 de Febrero del 2016

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Resulta interesante poder conocer opiniones de personalidades relevantes, más aún cuando estas vienen a Chile y sus comentarios los emiten al sur del mundo y en alguna medida, con nuestra realidad tan particular de contexto y fondo. Así de esta forma, estas pueden adquirir una mayor relevancia y cercanía con lo que ocurre en el país. Michael Sandel, profesor de filosofía de Harvard, entrevistado por Revista Capital cuando vino al Congreso del Futuro, es uno de estos líderes. Por lo tanto, algunas de sus expresiones nos hablan desde muy cerca, si consideramos lo que ocurre a nivel nacional en materia de economía, sociedad y mercado, enfocando el tema en estos aspectos.

Sandel tiene mucha razón cuando expresa que, “en las décadas recientes, las sociedades democráticas en todo el mundo pasaron de tener economías de mercado a ser sociedades de mercado”. Donde la diferencia según él “es que la economía de mercado es una herramienta valiosa y efectiva de organizar la actividad productiva. Y la sociedad de mercado es una sociedad donde casi todo se vende, es una forma de vida en la que los valores de mercado y el pensamiento de mercado empiezan a dominar casi todos los aspectos de la vida social: las relaciones humanas, la salud, la educación, la política, los medios, la vida cívica”. Esto suena muy conocido, ya que ha sido una discusión central en Chile durante las últimas cuatro décadas. La cual, por lo general se ha politizado y las posiciones de trinchera que han asumido unos y otros, no contribuyen a encontrar el punto medio o el equilibrio necesario en esta materia.

Este filósofo estadounidense también acierta, si se compara la situación que se vive en Chile, cuando dice que, “la gente está frustrada con la política y el vacío de los discursos públicos. La fe en el mercado creció al punto de que nos distrajo de las grandes preguntas como ciudadanos democráticos, como qué es una sociedad justa, cuáles son nuestros deberes como ciudadanos, cuál debe ser el rol del dinero y del mercado en nuestra sociedad, que significa ser un ciudadano democrático”. Es hora de recuperar el tiempo perdido y aprovechar el proceso constituyente para hacernos este tipo de preguntas y agregar, lo que como ciudadanos de regiones aspiramos debe ser un país justo y armónico.

Para el abogado y rector Carlos Peña, en un reciente artículo de un matutino nacional, la modernización rápida que Chile experimentó, debilitó redes simbólicas de las personas como la nación, la clase y el barrio. Y este fenómeno, “afectó principalmente a la clase media, esos nuevos grupos incorporados a la sociedad de consumo y que en el curso de apenas una vida han experimentado cambios que antes tomaban generaciones”. Ya que el mercado, en torno al cual esos grupos se constituyen, “amplía el consumo; pero no la participación. Provee bienestar material, pero no brinda reconocimiento. Favorece la comunicación, pero no estimula el diálogo. Acentúa la individualidad, pero deteriora la vida cívica. Licúa las tradiciones, pero no entrega nada que las sustituya. Libera de la miseria, pero deja la sensación de estar a la intemperie”. En dos palabras para Peña, “el mercado dio bienestar (y por eso los chilenos son más felices); pero deterioró el cemento social (y por eso están molestos)”. Mercado y sociedad, una noticia aún en desarrollo.