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Nuevas tareas para el Instituto

Por Abraham Santibáñez Sábado 30 de Abril del 2016

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En 1964, en las postrimerías del gobierno de Jorge Alessandri, cuando se creó el Instituto de Chile, se tomó como modelo el Instituto de Francia. Así lo reconoció, el hombre detrás de la idea, el doctor Alejandro Garretón, quien sostuvo que “la imagen del Instituto de Francia, fundado a fines del siglo XVIII, ha sido una fuente de inspiración”.
Más de medio siglo después, el modelo se mantiene. Pero la realidad ha cambiado.
En 1964 la ley definió al Instituto como “una corporación autónoma, con personalidad jurídica…destinada a promover en un nivel superior, el cultivo, el progreso y la difusión de las letras, las ciencias y las bellas artes”. Hoy día, según subrayó la Presidenta de la República al inaugurar el año académico del Instituto, “es sobre todo una red de reflexión del más alto nivel…una red reflexiva que vive con el diálogo sereno, la gratuidad del tiempo y la pasión del saber”.
Los revolucionarios cambios sociales y políticos producidos en Chile y el mundo desde 1964, se reflejan en el surgimiento de una realidad que no soñada entonces: la sociedad del conocimiento.
La semana pasada, ante una concurrida audiencia, la Presidenta Bachelet puso énfasis en la contribución que se espera del Instituto de Chile en lo que viene: la creación del Ministerio de la Ciencia y la Tecnología. Dijo: “La ciencia es siempre especializada y tiene sus objetos y lenguajes propios…pero además tiene una vocación social desde su origen: contribuir al desarrollo de las personas y de la sociedad en la cual existe como ciencia….Solo una ciencia que se relaciona estrechamente con la sociedad, con sus instancias culturales y políticas, puede influir sobre las condiciones que le permiten cumplir su propia tarea…
“Hoy la legitimidad de las iniciativas sociales está en manos del veredicto ciudadano.
Esto es muy exigente, pero es así, son los signos de los cambios que transitamos. Y la ciencia y las humanidades no podrán eximirse de esta tendencia.
“No se trata de validarse sólo a través de resultados prácticos inmediatos, no es esa la vocación primaria de las ciencias, las humanidades y el arte, pero si mediante el involucramiento con los desafíos del país, y de la comunicación abierta y transparente con la sociedad”.
También habló la Presidenta de la necesidad de una mayor participación femenina en estas nuevas tareas.
En parte se ha avanzado: el Instituto que durante décadas fue un baluarte masculino, ya está abriéndose a las nuevas realidades sociales: en el auditorio que escuchó a la Presidenta estaba la astrónoma María Teresa Ruiz. Ella es, desde este año, la presidenta de la Academia de Ciencias.