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#pasólavieja

Resulta casi imposible no conmoverse con las lágrimas y el relato entregado por el ex conscripto Fernando Guzmán, que participó en la patrulla militar que en 1986 quemó a Rodrigo Rojas y Carmen Gloria Quintana. Recuerdo en ese tiempo, siendo un adolescente, haber escuchado la versión oficial, que dejaba a los dos jóvenes como terroristas incendiarios, atribuyéndoles a su propia responsabilidad el terrible destino que llevó a Rojas Denegri a su muerte y dejó graves secuelas en Carmen Gloria. Casi 30 años después, escuchamos con estupor que se les roció combustible encima mientras Julio Castañer ejecutaba un macabro juego con su encendedor para amedrentarlos, para después ser abandonados a su suerte en un sitio eriazo. Recién horas después pudieron recibir una mínima atención médica, con sus cuerpos quemados pero plenamente conscientes en todo momento. A pesar de la viveza del relato, resulta inimaginable el dolor físico y espiritual de enfrentar a la muerte de manera tan cruenta. El ensañamiento con estas víctimas, como tratar de comprender la patológica motivación de los agresores, hacen que esta historia deje indiferentes a muy pocas personas.
[…]

Por Eduardo Pino Viernes 31 de Julio del 2015

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Resulta casi imposible no conmoverse con las lágrimas y el relato entregado por el ex conscripto Fernando Guzmán, que participó en la patrulla militar que en 1986 quemó a Rodrigo Rojas y Carmen Gloria Quintana. Recuerdo en ese tiempo, siendo un adolescente, haber escuchado la versión oficial, que dejaba a los dos jóvenes como terroristas incendiarios, atribuyéndoles a su propia responsabilidad el terrible destino que llevó a Rojas Denegri a su muerte y dejó graves secuelas en Carmen Gloria. Casi 30 años después, escuchamos con estupor que se les roció combustible encima mientras Julio Castañer ejecutaba un macabro juego con su encendedor para amedrentarlos, para después ser abandonados a su suerte en un sitio eriazo. Recién horas después pudieron recibir una mínima atención médica, con sus cuerpos quemados pero plenamente conscientes en todo momento. A pesar de la viveza del relato, resulta inimaginable el dolor físico y espiritual de enfrentar a la muerte de manera tan cruenta. El ensañamiento con estas víctimas, como tratar de comprender la patológica motivación de los agresores, hacen que esta historia deje indiferentes a muy pocas personas.
Las redes sociales ardieron cuando interpretaron la intervención de Fernando Villegas hacia Carmen Gloria en el programa “Tolerancia Cero”, coronada con el dicho popular “pasó la vieja”, refiriéndose a que el Ejército asuma responsabilidades y entregue información acerca de culpables de estos atropellos, o que la opinión pública y las autoridades prioricen estos casos de hace décadas por sobre la contingencia existente. “En su momento, cuando estaba en la agenda de la Concertación, en la discusión pública; hoy son otros los temas de los que se habla: revolución, educación gratis. La palabra reconciliación ni siquiera aparece y eso no lo inventé yo. Pasó la vieja”, ratificó posteriormente el melenudo sociólogo.
#pasolavieja se transformó rápidamente en TT, con la acostumbrada agresividad que facilita el anonimato. La falta de empatía había sido imperdonable para muchos.
Recuerdo que en los 90 comencé a prestar atención a las columnas de opinión de Villegas. Específicamente cuando el Estado decidió cerrar la producción carbonífera de Lota, la que venía desde hace tiempo entregando pérdidas. Mientras todos rasgaban vestiduras añorando tiempos  mejores y la pérdida histórica que esto significaba; el escritor reflejaba que los beneficios obtenidos por los mineros eran enormemente más ventajosos que los recibidos por un junior o un oficinista que era echado arbitrariamente de su trabajo y debía llorar su impotencia en el baño. Ejemplos como estos definían su sello de estilete, recordemos cuando nos recomendó usar chalecos  a los magallánicos ante el alza del gas.
A pesar que sus columnas aparecen en reconocidos medios vinculados a la Derecha, si analizamos su pluma veremos que sus puntos de vista se comprometen más con el pragmatismo de la realidad que con ideologías particulares, a diferencia de tantos opinantes masivos que antes de comenzar a leer sus reflexiones, pontifican incondicional y ciegamente en favor o en contra de los personajes de turno, omitiendo lo que no conviene. A pesar de carecer de empatía, palabras de buena crianza o arrullos emocionales, Villegas suple esto con una gran claridad para ordenar los elementos, tanto en tiempo como en espacio, para entregar opiniones directas y prácticas, sin tanto adorno al que generalmente recurrimos para no molestar al vecino. Si lo llevamos al mundo del deporte, es una especie de Guarello, aunque sin coprolalia ni ataques rabiosos, pero con una opinión fundamentada y realista, más allá que nos guste o no.
Es interesante revisar el programa, porque a pesar de los fuertes y pesimistas que suenan sus palabras, analizando objetivamente no expresó nada que no se haya reflejado en estos años, manteniendo el respeto que merecía Carmen Gloria Quintana.
Es que ante estos “provocadores intelectuales” (son pocos), más que insultarlos o descalificarlos, resulta beneficioso analizar y reflexionar sus expresiones, ya que muchas veces nos reflejan una realidad social que construimos todos pero no queremos asumir. Sino terminaremos tan infantiles e intolerantes como el dueño de la librería que retiró sus libros, para reponerlos al día siguiente.