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Patagonia de aves

Por Alfredo Soto Martes 6 de Diciembre del 2016
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Mi abuelo paterno Pedro Soto Gallegos, fue el primero que me enseñó acerca de muchas aves, contándome historias y sacando enseñanzas de las mismas, curiosamente mi abuelo materno, Nemesio Ortega Marín, siempre lo escuché decir payas y poemas de las aves, lamento que no haya podido registrar de alguna manera todas esas payas improvisadas y espontáneas que salían de su boca en los momentos precisos para llamarme la atención y ver las aves de una manera diferente, sus colores, sus formas, sus cantos y algunas costumbres que hacían diferenciar a cada una de las especies, algunas en pastizales, otras en arbustos y árboles, otras en cuevas y requeríos, muchas de ellas a orillas del mar y otras deambulando y nadando en ríos y lagunas.
Una de las tantas historias del Tata Pedro fue la que después de una experiencia podría decirse casi traumática para mí en las inmediaciones de la Cueva del Milodón, cuando estaba abierta sin restricciones, mi abuelo encuentra un nido de una Cachaña Austral y con guante en mano la agarra y me indica que vea lo que va a ocurrir. El resto de las aves volaba en picada hacia la cabeza de mi abuelo, solidarizaban el resto de las Cachañas por el momento crítico que vivía su par. Mi abuelo permitía que la presa que tenía en la mano extendiera sus alas y gritaba como lo saben hacer esta especie de Loro Austral, después de ese momento muy traumático para estos “loros”, mi abuelo lo suelta y en vuelos rasantes se unen y emprenden su retirada del lugar. Allí mismo mi abuelo me cuenta una historia que dice lo siguiente y sobre todo para reafirmar lo ruidoso que son los loros y para contarme que estas especies son capaces de gesticular palabras de lenguaje humano…la Historia dice así: “Hace mucho tiempo, en época de la dominación inca, los loros tenían lenguaje propio y sabían pensar y razonar. Los incas, maravillados con estas aves, decidieron llevarlas junto a sus soberanos. “Será útil enseñarles nuestra lengua y cultura para que las extiendan por otros lugares de la Tierra”, pensaron los reyes, y ordenaron a sus sabios que les enseñaran a los loros la lengua quechua, así como su ciencia y tradiciones. Una vez que los loritos aprendieron todo lo que los incas creyeron prudente, volvieron a su lugar natal. “Ahora seremos los reyes de la selva”, puesto que hablamos y razonamos como los seres humanos”, se dijeron y comenzaron a impartir órdenes con voz chillona y desagradable, y a dar picotazos y muestras de soberbia. Los demás animales quedaron espantados al escuchar el extraño idioma, reaccionaron con violencia frente a la prepotencia de los loros y contestaron con airados gritos. Cada uno fue elevando más y más la voz hasta que toda la selva se llenó de chillidos y ruidos. Fue entonces cuando el dios de las aves se enojó con los loros y les arrojó un puñado de tierra a la boca, los loros perdieron la facultad de razonar y sólo pudieron repetir lo que oían. Así quedaron desde aquel día, y como recuerdo de la ira del dios aún conservan la boca negra  por dentro, como si hubieran tragado el puñado de tierra que les cayó del cielo. De un tiempo a esta parte son muchos los aficionados a la observación de las aves, los que han ido descubriendo sus costumbres, hábitos, su arribo de temporada y retiradas ya cuando el periodo se hace más frió. Los hay grandes y pequeños, de muchas variedades vienen a visitar toda la Patagonia, la que para ellos no requiere grandes estudios científicos para definir esta región única y privilegiada ante el mundo y de la cual los ojos miran con mucha ambición e interés.
Debemos aprender de las aves de muchas de sus maneras de conservar el ambiente y estar atentos a quienes miran nuestra Patagonia como un gran espacio privilegiado sólo con fines económicos y de explotación de sus recursos. Estos últimos días me he dado el tiempo para recorrer algunos rincones de esta indómita región patagónica y me he dado cuenta que se viene un momento crítico para las aves producto de la sequía, que se ha manifestado tanto este invierno y al parecer durante el verano se intensificará. Muchas de las lagunas que las aves migratorias frecuentan ya no están y precisan urgentemente de lluvias. Estoy próximo a un viaje al glaciar Tyndall lo que me podrá dar señales de esta sequía y su repercusión tanto en el entorno inmediato del glaciar como del mismo. Esperamos con ansias quienes acostumbramos a visitar estos parajes llenos de cantos y virtuosos colores de plumas incluso algunos provenientes del trópico a alimentarse, otros a tener sus crías y con un modelo de organización único que los hace entender y sin discursos ni hablar demás acerca de la sustentabilidad. Nuestra sociedad requiere de estos modelos, requiere del aprendizaje de que el modelo de progreso de nuestra sociedad es hacia la sostenibilidad.