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Política, calle y medios

Todos en mayor o menor medida están vinculados a alguna calle, ya sea donde se nació o vivió en alguna etapa importante de la vida o donde actualmente se vive. Sin embargo, hoy en día el uso político y social del término, está relacionado al como se identifica a una persona, por su vinculación y cercanía con ésta, o los barrios asociados. En palabras sencillas, lo que se busca reflejar es que si alguien tiene calle, es porque conoce mejor la realidad y no es una persona encerrada en las cúpulas o la elite.
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Por Diego Benavente Viernes 10 de Julio del 2015
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Todos en mayor o menor medida están vinculados a alguna calle, ya sea donde se nació o vivió en alguna etapa importante de la vida o donde actualmente se vive. Sin embargo, hoy en día el uso político y social del término, está relacionado al como se identifica a una persona, por su vinculación y cercanía con ésta, o los barrios asociados. En palabras sencillas, lo que se busca reflejar es que si alguien tiene calle, es porque conoce mejor la realidad y no es una persona encerrada en las cúpulas o la elite.
Sin duda es un término de moda hoy en día en las corrientes políticas. Basta escuchar lo que se teje en los corrillos capitalinos dirigenciales. Por el lado de la izquierda dura, Teillier y el PC dicen tener un pie en la calle y otro en el gobierno. Ossandón, desde la otra vereda, reclama a los cuatro vientos, que a la derecha le falta calle. Si se analiza la historia, es posible afirmar que la UP tuvo mucha calle y consigna, pero sin duda, le faltó reflexión, acuerdos y consensos.
Hoy se endiosa a la calle pero la solución a la crisis, no pasa por extremar ese proceso, no hay luz al final de ese túnel. También son necesarios y esenciales los liderazgos, que muchas veces deben contradecir a la calle y endilgar a la gente para enfrentar los desafíos más difíciles, en lugar de hacerse los lesos o refugiarse en la consigna vendedora o en cuñas golpeadoras para los medios.
La política cada vez más, vive una agenda mediatizada. Hoy los hitos públicos no los definen o instauran los políticos a nivel gobierno o en el Parlamento, ni tampoco desde la oposición, en ambos flancos los liderazgos brillan por su ausencia. El país y su agenda política, la definen y está a merced, de los “aciertos o golpes” periodísticos de los medios y comunicadores más asertivos, en una competencia por quien golpea más duro y genera más impacto. Frente a lo cual, casi todos los políticos deben salir a dar explicaciones, ojalá contra la pared y lo más acorralados posible. En resumen, los incentivos y ejemplos para la buena política desaparecen inexorablemente, pudiendo dejar a la sociedad en manos de cualquier vaivén populista.
Sin duda la influencia de los medios llegó para quedarse y ha permitido que se haga luz sobre la corrupta relación entre empresa y el financiamiento de la política. Todo lo cual, junto con la diligente actuación del Ministerio Público en los distintos casos, hace que la situación pueda ser útil para mejorar y transparentar el funcionamiento de la institucionalidad, si se sacan las lecciones pertinentes.
En este sentido y recientemente, el biólogo y Premio Nacional de Ciencias, Humberto Maturana, en un vespertino capitalino expresó, “encuentro magnífico lo que está ocurriendo, es nuestra oportunidad de volvernos respetuosos de nosotros mismos y entender que esta ética-moral no es producto de un error, es producto de un fraude sistémico, lo que la hace más grave aun”. Para agregar a renglón seguido, “si esto nos escandaliza, es maravilloso porque nos muestra que no queremos vivir así, ahí está la gran oportunidad para cambiar las cosas”.
Visto desde las regiones, como se ha expresado anteriormente en esta columna, ésta puede ser la oportunidad de ocupar los espacios y el protagonismo que el país necesita, por parte de líderes regionales sin tanta exposición mediática, pero sí con mucha calle, barrio y provincia.