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¿Quién dice que todo está perdido?

Por Juan Francisco Miranda Jueves 17 de noviembre del 2016

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Eso me pregunto cada vez que el panorama se ve gris, o cada vez que las dificultades se dejan caer. Creo que cada vez que las malas noticias abundan es importante mantener la perspectiva, no dejar de mirar al cielo, aunque sea de reojo, y por sobre todo entender que incluso en días de lluvia aparece, aunque sea difuso, un rayo de luz para provocar un arcoíris.
Quien diga que todo está mal o que está todo bien, probablemente exagera o simplemente no conoce de cerca o ha vivido de cerca la miseria o la plenitud. Todo es parte de un continuo, donde hay cabida para los buenos momentos y para los malos momentos. Las cosas pueden ser mejores y también pueden ser peores, y lo que ayer parecía certero, hoy se puede ver cuestionado.
Siempre me he preguntado cómo lo hacían los viejos navegantes, que, sin señales de GPS, ni satélites, sólo con una brújula y un compás, esperando noches despejadas para guiarse por las estrellas, viajaban por lugares desconocidos, sin certezas de volver al puerto de donde zarparon. ¿Cómo mantenían el espíritu elevado, la esperanza y la ilusión con tanta adversidad? ¿Cómo el capitán o almirante pudo mantener el liderazgo, quizás permanentemente cuestionado? No creo que Magallanes, Colón, o el Capitán Guillermos hayan navegado con una tripulación pasiva y contemplativa, en especial cuando escaseaban los alimentos, afloraban enfermedades o los temporales retrasaban la travesía. La historia está llena de hitos, fechas, lugares, pero poco se sabe de la forma en que hicieron la historia. No sabemos mucho de esos detalles que marcaron el éxito o derrota de tantos sueños o desafíos. La historia se reduce como siempre, olvidando las causas, motivaciones, deseos, y sentimientos de hombres y mujeres que quedaron en el anonimato.
La esperanza y confianza son esenciales para sobrevivir en un ambiente cambiante y cada vez menos conocido. Si seguimos a los que dicen que todo está mal y nos sumamos a la crítica sin propuesta, o si seguimos a los que enamorados de su visión dicen que todo está bien, probablemente no avanzaremos. Es necesario establecer puntos de vista comunes, aunque sean básicos, para volver a confiar, y volver a creer. Para ello se necesita perspectiva y optimismo en nosotros y en los otros, entre todos, pues a pesar de lo duro que puede ser la vida, es lo más valioso que tiene un ser humano, e intentar que sea la mejor, creo que es un buen desafío para todos.
En estos tiempos, donde no cuesta nada criticar, ofender, creerse con el poder de decir lo que se quiera sin pensar la veracidad o rigurosidad de lo que se dice, compartir o difundir lo que piensan otros, lo difícil es ser coherente en el día a día, pues es fácil defender el medio ambiente con un “me gusta”, o criticar a los políticos, empresarios, sindicalistas, y deportistas desde la comodidad de los caracteres frente a un celular o un computador. Lo difícil es comprometerse, y contribuir a hacer del pedazo de mundo en el que uno vive un lugar mucho mejor.  Esto parece fácil pero no lo es para nada, pues es fácil exigir y no exigirse, es fácil ver el error en el otro y no en uno, y más fácil aun es no hacer nada y que sean otros lo que se arriesguen, se esfuercen, y asuman los costos. Lamentablemente en los temas sociales, la sociedad de consumo nos ha ido acostumbrando a esperar ofertas o liquidaciones para poder ganar, o vivir a crédito con el esfuerzo de otros.
En este panorama quizás medio confuso y adverso, sostengo que no todo está perdido, pues hay una mayoría silenciosa que hace el costo, que tiene una actitud de lucha frente a la vida, que sale temprano a trabajar y que llega tarde a descansar, y que todo lo hace por su familia. Una mayoría consciente de que todo no partió ayer, que quiere volver a confiar y creer, y que espera paz social y oportunidades para salir adelante.