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Salgo a caminar

Por Diego Benavente Viernes 13 de Octubre del 2017

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Todos los días del año, desde mi edad escolar básica hasta la universidad en Concepción, he caminado, primero al colegio, luego a la universidad y posteriormente al trabajo, salvo cuando las inclemencias del tiempo me lo han impedido, léase una lluvia copiosa, ya que una suave garuga permite perfectamente la caminata diaria. En la capital penquista desde muy pequeño me iba por la avenida Roosvelt y luego por Chacabuco, ida y vuelta al colegio alemán, pensar en pagar movilización diaria para una familia de diez hermanos, en aquella época era inalcanzable, por lo tanto obligado a echar mano a la caminata diaria.
Posteriormente trasladado a la ciudad de Temuco, repetí la rutina diaria hacia el trabajo que quedaba en el sector de la Plaza de Armas. Aquí me resultaba curioso ver cómo en la ruta escogida al trabajo varios amigos al verme en la caminata, me tocaban la bocina y se detenían gentilmente a ofrecer llevarme. En un principio, les acepté para no ser descortés y, una vez arriba del auto me daba a la tarea de explicarles que esta dinámica de caminante, era mi ejercicio diario para mantener un estado físico mínimo y por ende, esta sería la primera y única vez en que aceptaría ser trasladado. Todo lo cual era para compensar en parte el entrenamiento exhaustivo de jugador de Rugby, ya que dejé de practicarlo al venirnos a vivir a Temuco con mi familia.
En la actualidad, cuando uno que otro amigo o conocido ofrece llevarme, sólo gesticulo sacando músculo con el brazo y con la otra mano indico con los dedos el gesto de caminar. El lenguaje de señas es infalible y después de un cordial saludo a la distancia, entienden y siguen su marcha en automóvil. Esto ocurría fundamentalmente cuando ca-minaba al centro hace varios años por la Avenida Alemania en el mismo sentido del flujo, ya que posteriormente dado el bullicio de la transitada arteria, busqué como alternativa la Avenida Holandesa. Gran descubrimiento gran, apareció la tranquilidad como acompañante. Costó el cambio ya que los estímulos permanentes del mayor tránsito, con bocinazos, frenazos y aceleramientos ruidosos, hacen parecer que el tiempo corre más rápido. Las dos rutas tienen prácticamente la misma distancia y por la vía tranquila, parecía más largo el trayecto, sin embargo en metros y medido el tiempo en segundos, siempre han sido muy iguales. No sería de extrañar, que la relatividad de Einstein tuviera algo que ver en todo este cuento, al menos este físico la lleva en nuestro desarrollo evolutivo.
El caminar en calma es una muy buena terapia, cuesta un poco porque estamos acostumbrados a estar siempre en tensión, incluso a veces pareciera que lo buscamos para sentirnos ON y no en OFF. Además sirve para reflexionar ya que hace parecer más lento el paso del tiempo, sin tanto estimulo que distraiga. Pero sin duda este proceso tiene algunas exigencias, requiere que uno sea capaz de aguantarse y aceptarse a uno mismo. Cuando salgo a caminar, como reza la canción, es imposible evitar el encontrarse con uno mismo y puchas que es útil cuando uno le agarra el gustito. Como decía, hace ya algunos años en un comercial Edson Beiruth, se la recomiendo amigo.