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Salmones y sustentabilidad

Por Gabriel Boric Martes 27 de Septiembre del 2016

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Hace unos días se produjo un importante incremento de muerte de salmones en Ultima Esperanza. Los centros de cultivo de Bahía Ladrillero (Acuimag) y Morgan (Australis) aumentaron sus pérdidas desde los 200 salmones diarios hasta los 3.000. Si bien se informa que los niveles de mortandad ya han descendido y que los salmones muertos han sido tratados según los protocolos establecidos, el tema de fondo es la real sustentabilidad de esta industria instalada en nuestras aguas. Según la Subsecretaría de Pesca el 53% de los centros de cultivo de salmones en nuestra región presentan falta de oxígeno en el agua. Este es un indicio claro de la sobrecarga a la que la industria salmonícola está sometiendo a los hábitats marinos donde se ha instalado. Sernapesca reconoce como probable causa de la reciente mortandad la floración de algas, fenómeno alimentado por el exceso de compuestos provenientes de las proteínas de carne y de las fecas que van saturando progresivamente la columna de agua.
A esto se suma la reciente fuga de 20 mil salmones de Nova Austral en Capitán Aracena, la escasa capacidad de fiscalización de Sernapesca -tiene ocho funcionarios para toda la región, alcanzando un promedio inferior a 2 fiscalizaciones anuales por centro- y nuestra insuficiente institucionalidad medioambiental, que hace poco aprobó el proyecto de reutilización de desechos de salmón desde el río Hollemberg.
Como oficina parlamentaria estamos fiscalizando a la industria y hemos expuesto estos antecedentes en foros públicos con organizaciones de todo tipo. Luego de varios meses de trabajo con la comunidad, proponemos las siguientes medidas:
Detener el otorgamiento de concesiones, a través de una moratoria, hasta que exista un estudio sobre la capacidad de carga que los distintos sectores de la región tiene, para albergar concesiones de salmonicultura sin poner en riesgo nuestros ecosistemas marinos.
Dotar a SernaPesca y a la Armada de capacidad real de fiscalización. Para esto se requieren mayores recursos, facultades y autonomía.
Adaptar de la normativa a las realidades locales. Magallanes posee condiciones climáticas, geográficas y ecosistémicas muy particulares, que la regulación actual no considera.
Mejorar de las condiciones laborales, tanto de seguridad como de bienestar.
Incrementar el monto que se paga por las patentes de acuicultura y las comerciales, estableciendo la obligación del pago de estas últimas en la comuna donde se encuentran los centros de cultivo.
Sólo abriendo esta discusión a la comunidad magallánica y asumiendo que tenemos un problema en la región podremos proteger nuestro hábitat. Nuestra naturaleza puede ser nuestro sostén como región si somos capaces de aprovecharla sin destruirla en el proceso. Pero eso sólo dependerá de nosotros y de lo atentos que estemos a lo que sucede en nuestro entorno. Si no lo hacemos a tiempo, basta ver lo que ha sucedido en Chiloé, donde una industria desregulada ha puesto en serio peligro a una comunidad y su cultura. Es nuestra responsabilidad para con las próximas generaciones.