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Si el Whatsapp suena … es porque tragedias trae

Lo sucedido la semana pasada con el falso whatsapp que desató la locura colectiva de llenar los estanques debido a un supuesto desabastecimiento de combustible, nos lleva una vez más a la reflexión que las redes sociales han cambiado nuestra forma de comunicarnos, aunque con una transformación más orientada a lo masivo que a lo actitudinal propiamente tal. La vieja costumbre de escuchar rumores sin molestarse en corroborar la fuente inicial, además de agregar “de la propia cosecha”, hacen una mezcla explosiva y distorsionadora de la realidad, acomodada a la necesidad de poseer y divulgar una información que nos haría reaccionar de manera ágil y eficiente frente al dinamismo que nos rodea. Lo que antes se podía dar en una sala de clases o una oficina, con el típico “escuchaste que parece que …”, ahora se observó a nivel masivo en Santiago, donde las bencineras duplicaron en pocas horas las ventas de todo un día. Las filas interminables de vehículos llenando sus estanques tenían tan contentos como agotados a los sorprendidos bomberos, los que no habían recibido ninguna noticia oficial acerca de un posible desabastecimiento.
[…]

Por Eduardo Pino Viernes 17 de Julio del 2015
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Lo sucedido la semana pasada con el falso whatsapp que desató la locura colectiva de llenar los estanques debido a un supuesto desabastecimiento de combustible, nos lleva una vez más a la reflexión que las redes sociales han cambiado nuestra forma de comunicarnos, aunque con una transformación más orientada a lo masivo que a lo actitudinal propiamente tal. La vieja costumbre de escuchar rumores sin molestarse en corroborar la fuente inicial, además de agregar “de la propia cosecha”, hacen una mezcla explosiva y distorsionadora de la realidad, acomodada a la necesidad de poseer y divulgar una información que nos haría reaccionar de manera ágil y eficiente frente al dinamismo que nos rodea. Lo que antes se podía dar en una sala de clases o una oficina, con el típico “escuchaste que parece que …”, ahora se observó a nivel masivo en Santiago, donde las bencineras duplicaron en pocas horas las ventas de todo un día. Las filas interminables de vehículos llenando sus estanques tenían tan contentos como agotados a los sorprendidos bomberos, los que no habían recibido ninguna noticia oficial acerca de un posible desabastecimiento.

Si bien había un conflicto de fondo entre los camioneros que transportan la peligrosa carga y la empresa Copec, éste se encontraba lejos aún de concretarse en una huelga que traería consecuencias apocalípticas, como lo comprobarían al día siguiente los atribulados conductores que demoraron hasta dos e incluso tres horas en “aperarse” del preciado líquido.

En whatsapp bastó que surgieran algunos mensajes con el típico “un amigo de un amigo que conoce a…” para que se viralizaran sin control por las redes sociales, provocando una psicosis que aún tiene sorprendidos a los especialistas en fenómenos sociológicos y comunicacionales.

Recuerdo hace años que el periodista de TVN Mauricio Bustamante pasaba colgado de su twitter cuando se encontraba en pantalla, dando primicias a gran velocidad de las colaboraciones que le llegaban de sus seguidores. Cuando fue el terremoto en Haití, se apresuró en comunicar al aire la muerte de la esposa del agregado militar chileno en ese lugar, la que se encontraba desaparecida. Afortunadamente fue un twitt falso, por lo que Bustamante tuvo que desmentir su poco atinada primicia. Desde esa vez el periodista ha sido más cauto en el manejo de esta herramienta comunicacional, comprendiendo la peligrosidad de este “juguete” si desea mantener la credibilidad de su imagen, la que en mi opinión ha logrado siendo actualmente el twittero más influyente a nivel nacional. Para que hablar del bochorno sufrido por Francisco Sagredo cuando se apresuró en dar a conocer en vivo la primicia de una bombástica contratación del club de la Universidad Católica, comprobando posteriormente que sólo fue una broma de un hincha que se “autopromocionaba”. Más allá del “troleo” acostumbrado en las redes sociales, este hecho contribuyó, entre otros, a su salida de TVN.

Lo vivido la semana pasada nos lleva a la reflexión de varios aspectos: el poder creciente de las redes sociales, la tendencia de las personas a prestar atención a “cualquier” información que se encuentre dando vueltas, atribuyendo veracidad si es que se ha viralizado, ratificando la crisis de confianza en las autoridades formales. Por eso, más que nunca, debemos estar atentos a filtrar la información que nos llega, comprobar su origen y hacer el esfuerzo de creer en las fuentes formales, compartiendo y dialogando nuestros puntos de vista. Esto trae como desafío a quienes ostentan el poder de reaccionar a tiempo y estar alertas frente a las necesidades de las personas, pues “hacer oídos sordos” pudo haber servido en el pasado, pero la tecnología ha contribuido al empoderamiento popular que da la instantaneidad de las redes. Curiosamente estas redes sociales masivas que pretenden comunicar y unir, la mayoría de las veces carecen de una escucha activa y una actitud reflexiva, manipulando la información con fines particulares. Hay que estar atentos, pero con cautela, pues como me comentó un amigo: “por más smartphones que sean, no pueden los teléfonos ser más inteligentes que sus propios dueños”