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Somos naturaleza

Por Alfredo Soto Martes 24 de Mayo del 2016
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Hoy somos testigos de cómo se refleja nuestra debilidad ante las acciones y políticas ambientales en nuestro país, con una “telenovela” de búsqueda de culpables, cacería de “brujas” y aprovechamientos oportunistas de índole políticos y partidistas y la “cuestión” está abierta a nuestros ojos de cómo la naturaleza “vomita” en las costas, nuestra pobreza y desconocimiento cultural y de cómo debemos enfrentar los temas ambientales que ya no son situaciones locales sino problemas que inciden en uno y otros puntos de nuestra geografía. Somos naturaleza y precisamos urgente de educar a nuestra población.
Es importante advertir, no obstante, que un trabajo pedagógico requiere de tiempo y dedicación, debemos afirmarnos en la idea clara de considerar a la naturaleza como un recurso educativo. Diríamos que, si la sociedad occidental de nuestra era consideró los bienes naturales como algo que está ahí “para ser explotado”, esa misma filosofía es la que ha venido inspirando las prácticas docentes: explotar la naturaleza como una fuente educativa.
En las últimas décadas de nuestra historia advertimos un cambio profundo en la percepción de las relaciones entre sociedad y naturaleza. La explosión demográfica; la conciencia de que el desarrollo económico no siempre ha supuesto beneficios para el conjunto de la humanidad, sino que, en muchas ocasiones, ha desencadenado alteraciones ecológicas de graves consecuencias; la previsión de un futuro incierto con enormes problemas de contaminación, agotamiento de recursos no renovables, etc.; todo ello ha provocado una toma de conciencia generalizada de que el camino emprendido por la sociedad y, concretamente el modo en que se han enfocado las relaciones de los seres humanos con el medio que los sustenta (al considerar la naturaleza como infinita e inagotable), es algo que debe ser replanteado, si queremos ofrecer un futuro en equilibrio a las generaciones que nos van a suceder.
Ello va aparejado con una generalización y divulgación de la problemática ambiental que, a través de los medios de comunicación, se convierte en un hecho más de la cotidianeidad de las personas. La cuestión ambiental ya no es sólo científica, sino política y social. Ya no compete a una minoría: es el patrimonio cotidiano de toda la humanidad. De este modo, una nueva percepción del tema ambiental se va abriendo paso. Los hombres y mujeres de nuestra época ya no pueden entenderse a sí mismos como el centro de un planeta que gobiernan a su antojo, pues se ha demostrado que ese planeta tiene en sí mismo su propia dinámica de funcionamiento, que mantiene un equilibrio sistémico y dinámico y que cualquier alteración notable o irreversible en una de sus partes repercute sobre todos los demás componentes del sistema, entre ellos, la humanidad misma.
Se pone así en cuestión la larga tradición antropocéntrica que ha marcado nuestra historia. Por primera vez, la humanidad “dominadora”, la sociedad que “explota los recursos”, se replantea su propia identidad dentro de ese inmenso mecanismo de interacciones que es la Biosfera.
Hoy, ante la amenaza a nuestra propia supervivencia como especie, una nueva concepción filosófica intenta abrirse paso: los seres humanos han de reajustar su papel en el planeta, modificando su propia percepción de sí mismos. Ya no es posible seguir percibiéndose como depredadores ni tan siquiera como “tutores”, que “cuidan” de la naturaleza para que ésta no se altere. Más allá de posiciones paternalistas de una u otra índole, más allá de la visión última de que la Tierra gira en torno a nuestras voluntades, está el abandono de nuestro antropocentrismo secular.