Necrológicas
  • Norma Lidia Ojeda Santana
  • Ricardo Bravo Palma
  • María Cristina Mancilla Gómez
  • Ricardo “Lumpi” Bórquez Schultz
  • Dina Gómez Alba

Soy centenario

Por José Luis Saavedra Jueves 12 de Mayo del 2016

Compartir esta noticia
66
Visitas

Voy a cumplir cien años o un siglo, harto tiempo ha pasado en mi vida, mucho que contar, demasiado que escribir y relatar. Miro a mi retrovisor imaginario y veo hartas escenas para no olvidar y otras para no recordar. Sin embargo, quiero decir, lo que echo de menos, lo que extraño, es cuando voy a un mall y leo con dificultad tiré en la puerta de entrada, me da ganas de volver a tener ochenta menos. Miro, la otra puerta que dice salida, y me siento más identificado con ella. Debo reconocer que los centros comerciales o mall me fascinan. Se parecen a mí en lo grandes que son, como mi orgullo y ambición. Me encanta el patio de comida, ya el nombre me gusta, me recuerda al patio trasero de mi casa, donde acumulo basura. Paradójicamente, me gusta comer comida rápida, pero me demoro una eternidad en digerirla.
Al mall, que yo le diría MAL-L y no le pronunciaría como moll; reconozco que voy al centro comercial por la librería, ya que me gusta leer. Leo de todo desde las letras de un separador de libro hasta una enciclopedia. Me dedico igualmente a escribir; en mi siglo de vida he participado en miles de concursos, no exagero y nunca gano nada. Siempre el jurado me dice gracias por participar, pero no triunfo, no llego al primer lugar. Tropas de envidiosos. Debo reconocer que eso me frustró en mi vida, pero sigo escribiendo lo estoy haciendo ahora. Hasta mi lápida tendrá mis palabras que dirán “AQUI ESTA EL GRAN ESCRITOR” y la gente se preguntará ¿Neruda, Bolaño, Donoso? Y un viejo sordo responderá – Sí hoy amaneció nebuloso. Ni en el cementerio mis palabras se  interpretarán adecuadamente. Prefiero que me piensen que soy el antipoeta Parra, que es irreverente, deslenguado, directo y también centenario.
La verdad, recorro el mall, porque me gusta vitrinear, no compro nada, ya que todo lo adquiero en forma digital. Soy viejo, pero no un tonto electrónico. Tengo twitter, whatsapp, instagram, Facebook. Publiqué el otro día unas estupideces. Por ejemplo, ¿Saben cuál es la once preferida de un político? café con hartas facturas. ¿Y el deporte preferido de un gordo? La pichanga. ¿El dulce más alemán? Berlín y saben ¿Cuál es la once de un pobre? Calzones rotos y con abundante chan-caca. Subía además unas fotos cochinas, era por cierto, mi taza del baño, nada que envidiar al inodoro del mall. Subía igual un video de la misma taza, pero esta vez, hice correr el agua para que se viera con efectos.  Tuve miles me gusta, un éxito en redes sociales. A esta edad uno se pone ocioso. Mitad occipucio y oso. Y también tarupido. Mitad tarado y estúpido. Para vivir cien años, sugiero que tener sentido del humor, no conozco ningún amargado que se acerque a ser centenario. Lo bueno, que uno, pasado a gladiolo, uno puede hacer y decir lo que quieras, la sociedad te lo tolera todo, la mejor época de mi vida. Como dice el dicho, no hay mal que dure cien años, ni cuerpo que lo aguante (lo dijo un picado que vivió cincuenta). La vida es entretenida y muy interesante, para qué vivirla brevemente; mejor es llegar a ser un centenario.