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Testigo privilegiado

Por Jorge Abasolo Lunes 11 de Septiembre del 2017

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No es político pero ha conocido a Jefes de Estado, ministros, parlamentarios y gente que habita en la trastienda del poder y una algarada de personajes de esos condenados a pasar a la historia.
Me refiero a Orlando Sáenz, autor del libro “Testigo Privilegiado” (Erasmo Ediciones, 350 páginas) donde con prosa dinámica nos entretiene de punta a rabo.
Crítico severo del gobierno de la Unidad Popular, el autor deja entrever que lo malo del sistema socialista es que cuando la gente aprende a apoyarse mutuamente, el individuo muy pronto está demasiado débil para mantenerse de pie.
Apoyó la dictadura de Pinochet con entusiasmo digno de mejor causa, pero a poco andar le pasó lo mismo que a aquel piojo que se quiso dar un festín en la cabellera de un hombre que…¡usaba peluca!
Se decepcionó.
“Testigo privilegiado” es un libro cuajado de anécdotas. Vaya una de tantas como primicia: en cierta ocasión Salvador Allende -a la sazón, presidente de nuestro aporreado Chilito- invitó a Orlando Sáenz (ya presidente de la Sofofa) a su casa de Tomás Moro. Era un Chile donde ya se gritaba con pasión e insolencia, pero cuando aún el diálogo se negaba a morir.
En un momento dado, Allende le preguntó a Sáenz cuál de los cuadros que estaban colgados en el comedor le gustaba más. Don Orlando le indicó uno que estaba a sus espaldas, a lo que el “Chicho” Allende retrucó:
– “Ese es el cuadro favorito de Carlos Altamirano. ¡Por fin encuentro algo en común entre el presidente de la Sofofa y mi rabioso amigo Carlos”.
Sus diálogos con Henry Kissinger, Juan Domingo Perón, Mario Benedetti o George Busch hay que leerlos… y releerlos. No hacerlo equivale a viajar a Egipto y saltarse las pirámides.
Lo que cuenta de su estadía en la India es un poco trágico, pues se trata de un país donde el que no es pobre está en vías de serlo. Por esas latitudes el que come dos veces al día pasa a la categoría de rico o poderoso. Y quien come las cuatro comidas diarias…o es extranjero, turista…o extraterrestre.
La chanza que relata de Jaime Guzmán merece acápite aparte. En plena Unidad Popular, Jaime Guzmán solía reunirse con Orlando Sáenz, pero siempre llegaba atrasado a esas citas, pues Guzmán viajaba en micro.
Sáenz se compadeció de Jaime y le regaló una Citroneta… y hasta le puso chofer.
Pero Jaime siguió llegando atrasado a las reuniones. Cuando Sáenz le pidió una explicación, la respuesta del líder gremialista fue tan franca como histriónica:
– Es que me da vergüenza andar en Citroneta…¡y con chofer!
“Testigo privilegiado” es un libro que hay que leer, para los que gustamos de la historia. Trajinando sus páginas se me vino a la mente la frase de ese pelucón taciturno y genial llamado Mark Twain: “The book that does not support two readings does not reserve to be red” (el libro que no soporta dos lecturas, no merece ninguna).
Se los digo yo, que lo estoy leyendo por tercera vez.