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Un golpe a la memoria: la muerte de Martín Miranda

Por Ramón Arriagada Miércoles 11 de Mayo del 2016

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Estando en mis manos los expedientes judiciales sobre los desgraciados sucesos que acontecieron en Puerto Natales el 23 de enero de 1919, inicié el trabajo de organizar el relato para llevar a los lectores el libro “La Rebelión de los Tirapiedras. Puerto Natales 1919”. Desde aquellos añosos documentos, intocados y escondidos en los profundos subterráneos del Archivo Nacional, comenzaron a emerger las identidades de muchos protagonistas de esa gesta pueblerina.

Me alegró la idea de poder rescatar para la memoria de nuestra comunidad las identidades de muchos de sus antepasados; actores fundamentales de aquellos años de fundaciones y  desencuentros. Lo que en su momento fue un estallido social en la búsqueda de condiciones mínimas de sobrevivencia en esta parte ignorada de la Patagonia Profunda, la pasión de los hombres la transformó en un  hecho de fuertes connotaciones políticas. Partí del supuesto que los perdedores, los que se quedaron en Puerto Natales y siguieron gestando nuevos brotes de descendencia, habían dejado alguna huella en sus continuadores. 

Craso error. Fue decepcionante descubrir como los descendientes -de aquellos que pasaron momentos difíciles producto de la fractura social de aquel lejano 1919- desconocían absolutamente el protagonismo de sus antepasados. Llegué a la conclusión de lo difícil que es generar en los pueblos memoria histórica. Se impone la aspiración individual de seguir viviendo con fortaleza y equilibrio emocional, controlando de manera exitosa todos los miedos.  Reafirmar aquello, yo soy más que mis cicatrices.

Comprobé el fuerte impacto que tuvo entre nosotros, la información de este diario, sobre la muerte del carpintero Martín Gustavo Miranda Aguilar, fallecido el 23 de diciembre de 1976 en el hospital de nuestra ciudad. La muerte fue producto de la aplicación de tormentos por parte de funcionarios de Carabineros, agentes del Estado, quienes se ensañaron con el  torturado por su militancia socialista.

Quienes tuvieron acceso al expediente judicial, señalan que el martirio de Miranda antes de morir, no habría sido conocido en nuestros días,  si de por medio no hubiese existido la confirmación médico forense de la causa de muerte por un feroz maltrato. Esta confirmación fue entregada en diciembre de 1976, por el operador del equipo de rayos X, José Luis González, del legista doctor Remigio Sapunar (QEPD) y los médicos que trataron de salvarle la vida operándolo, doctor Julio Reyes y doctor Augusto Essmann (QEPD). La ministra a cargo del caso, Marta Jimena Pinto, ha cumplido en forma meritoria esta función de esclarecimiento, deteniendo y procesando a un sargento en retiro de Carabineros.

Muchos de quienes legitimaron por razones de venganza política la actuación de los represores de aquellos años, hoy al enfrentarse con la memoria histórica, se preguntan con cierto remordimiento, el porqué del martirio y la ferocidad contra un enemigo desarmado y derrotado. Una hija de Miranda confiesa “nuestra vida en esos largos cuarenta años  ha sido triste y penosa”. Luego de la muerte de su padre, la hija recuerda que su madre no quiso saber nada más del tema por temor a que le ocurriera lo mismo a unos de sus hijos en pleno gobierno militar, continúa la notable crónica de Gabriel Leiva sobre el caso.

Al finalizar, creo firmemente que nos ha servido este golpe a la memoria, porque es sabido que un pueblo sin memoria, está condenado a repetir sus errores.