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Una hermosa historia de misericordia

Por Marcos Buvinic Domingo 8 de Mayo del 2016

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Hace unos meses tuve ocasión de leer un texto que comentaba un pasaje del conocido escritor austriaco, Stefan Zweig, en su obra “Tiempo y mundo”, donde trae una preciosa historia de misericordia que tiene al filósofo alemán Friedrich Nietzsche como a uno de sus protagonistas, aunque -en realidad- la gran protagonista es Franziska Oehler, la madre de Nietzsche.
Para apreciar mejor la historia que recogemos, tengamos presente que Nietzsche es llamado “el filósofo de la muerte de Dios y del nacimiento del superhombre”. La muerte de Dios conducirá -según Nietzsche- no sólo al rechazo de la creencia en un orden superior, sino también al rechazo de los valores absolutos y -por tanto- de una ley moral universal. En esta situación, el prototipo del ser humano ideal es el que Nietzsche llama “el superhombre”: la persona capaz de crear su propio sistema de valores, en que lo bueno es lo que nace de su voluntad de poder.
Nietzsche, que era hijo de un pastor luterano y de una madre piadosa, pensaba que el cristianismo era la religión de los débiles, y por esa razón sostenía que los valores representados por el cristianismo someten a las personas a una “moralidad de esclavos” marcada por un estado de resignación y conformismo hacia todo lo que sucede a su alrededor.
Pero, vamos a la prometida historia de misericordia, la cual es bien corta y sencilla, y está inspirada en las cartas que la madre de Nietzsche escribía a un amigo, donde cuenta la enfermedad mental del filósofo y su abandono por todos, excepto por su madre. En 1890, ella va a recogerlo a la clínica psiquiátrica donde Nietzsche estaba internado e intentaban curarlo de su demencia. Franziska, su madre, logra convencer a los médicos para que le dejen llevar a su casa al hijo que, en razón de sus pensamientos, se había alejado de la casa paterna.
Stefan Zweig describe la relación de la madre y el hijo con palabras llenas de ternura: “y ahora se ve, de vez en cuando, a una anciana guiar por las calles y dar prolongados paseos por la ciudad con el filósofo demente, que parece un oso grande y torpe”. Es el poder del amor y la misericordia: “una -escribe Franziska- debe tener paciencia y confiar en la gracia y misericordia de Dios, que no nos abandona”. Así, sigue Zweig, “la madre sigue cumpliendo con fidelidad su cotidiano servicio, le alimenta con bocadillos de jamón y le acaricia las mejillas”. Franziska siguió cuidando a su hijo enfermo hasta que ella falleció, siendo relevada por su hija Elisabeth, que cuidó a su hermano demente hasta el año 1900, en que Friedrich Nietzsche murió.
Resulta conmovedor ver al padre de la filosofía de la muerte de Dios y del hombre que todo lo puede (superhombre), uno de los personajes poderosos en el mundo contemporáneo en lo que a la influencia de su pensamiento se refiere, al final de su vida sostenido -simplemente y hermosamente- por el poder de la misericordia.
El Papa Francisco ha invitado a todos los cristianos y personas de buena voluntad a vivir este “Año de la Misericordia” como una respuesta a una de las necesidades más hondas de nuestro mundo que, al mismo tiempo está lleno de historias de misericordia que nos hacen presente que ella es “el otro nombre de Dios”, como el Papa nos ha recordado.