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Vecinos ¿ahora amigos?

Cincuenta y cuatro años de distanciamiento no se borran de una plumada. En el caso de Cuba y Estados Unidos, en este largo medio siglo ha habido gestos airados, descalificaciones compartidas, una invasión frustrada (Bahía Cochinos) y un agudo momento de tensión que pudo llevar a la Tercera Guerra Mundial en 1962.
[…]

Por Abraham Santibáñez Sábado 4 de Julio del 2015

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Cincuenta y cuatro años de distanciamiento no se borran de una plumada. En el caso de Cuba y Estados Unidos, en este largo medio siglo ha habido gestos airados, descalificaciones compartidas, una invasión frustrada (Bahía Cochinos) y un agudo momento de tensión que pudo llevar a la Tercera Guerra Mundial en 1962.
En forma paralela, el embargo decretado por las autoridades norteamericanas, ha sido el omnipresente obstáculo para cualquier acercamiento. Desde octubre de 1969 hasta ahora esta medida sigue vigente con un costo social, turístico y comercial imposible de evaluar.
Decenas de episodios menores aunque igualmente dramáticos  han marcado estas décadas: los “balseros”; la salida masiva de cubanos desde Mariel; el caso de Elián González (hace quince años) devuelto a Cuba pese a la protesta de sus parientes en Miami; los “héroes cubanos” detenidos en Estados Unidos como espías; el protagonismo de la bloguera Yoani Sánchez y otros, han dejado una huella profunda que no será fácil borrar.
¿O a lo mejor no es tan difícil?
El Presidente Obama es optimista. A comienzos de mes anunció que “el Secretario de Estado, John Kerry, viajará a La Habana para volver a izar con orgullo nuestra bandera”.
Los propios cubanos han reaccionado sobriamente. En el diario Granma el especialista Sergio Alejandro Gómez expresó lo que debe ser un sentimiento generalizado: “Los vínculos diplomáticos entre Cuba y Estados Unidos no tienen referentes sólidos en más de un siglo de historia… pero el cumplimento de los principios básicos del comportamiento de las naciones pueden ayudar a sentar las bases para avanzar en ese largo y complejo camino hacia la normalización de las relaciones”.
La falta de relaciones diplomáticas entre dos países por tantos años no es frecuente. Desde el comienzo de la historia, las naciones se han esforzado por mantener vínculos formales con sus vecinos y el resto del mundo. Era la manera de evitar sorpresas en una época de fronteras no bien definidas o de groseras ambiciones territoriales. Pero, sobre todo, ha sido la manera de garantizar el intercambio de bienes y servicios y mejorar las relaciones a todo nivel. Desde la cultura al deporte.
Históricamente, Chile ha tratado de ampliar y mejorar sus relaciones con todo el mundo. Hoy, sin embargo, no hay relaciones normales con Bolivia. Paradojalmente, durante la dictadura, mientras la mayoría de los países de la órbita soviética cortó relaciones con nuestro país, se mantuvieron abiertas las embajadas chilenas en Beijing y de China en Santiago.
No imaginábamos la importancia económica y cultural de esta determinación de dos regímenes ideológicamente muy distintos… y distantes.