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Violencia hacia la mujer: superando los límites del horror

Por Eduardo Pino Viernes 20 de Mayo del 2016

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El caso de Nabila Riffo viene a remecer de manera terrible el quehacer noticioso de los últimos días, pues ni el peor guión de historias de terror se aproxima al vejamen que le infringió su pareja, Mauricio Ortega, el que por estos días se encuentra en prisión preventiva al ser formalizado por femecidio frustrado. Resulta casi imposible no relacionar esta tragedia con la traumática experiencia vivida por la magallánica Carola Barría, cuando Juan Ruiz le arranca los ojos como corolario de una historia de violencia y desconfianza incontrolable, que además cobró la vida de otras personas. Esta situación acontecida en 2013 y tan cercana a los habitantes de nuestra ciudad, muestra este macabro denominador de los maltratadores de dejar una terrible herencia en sus parejas de desfiguración y desvalimiento al arrancar los órganos oculares, todo un simbolismo para saciar un enfermizo trastorno celotípico.
En el caso de Aysén ya existía una amenaza de muerte hacia Nabila Riffo, cuando en junio Ortega ingresó violentamente a su hogar portando un hacha. Aunque Nabila no recurrió a la justicia, su familia sí lo hizo, denunciando maltrato reiterado. Si bien el agresor acudió al “Centro de hombres contra la violencia”, no se hizo mayor seguimiento debido a que la víctima no fue la que personalmente interpusiera de denuncia.
Otro aspecto que entrega mayor dramatismo es que un joven de 17 años fue testigo del hecho, ya que por una ventana observó cuando el hombre golpeaba reiteradamente la cabeza de su mujer. Al igual que otras personas que escucharon los gritos de la mujer, no hizo nada.
A diferencia de otros casos de femicidio o maltrato, la comunidad de Coyhaique se ha manifestado masivamente ante este abuso, indignada con una acción que no tiene ninguna explicación ni menos excusa. Algo que mitiga, al menos en parte, la sensación que cada vez la capacidad de asombro parece subir sus umbrales.
Si bien los celos son una parte inherente del amor, la patología celotípica se caracteriza por el fondo obsesivo de su funcionamiento. La permanente inquietud se transforma en angustia, justificada en un pensamiento que confunde aspectos objetivos de la realidad con una ideación fantasiosa que se vuelve peligrosa y fatídicamente real. Esta creación, lejos de resultar neutral, estará teñida con una fuerte tendencia que todos los comportamientos de la pareja son justificados por un engaño o la necesidad de buscar a otra persona, denostando al afectado en su dignidad. Estos son peligrosos ingredientes que se potencian en el tiempo, apoderándose cada vez más del funcionamiento del sujeto, y que de tanto en tanto desatan estos lamentables hechos, muchas veces gatillados por el consumo de alcohol y drogas, que contribuyen a la desinhibición de las pasiones más oscuras, con un estado de conciencia incapaz de evaluar efectivamente los actos.
Surgen muchas preguntas acerca de este fenómeno y la desgraciada inminencia que se seguirán repitiendo estas desgracias: ¿cualquier hombre puede llegar a cometer estos abominables hechos?, ¿le faculta la ley al sistema judicial mayor efectividad para la toma de decisiones?, ¿se preocupa el Estado del seguimiento y tratamiento de los potenciales agresores?, ¿tienen efecto sobre estos maltratadores las marchas o intervenciones urbanas que observamos cada cierto tiempo?
Seguirá la discusión entre especialistas que ante lo multifactorial del fenómeno, algunos se inclinen por la mayor incidencia del factor sociológico y la importancia del ambiente para educar la igualdad de derechos para bajar los indicadores del machismo, mientras que otros expresen que estos casos dramáticos serán inevitables debido a los rasgos psicopáticos que una cantidad de sujetos presentará. Más allá de esto, queda la sensación que algo más debe hacerse.