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Woody Allen

Woody Allen ha vuelto al mundo de los libros. Sabe que con un lápiz es tan peligroso que un contador de Soquimich. El judío talentoso que ha sabido aprovechar el arribismo neurótico del neoyorquino no quiere llegar a viejo sin forjar un proyecto nuevo. Allen es inteligente y se encarga de que magnifiquen esta idea que él tiene de sí mismo. Pero el hombre es ingenioso, dice verdades y sabe ganar plata. De rostro atrabiliario y mentalidad recoleta, este petiso ha retornado con un libro de título simple pero decidor: “Pura Anarquía”. ¿Qué tal?
[…]

Por Jorge Abasolo Lunes 17 de Agosto del 2015

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Woody Allen ha vuelto al mundo de los libros. Sabe que con un lápiz es tan peligroso que un contador de Soquimich. El judío talentoso que ha sabido aprovechar el arribismo neurótico del neoyorquino no quiere llegar a viejo sin forjar un proyecto nuevo. Allen es inteligente y se encarga de que magnifiquen esta idea que él tiene de sí mismo. Pero el hombre es ingenioso, dice verdades y sabe ganar plata. De rostro atrabiliario y mentalidad recoleta, este petiso ha retornado con un libro de título simple pero decidor: “Pura Anarquía”. ¿Qué tal?
No gran cosa ha cambiado el comediante que debutó en eso que los siúticos llaman séptimo arte, allá por el año 1969 con el filme “Robó, huyó y lo pescaron”, que nada tiene que ver con una supuesta biografía de Sebastián Dávalos Bachelet o algún político de país subdesarrollado. En lo personal me quedo con el Allen de antaño, el que condimentaba los diálogos de sus películas con chistes de absurdo Ionesquiano. ¿Se acuerdan de éste?
-“No solamente Dios no existe. Traten de encontrar un gásfiter un día domingo”.
Fue a inicios de los años 50 que Allan Stewart Konigsberg -con 18 años de edad- logró convencer a los columnistas del “Daily Mirror” y del “New York Post” que los chistes que escribía eran buenos y merecían ser publicados. Su humor ácido contagió de inmediato a una legión de epígonos que pronto se transformaron en sus admiradores. Aún recuerdo ese chiste que decía:
-“Eyaculo desde los 5 años. O sea, soy un eyaculador precoz”.
Su baja estatura le servía para reírse de sí mismo. Decía que era tan chico que no le cabía ni la menor duda. Otra vez señaló que él no era chico. Lo que pasa es que estaba siempre parado muy lejos. De su miopía dice que jamás se ha lamentado, porque no hay gran cosa que ver en estos tiempos de cólera, estrés, guerras y crisis internacionales y personales.
Porfiado como vasco con la caña mala, su estilo es vitriólico, casi cáustico. Parece que el mundo le desborda, le pasa por encima, lo que explica su estado anímico de angustia vitalicia. Como es un hombre atormentado por el solo hecho de existir, su humor le fluye con la facilidad del río abajo. Dirán mis lectores que sigo admirando a Woddy Allen. Por supuesto que sí. Siempre he pensado que las cosas no las vemos como son, sino que las vemos como somos. Les doy un anticipo de su último libro “Pura Anarquía”, que llegará a Chile en octubre. En uno de sus relatos, un hombre encandilado por la moda New Age decide probar suerte con la levitación. Pero antes de aprender la técnica, decide saltar al vacío para probar suerte.
De él…nunca más se supo.
Así es Allen, un tipo rebelde con y sin causa, de humor borrascoso…pero mantiene su talento.