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Club de Montaña D’Agostini y su desafío extremo en el cerro El Plomo

Por La Prensa Austral Sábado 31 de Diciembre del 2016

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Segunda expedición en sus casi tres años

Aunque estuvieron a un tris de hacer cumbre, el club magallánico no pudo vencer las increíblemente adversas condiciones climáticas que enfrentaron, llegando a los 5.100 metros de los 5.424 de la montaña ubicada en la Región Metropolitana

Texto: Marcelo Noria

Fotos: Francisco Aguirre

Al igual que el año pasado en esta fecha, el Club de Montaña D’Agostini, cumplió con uno de los objetivos fundamentales desde su fundación, en enero de 2014: realizar una expedición fuera de Magallanes y poner a prueba la preparación que han tenido durante el año, así como conocer el nivel en que se encuentran sus integrantes y hacer una evaluación para analizar futuros desafíos.

El desafío de este año era nada menos que alcanzar la cumbre del Plomo (Región Matropolitana), cuya altura es de 5.424 metros sobre el nivel del mar, otrora preciado adoratorio Incaico, famoso por el niño momificado a los 8 años para ser entregado como ofrenda hace 500 años y descubierto por aventureros buscadores de tesoros chilenos en 1954. Este hallazgo le otorgó una notoriedad extra a esta montaña, que la hizo destacar dentro del circulo de las cumbres de los Andes. Además El Plomo, gracias a sus glaciares es afluente principal del río más famoso de la Región Metropolitana, el “Mapu Chucu” (Mapocho).

Por estas razones, y según relató el guía instructor de montaña de la Feach-Enam y delegado regional de la Asociación Chilena de Guías/Instructores de Montaña y Escalada, Marcelo Noria, “se ha convertido en el sueño de todo andinista y puerta de entrada a las expediciones de alta montaña y nos recibió tras cinco meses de planificación, sueños y largas conversaciones sobre el desafío. El entrenamiento consistió, la mayor parte del tiempo en trote y trabajos específicos en escaleras del solitario estadio Fiscal, permitiendo generar una base firme y confianza en un corazón que resistiría el esfuerzo, pero siempre con una gran interrogante, ¿Cómo será nuestra aclimatación a la altitud?” recordó Noria.

José Elgueta realizó un gran trabajo abriendo ruta.

Un gigante difícil

El grupo estaba plenamente consciente de los peligros de El Plomo, que hace sufrir a los montañistas hasta hacerlos desistir del intento, debido al ‘mal de montaña’ sobre la cota 3.000. Esto se refiere a una serie de reacciones fisiológicas del cuerpo que se producen por la exposición a las bajas presiones de oxígeno que existen a gran altitud, sobre los 3.000 metros. A medida que se asciende hay una disminución progresiva de la presión atmosférica, así como menos oxígeno en el aire, cuyas bruscas disminuciones provocan importantes alteraciones que, de mantenerse durante un tiempo excesivo, pueden provocar incluso a la muerte. Por esta razón, explicó Noria, los montañeros han de someterse a un período de aclimatación cuando realizan ascensos, para que su organismo se vaya adecuando a estas bajas presiones de oxígeno.

Marcelo Noria expuso, posteriormente, cómo planificaron la aclimatación: “Es importante realizar un ascenso progresivo, hay que subir despacio, realizando periodos de aclimatación de dos a tres días a una altura determinada (empezando desde los 2.500 metros) antes de pasar la noche a una altura mayor. Hay que escalar durante el día y dormir dos noches seguidas en el campamento inferior. Se aconsejan los siguientes ritmos de ascenso: hasta los 5.000 metros ascender un promedio de 340-400 metros como máximo, a partir de los 5.000 metros y hasta los 6.000 metros, ascender 250 metros por día; y por encima de los 6.000 metros, ascender un máximo de 150-200 metros por día”.

El montañista indicó que en caso de aparecer problemas en este proceso, “hay que bajar a una cota inferior a la que se estaba aclimatada y descansar durante 24 ó 48 horas antes de reanudar el ascenso. Si los síntomas son graves, iniciar el descenso inmediatamente, siempre acompañado por otra persona”.

Inicio del desafío

“En un comienzo nos embarcamos en este nuevo rumbo siete integrantes del Club de Montaña D’Agostini. Firmemente, bajo toda condición climática se entrenaba martes y jueves, pero las pruebas más difíciles de sortear no están en la montaña, sino en las circunstancias de la vida. Así, finalmente algunos debieron resignar su participación, por razones laborales, falta de recursos o problemas personales”. De esta forma, solamente cuatro encararon la expedición.

El sol se esconde y el frío comienza a sentirse con mayor intensidad, a los 5.000 metros.

El 7 de diciembre se trasladaron vía aérea hasta Santiago. “Llegamos temprano, para tener el día de compras para la expedición, ¿dónde? ¡En la Vega y mercado central!, frutos secos, quesos, salames, plátanos y naranjas, serian parte importante de nuestra dieta por cuatro días de montaña, donde el promedio de calorías consumidas puede estar cerca de las 6.000 (en la ciudad consumimos 2.700 promedio), almorzamos en una pescadería del mercado y regresamos al hostal a ordenar el equipo. A las 20,30 horas tuvimos reuniones con los participantes, donde analizamos el pronóstico climático, hicimos revisión del equipo, cenamos y descansamos”.

Al día siguiente, José Elgueta, el cuarto participante se incorporó de madrugada. El grupo abandonó la hostal a las 8 horas, en una van, recorriendo las principales avenidas de la capital con dirección a Farellones y la Parva. Luego de dos horas de viaje llegaron a los 2.700 metros sobre el nivel del mar. “El cielo se mostraba despejado, pero algunas nubes anunciaban lo inevitable, nuestro objetivo, cargar el equipo pesado en mulas y movernos livianos hasta el campamento Piedra Numerada a los 3.300, nos tomó casi unas cinco horas de caminata en la altitud, lo cual sirvió para ir aclimatando el cuerpo”, relató Noria.

El camino al lugar de campamento representó un gran cambio para el grupo, ya que a diferencia del caluroso clima que dejaron en Santiago, en medio de la ruta comenzó a granizar y posteriormente, la nevazón se extendió por 24 horas, por lo que se inició una nueva etapa de evaluación constante.

A las 16 horas se instalaron en Piedra Numerada, donde vieron que unas 50 personas tenían sus mismas intenciones: alcanzar la cumbre de El Plomo. El grupo se instaló en sus respectivas carpas y mientras descansaban y comían, pensaron en las pocas opciones que tenían, ya que no había visibilidad de la ruta, totalmente cubierta de nieve, que por más familiar que fuera, preocupaba a la delegación magallánica. A las 21,20 horas pusieron fin al primer día.

Una hermosa vista de la luna a 5.000 metros.

El 9 de diciembre despertaron a las 7 de la mañana y se sorprendieron al ver que la nieve no había parado en toda la noche, alcanzando aproximadamente los 40 centímetros. “Tuvimos que limpiar constantemente la carpa para evitar el colapso de los parantes (varas que dan la estructura), lo cual significa dormir a intervalos. Las demás expediciones se mantuvieron en el campamento, pero nosotros fuimos evaluando durante el transcurso del día”. En ese lapso trataron de mantenerse cómodos, hidratados y evitando la hipotermia. Así, analizaron los escenarios que se les presentaron ante esas condiciones:

1.- Si terminaba el frente de mal tiempo pronto, desarmaban campamento para avanzar a zonas altas, evaluando la cantidad de nieve que encontrarían en la ruta.

2.- Quedarse en el campamento e intentar desde ahí, alcanzar al menos el refugio D’Agostini a los 4.600 metros, “ya un logro para nuestro club sería 1.300 metros de desnivel, abriendo ruta por la nieve, mucho esfuerzo y consumo de energía pero ¿cuándo regresamos? ¿Estaremos en condiciones de pasar la noche tan alto?, decisiones que debimos conversar entre todos”.

A las 17 horas, seguía nevando, por lo que la jornada se modificó y se destinó sólo a reunir energías. “Hasta este momento ninguna expedición intentó acercarse, ya que la cantidad de nieve caída intimidaba y las condiciones climáticas no mostraban mejora, por lo que permanecimos 24 horas dentro de la carpa”.

El 10 de diciembre fue el tercer día de expedición y se inició a las 6 de la mañana. “Mejoraron las condiciones climáticas, pero estábamos contra el tiempo, por lo que tomamos la opción de avanzar lo máximo posible y a medida que alcanzáramos altitud iríamos evaluando”, recordó Noria. Tras desayunar, armaron mochilas livianas (con ropa de abrigo, saco de dormir, colchoneta, piolet y crampones para el hielo, comida y agua).

A las 9 de la mañana comenzaron la marcha, calculando un día de 20 horas de trabajo en montaña. “Las primeras cuatro horas son de aproximación al campamento Federación a 4.100 metros sobre el nivel del mar. Una ruta muy nevada con alta exposición a la radiación y la refacción de los rayos, nos hacen recordar lo importante de protegerse con bloqueador, gorros, lentes y mantenerse hidratado durante la marcha”, relató Marcelo Noria.

A las 13 horas llegaron al campamento, donde comieron, descansaron y evaluaron tres aspectos: condiciones climáticas, terreno, y equipo humano.

Una hora y media después continuaron con dirección al refugio D ‘Agostini. “El ánimo estaba intacto, el cansancio latente, pero las fuerzas ya no eran de los músculos, eran del alma; en esta parte aplicamos la estrategia, un grupo de otra expedición finalmente avanzó unos metros, todo sirve”, reflexionó el montañista.

El grupo en el campamento Piedra Numerada, durante el segundo día de expedición y con 60 centímetros de nieve.

Cuando eran las 18 horas llegaron a la meta fijada, a 4.600 metros, en el Refugio D ́Agostini, tras un gran trabajo en equipo, ya que como explicó Noria, “fuimos abriendo ruta una hora cada participante, pero el premio no es fácil de describir: estar solos en una de las montañas más preciadas de nuestra cordillera, exhaustos y a la vez llenos de energía, la vista hacia el horizonte nos muestra un mar de nubes blancas bajo las cumbres. Una vez más evaluamos las tres variables, y decidimos seguir, haciendo un intento de cumbre, evaluando siempre y dispuestos a regresar a pasar la noche al refugio. Para el equipo, excepto yo, fue la primera vez durmiendo tan alto, un factor a considerar, en todo paso el bien común debe primar sobre el individual”, reflexionó.

Decisiones acertadas

A las 18,30 horas encararon el intento, con pocas horas de luz e intenso frío, pero con el ánimo intacto pese a las fuerzas disminuidas, lo que les obligó a ocupar casi toda la reserva, siempre manejando un margen para el regreso.

“La ruta es difícil, la altitud se hace sentir, el corazón latió como en una carrera, la nieve nos llegaba hasta los muslos, te entierras, no puedes avanzar ¿que hacemos acá? Nos preguntamos. Esto, vivir la experiencia, todo lo que les relaté en los cursos es cierto y más; la luna y el sol se juntan en el cielo, llegó el frío y la penumbra. Hemos avanzado 400 metros de desnivel en distancia apenas 150 metros, es hora de evaluar y constantemente las comunicaciones por radio con el campamento son más frecuentes, abajo a los 3.300 metros están atentos a este grupo que se atrevió a enfrentar las más duras condiciones de ascenso. Son las 22,15 horas estamos a los 5.100, tan cerca y tan lejos. Reunimos al grupo y analizamos opciones, y finalmente regresamos al refugio a la medianoche; una gran muestra del trabajo en equipo y la capacidad de tomar decisiones acertadas, la vivencia de una jornada extensa y extenuante y dentro de cada uno la satisfacción de dar todo por un objetivo, siempre tomando las medidas de seguridad como piedra base. Mantenemos comunicación por radio e informamos que descansaremos y comenzaremos el regreso a las 6 de la madrugada para estar a las 9,30 en piedra numerada. El refugio no tiene puerta, improvisamos con nuestras mochilas. A esta altitud el descanso no es fácil, el cuerpo se pregunta qué pasa y apostamos a recuperar lo que podamos comiendo y tomando líquidos tibios. Una vez dentro del saco, sólo quieres cerrar los ojos y conciliar el preciado descanso. Me toca esta vez utilizar una bota de montaña y un mitón como cojín. A las 1,35 horas sólo había silencio”, relató Marcelo Noria sobre las horas más difíciles.

Carlos Rebolledo, Francisco Aguirre, Marcelo Noria y José Elgueta, sosteniendo un banderín del club, a 5.100 metros, con una temperatura de -18 grados, iniciando el regreso a las 22,15 horas.

El cuarto día, el 11 de diciembre, las alarmas sonaron a las 5,30 horas, para dar inicio a la última jornada, la más larga de todas. “Hoy haremos un descenso desde los 4.600 a los 500 metros en que está ubicada la ciudad de Santiago, algo de comida, ordenar equipos en las mochilas y esperar que se descongele el agua. A las 7 horas ya estamos en marcha, y en tres horas nos reuniremos con todas las expediciones que quedaron en Piedra Numerada. El paisaje es indescriptible, el sol viene saliendo por la cordillera y el valle empieza a dejar la penumbra y recibir los primeros rayos de sol ¿El ánimo? No puede ser mejor, los rostros son de cansancio pero sobre todo de felicidad, reflejo de un espíritu lleno de energía, logramos traer la bandera de Magallanes y del club a uno de los lugares que soñábamos, el club de montaña D ́Agostini en su homónimo refugio, muestra del valor de quien inspira nuestro club” explicó emocionado, el montañista.

El retorno

A las 10 horas, después de 25 horas de trabajo de montaña, llegaron al campamento base Piedra Numerada a 3.300 metros, donde fueron recibidos con aplausos por parte de algunos montañistas y con un desayuno cortesía de Vertical, compuesto por frutas, sándwiches de jamón con palta. “Mis colegas de la Enam se acercaron a felicitar nuestro intento, todos nos comentan cómo se iluminaba la ruta desde abajo con las luces de nuestras linternas frontales. La sensación es mayor, hemos dejado la región una vez más bien posicionada, con tomas de decisiones adecuadas, con una base de buen entrenamiento, el equipo adecuado y una muestra de trabajo en equipo que motiva a continuar por las senda diseñada”, enfatizó Noria.

Mientras avanzaban con las mulas rumbo a la Parva, en ese camino interminable pensaron y aterrizaron todas las grandes emociones vividas en la expedición, diciendo hasta pronto a El Plomo, y comenzando a soñar con nuevas cumbres, tanto en la región como fuera de ella. “Buscamos con esto mostrar la ruta a nuevos montañistas, niños de Magallanes que crecen viendo imágenes de otros y que desde ahora podrán ser nuestras imágenes para compartir y difundir el amor por la naturaleza y los valores de la montaña”, reflexionó finalmente, Marcelo Noria.