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Mujer vive con pensión de 85 mil pesos, sin agua y gas

Por La Prensa Austral Sábado 23 de Julio del 2016

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Sin importar cuanto frío haga en la mañana, Rosa Levill Legüe, de 66 años, se levanta temprano para buscar baldes de agua y unos trozos de leña para hacer fuego. Es la cruda realidad que enfrenta en días de invierno esta adulta mayor en una vivienda de población Calixto, a unas 10 cuadras del centro de la ciudad de Punta Arenas.

En razón de sus complicaciones respiratorios, los médicos han recomendado el no uso de leña, aunque para ella no existe otra alternativa pues la instalación de suministro de gas está fuera de su alcance, debido a la exigua pensión de 85 mil pesos que percibe.

Y, es que sólo contar con agua potable, le significa un desembolso de 300 mil pesos, sin contar con los trabajos de cañería y grifería.

“Yo me calefacciono con leña, tengo una enfermedad crónica, el asma y me prohibieron la leña. Yo sé que me hace mal, pero qué más puedo hacer si no tengo ni agua, ni gas”, afirmó Rosa, mientras se sienta frente a su estufa donde hierve el agua, ya que no cuenta con agua potable. Sabe perfectamente que el costo de instalar los servicios básicos no puede enfrentarlo sola, por lo mismo ha solicitado ayuda a distintos organismos, pero hasta ahora no ha tenido una solución a su drama.

La mujer relató que vive hace 10 años en Punta Arenas y desde siempre ha vivido en el mismo lugar, al interior de una propiedad de calle Sebastián Elcano 0377, donde le han permitido levantar una mejora. “Una vecina me da agua y yo lleno unas vasijas que tengo en el fondo (del patio) y la acarreo con unos baldes a la casa, porque se necesita para todo. Para lavar, recojo el agua-lluvia”, complementó.

Urge al agua potable

A pesar de la recomendación médica de evitar el uso de leña, atendida su condición de asma crónica, para ella lo más urgente es poder contar con agua potable.

“Cuando fui a preguntar (para instalar la red de agua potable) me exigieron el pago de un pie de 300 mil pesos, pero de adónde voy a sacar esa plata. Y eso es sólo para el agua, para el gas ni pregunté. A veces trabajo en labores de siembra. Mi pensión es de $85.000, dinero con el que debo pagar la leña, también el agua que me convida la vecina, y además comer”, narró esta pobladora.

El terreno donde vive perteneció a su abuela, ya fallecida. Lo compró hace 10 años cuando llegó desde Chiloé y con sus ahorros levantó un par de piezas.

Doña Rosa se vino desde Chiloé buscando refugio, luego de soportar una tormentosa relación con su marido, quien “me golpeaba”, asegura, sin poder evitar las lágrimas.

Su historia de vida no ha sido fácil, ya que desde joven debió arreglárselas para salir sola adelante. Tenía 15 años cuando se murió su mamá. Era la mayor, por lo que debió asumir la crianza de sus otras tres hermanas menores. Confiesa que el peor error fue haberse casado. “El juez me dijo que me viniera con mis hijos. Mi hija estaba acá, ella se había venido desde niña a trabajar; con ella estuve dos años y luego compré este sitio, que estaba todo sucio, yo lo limpié. Ahora tengo mi terreno y mi casa”, expresó con evidente conformidad.

Sus hijos no la pueden ayudar, porque tienen sus propias familias, además que uno de ellos sufre de problema de alcoholismo.