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Enfermero del Samu, Carlos Vargas Pérez “El deceso de niños es un martirio”

Por La Prensa Austral Domingo 15 de Mayo del 2016

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“Creo que con el tiempo las personas se van adaptando a las situaciones, pero el personal del Samu tiene un chip especial para sobreponerse a todas las situaciones críticas, graves, de mucha tensión psicológica y mental. Eso nos permite llegar de un llamado y seguir trabajando”. Con estas palabras el enfermero regulador del Samu, Carlos Vargas Pérez, de 47 años, explica sólo una parte del trabajo que ha realizado como parte del equipo del Servicio de Atención Médica de Urgencia (Samu), entidad que se encuentra celebrando 15 años de funcionamiento en Magallanes.

“Acá hay dos trabajos importantes. Uno tiene que ver con la parte asistencial y hace unos cinco años se sumó la regulación de las llamadas. En la parte asistencial, los funcionarios se suben a la ambulancia, es un trabajo de mucho estrés y de preparación continua, hay que tener un manejo de relaciones con las personas y las familias que se encuentra en una emergencia y con el equipo de trabajo del Samu. El área de regulación tiene que ver con la recepción de llamadas, hay personal exclusivo que recibe la llamada que decide qué ambulancia va a salir y da las instrucciones a la familia”, advierte.

Se trata de un trabajo de mucho rendimiento y preparación continua, donde a cada minuto deben estar preparados para el manejo de crisis y la respuesta ante la emergencia. Sin embargo, ante la consulta respecto de qué es lo más complejo, el regulador no duda y responde la pérdida de niños.

“El deceso de niños, desde el punto de vista asistencial, es un martirio. Todos los que hemos tenido la oportunidad de estar en accidentes donde hay niños fallecidos y tenemos hijos, tenemos la costumbre de que -una vez que finaliza el procedimiento- llamamos a nuestra casa a preguntar por nuestros hijos. Lo mismo pasa desde el centro regulador cuando hay emergencias con lactantes”, dice.

Continúa su relato explicando que cuando “una mamá llama y nos dice: ‘Sabe mi hijo no respira, está inconsciente’, uno envía la ambulancia inmediatamente y trata de mantener a la mamá al teléfono para las indicaciones. Después esperamos con ansias saber que pasó, ese informe se entrega por radio. Ahí pueden decir paciente está estable, y es un alivio, o dicen ‘de acuerdo a nuestras claves paciente está en deceso y necesito la presencia de Carabineros’, eso es lo más desastroso”, reconoce.

En relación a su trabajo prehospitalario, para el regulador del Samu, el marco conceptual es importante, asegura que tener una base sólida de conocimientos que permita enfrentar cada situación. “Siempre hablamos de que el que sabe lo que busca, entiende lo que encuentra y previene lo que está por venir”, relata.

Aseguró, además, que es necesario desarrollar las capacidades que permitan entender el trabajo en situaciones críticas. “Eso no lo tienen todas las personas, lamentablemente. Creo que con el tiempo te vas adaptando a las situaciones, pero el personal del Samu tiene un chip especial para poder sobreponerse a todas las situaciones críticas y de mucha tensión psicológica, eso nos permite llegar de un llamado y seguir trabajando. En eso, mi familia ha sido un sostén irremplazable”

“Este es un gran trabajo, un gran desafío constante el ir manejando situaciones hacia delante, es un trabajo que me permite alimentar a mi familia, así de importante es y también me ha permitido desarrollar relaciones de amistad y conocer a muchos amigos. Con Arturo Díaz (también enfermero del Samu) tenemos una amistad de hace muchos años y estamos trabajando juntos. Lo único que nos falta es trabajar en el mismo turno, pero sería el desenlace perfecto”, finalizó el funcionario del Samu.