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Entre 7 y $8 millones de pérdida diaria sufren dueños de distribuidora Tío Rico

Por La Prensa Austral Miércoles 17 de Agosto del 2016

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“Seguramente fue un cortocircuito y de ahí el fuego empezó a tomar toda la estantería y lo que estaba alrededor”, señaló ayer Juan Rabanal Canto, uno de los dueños de confitería y distribuidora Tío Rico, ubicada en calle José Nogueira Nº1177 y cuyas instalaciones sufrieron millonarias pérdidas a raíz del incendio que el local sufrió el pasado sábado 13 de agosto, alrededor de las 3,45 horas la madrugada.

Su impresión coincide con las primeras hipótesis que aún se barajan y que apuntan a un posible desperfecto eléctrico en una de las conservadoras de productos lácteos, lo que habría originado las llamas, derivando ello en perjuicios materiales en la construcción y en el equipamiento del local, como también en la mercadería que, especialmente debido al humo y las altas temperaturas, resultaron dañadas, no siendo aptas ahora para su comercialización.

En este punto, Rabanal explicó que aun cuando muchos de los productos no se quemaron, sí quedaron impregnados del humo generado por la acción del fuego, por lo que en la práctica constituyen también parte de las pérdidas. “Acá el tema está más complicado porque este local es el que nos da la entrada diaria y eso sí que va a doler, hemos perdido dos días y cada uno significa entre 7 y 8 millones de pesos de merma. Y en cuanto a las pérdidas por el incendio, estimo que deben ser unos $100 millones”.

Próximos pasos

   En cuanto a lo que viene, se espera que el seguro contratado canalice las autorizaciones respectivas para dar inicio a las labores de limpieza, además de la definición respecto a los pagos involucrados. Mientras tanto, la empresa familiar ya ha sostenido diversas reuniones con los trabajadores y definido planes de acciones, mientras se dilucidan los peritajes señalados. “Nos hemos reunido con el personal (cerca de 30 personas) y les pedimos que tuvieran paciencia, incluso a quienes podían tomar sus vacaciones, les pedimos que lo hicieran. Por ahora a los clientes se les está atendiendo en el local de Armando Sanhueza, mientras que acá trataremos de habilitar lo más pronto posible al menos la parte que es de cotillón. Hay que sacar todo eso para habilitar luego la parte de confitería. También trabajaremos en la bodega, porque la intención es solucionar esto cuanto antes, estamos en plena reactivación”.

Finalmente y aun cuando la escena podría fácilmente desanimar a cualquiera, considerando las grandes pérdidas totales y diarias, Juan Rabanal Canto se mantiene optimista. “Da pena ver esto, son obstáculos que nos pone a veces la vida pero tenemos fuerza y espíritu de superación siempre. Eso es algo que he heredado de mi madre y se lo he tratado de transmitir a mis hijos, porque somos una familia emprendedora”.