Necrológicas
  • Jorge Ulloa Ulloa
  • Mario Riquelme Haselbach

Fue cartero por 33 años y culminó sus días como mensajero en Punta Arenas

Por La Prensa Austral Sábado 6 de Febrero del 2016

Compartir esta noticia
3.556
Visitas

“No tomemos en cuenta el tiempo vivido acá, hagamos como que vinimos a pasear, y nos vamos a ir los dos solos”. Así le dice Héctor Leiva Rodríguez (56 años) a su esposa el hombre que en los últimos días ha tenido que guardar, vender, embalar y despedirse de Punta Arenas, ciudad que por más de tres décadas le ha esperado con expectativas en sus puertas y buzones.

Leiva es cartero de Correos de Chile y el jueves 14 de enero fue su último día de trabajo. El sello postal a una trayectoria de más de 33 años que partirá prontamente a Coyhaique.

Nacido en 1959 en Puerto Aysén, de ojos azules y vistiendo el característico traje rojo de la empresa de correos, precisa que es para que la gente lo pueda identificar, pues “no muchas personas andan de rojo”, el famoso cartero de la zona se sienta cruzando las manos para poder recordar sus primeros días en el oficio que dice abrazó.

“Un 31 de enero fue mi primer día de trabajo. Era algo que nunca había hecho, no sabía cómo lo iba a hacer, me hicieron la ruta y salí a repartir. Empecé a conocer a la gente y me gustó”, cuenta Héctor, quien por entonces, en el año 1982, tenía 22 años y gracias a sus amigos de fútbol -su pasión- se enteró que se había abierto una vacante en el correo, oportunidad que no dejaría pasar ya que en su natal Puerto Aysén “no habían muchas expectativas de trabajo”.

La información para ser cartero vino desde el fútbol, actividad que siempre le gustó y a la cual quiso dedicarse. Incluso jugó en el Club Deportivo Aysén, pero “aquí, tú no puedes vivir de eso”, reflexiona. Quizás el dato recibido fue una opción perfecta para desarrollar otra pasión…su pasión encarnada en el oficio.

En 1984 Correos de Chile le presenta la oferta de trasladarse a Punta Arenas, ciudad que no había visitado, e inmediatamente le dijo a Nélida Formantel Cárdenas (53) que le acompañara en esta aventura, quien se casó con Héctor un mes antes de partir a tierras desconocidas.

En Punta Arenas llegó al Barrio 18 de Septiembre y nacieron sus dos hijos, Luis Iván (29) y Héctor Fabián (22), el primero titulado de la carrera de Gastronomía, el segundo, de Psicopedagogía. “Gracias al premio que me daba la gente por mi trabajo pude educar a mis hijos. Hoy es mi último día de trabajo (el 14 de enero), y una de las cosas que agradezco es que mi hijo menor terminó el año pasado la universidad. Entonces, creo que está una meta cumplida (…) es un ciclo: venirme con mi señora,  crecer y educar a mis hijos, terminar y ahora me devuelvo con mi esposa. Nos vinimos solos y nos vamos solos”, afirma con un tono evidentemente emocionado.

No es para menos el sentir de Héctor, ya que en esta ciudad él cuenta que formó amigos, conocidos,  vecinos  (los Uribe Vidal) que pasaron a ser su “familia” y a tantos otros que nombra siempre en un estado de gratitud que se mantendrá hasta el fin de la entrevista.

En la capital magallánica, el protagonista dejará misivas para los pobladores del sector Las Naciones. Sin embargo, luego los vecinos del centro, en las arterias comprendidas en Avenida Colón, Rómulo Correa y Carlos Bories hasta la playa, serán los destinos de cientos de sobres expectantes cargados por un hombre que dijo tomarle mucho cariño a su trabajo.

“La gente esperaba su correspondencia, en esa época no existían la comunicaciones de ahora…las personas esperaban sus documentos, sus cartas, era otra la relación (…) En ese tiempo se repartía harta carta de familia, luego empezaron  a salir de las AFP y bancos, eran pocas las cartas de las casas comerciales”, recuerda.

El boom de las tarjetas navideñas

Héctor Leiva cuenta que para Navidad repartía cerca de 3.000 tarjetas navideñas diarias, labor que implicaba “quedarse hasta la una de la madrugada ordenando las cartas”. Eran los tiempos en que nadie imaginaba la preponderancia actual de un “Me gusta” en el muro de Facebook o la inmediatez de un mensaje por Whatsapp. Se trataba de una época donde se podían hacer “árboles navideños con las cartas pegadas en las paredes. En cambio ahora…hace poco una persona me preguntó dónde podía comprar una tarjeta navideña y sólo las tiene Coaniquem”, dice nostálgico.

– ¿Le gustaría que actualmente se regalaran más tarjetas?

– “Una tarjeta es un trabajo de una persona, es un tiempo que se le dedica a otra; implica comprarla, escribirla y depositarla. Pero ahora llamas por teléfono, saludos y listo”.

Si bien Leiva se reconoce como un cartero tozudo que le ha costado adaptarse a las nuevas tecnologías,  hoy tiene Facebook: Héctor “Cartero” Leiva, se puso su profesión entre medio porque todo el mundo le llama así, de hecho hubo una persona que alguna vez le preguntó si acaso su apellido era cartero.

Los perros son gajes del oficio

-Oiga, ¿es verdad que a los carteros siempre los persigue un perro?

“Los perros te persiguen, pero yo tengo dos teorías. La primera, las cartas pasan por muchas manos, los olores los ponen nerviosos. La segunda, los perros son muy territoriales y uno pisa un terreno de un perro y te llevas el olor, entonces, el perro de otra casa lo siente”.

Cinco veces los dientes del mejor amigo del hombre le han mordido. Sube un poco su pantalón para dejar a la vista una pequeña cicatriz que le acompañará fiel, como los perros, el resto de su vida. “Gajes del oficio”, comenta Leiva.

Episodios anecdóticos que construyeron su largo camino epistolar, el cual supo de cartas extraviadas. “En otros países tienen la calle Punta Arenas y éstas se vienen erróneamente a la ciudad”, dice. Recuerda también momentos incómodos, como el hecho de ir a  entregarle correspondencia a una familia en la cual se había detectado la gripe porcina.

Se acerca el momento en el cual Héctor deberá enseñar la ruta del centro al nuevo cartero. “Tu anhelo es ser cartero del centro (…) es como de repente llegar a ser jefe de algún lado. Aspirar a llegar ahí es lo máximo”, asegura con entusiasmo, sentimiento que se mezcla con la tristeza que le produce cerrar una etapa y la alegría de comenzar otra. “Saben que entregaré mi bolso y que a contar del 1 febrero mi contrato dice operador postal”, trabajo que desempeñará en una oficina en Coyhaique, volviendo así cerca de sus orígenes y familia.

Pero éste no será un regreso cualquiera, es uno cargado de gratitud y gente conocida en la memoria, esa misma que le inspira a decir: “Quiero dar las gracias a toda la gente de mi sector, porque gracias a ellos pude salir a delante, siempre con su aporte, porque sin ellos no hubiese logrado lo que tuve (…) Estoy agradecido de la empresa porque me aceptaron como cartero, sin ellos no habría educado a mis hijos, venido a Punta Arenas y conocido a tanta gente”.