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Isla Madre de Dios y su ruta para ser declarada Patrimonio Mundial de la Humanidad

Por La Prensa Austral Domingo 12 de Febrero del 2017

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Hace 4.500 años, los antiguos habitantes dejaron la huella de su existencia en las frías y obscuras paredes de las cuevas del archipiélago. Recién en el año 2006, se realizó el hallazgo de aquellas pinturas rupestres encontradas en la Cueva del Pacífico.

Tener acceso a tales obras de arte y expresiones de una cultura prácticamente extinta es un enorme privilegio. Se zarpó desde Puerto Natales en una expedición de diez días hacia el sector que los franceses han denominado la isla de los glaciares de mármol.

Luego de 24 horas de navegación por los intrincados canales de la Provincia de Ultima Esperanza, se llega a la Isla Guarello. De madrugada, se zarpa nuevamente hacia el destino final: el fiordo Barros Luco, en el extremo norte de la Isla Madre de Dios.

El reportero gráfico Rodolfo Soto recordó: “La ruta de navegación se hizo cada vez más estrecha. Nos internamos por el Seno Copihue, cruzamos el Paso Angosto, que sólo tiene 30 metros de ancho, para luego navegar por el Seno Azul y desde ahí salir a mar abierto y recorrer por 5 horas el Océano Pacífico rodeando los arrecifes que hay en el lugar”.

Considerando que en el sector caen en promedio 9.000 milímetros de lluvia al año y que hay rachas de 190 kilómetros por hora, los expedicionarios enfrentaron condiciones meteorológicas excelentes.

“Fuimos privilegiados”

Cuando las embarcaciones alcanzan su destino, la emoción sobreviene a quienes pueden acceder a un mundo distinto, escondido, remoto. El desembarco en un fiordo y el acceder por costas rocosas, con enormes acantilados dificulta el traslado.

“Tuvimos que abrirnos paso entre la densa vegetación del lugar. El sector está totalmente recubierto de musgo, líquenes y un frondoso bosque casi impenetrable. Tras 20 minutos de ardua lucha, logramos llegar a un sector despejado y de ahí ir en busca de las lagunas. Luego de casi una hora y desde lo alto de una montaña vemos lo que buscábamos”, relata Soto.

El sector al cual llegó la expedición es conocido como el Paso de las Canoas, ya que hay evidencia que indicaría que este conjunto de lagunas interconectadas entre sí permitían a los Kawésqar que habitaban el lugar navegar desde el Fiordo Barros Luco al Canal Trinidad sin necesidad de tener que enfrentar la furia del Océano Pacífico.

“Fuimos totalmente privilegiados en ese viaje, ya que la isla estaba completamente despejada, cuestión que no es usual, y pudimos apreciar en toda su magnitud la costa Pacífico de la Isla Madre de Dios y con ello sus enormes cordilleras conformadas por caliza que aún esconden una gran cantidad de cavernas por descubrir”, recuerda Rodolfo Soto.

En enero de 2017, los investigadores de la Fundación Centre Terre emplazarán allí la primera base científica en la zona.

Cueva de la Ballena

En otra zona del archipiélago, la expedición accedió a la Cueva de la Ballena, la que tiene 150 metros de fondo y guarda muchos secretos por descubrir.

“Una cosa que nos llamó la atención y que nos comentaron en el viaje es que, cuando debieron bajar por las laderas de los cerros para llegar al lugar, en su descenso y a 38 metros de altura sobre el actual nivel del mar, fueron encontrados restos óseos de ballena. Hasta ahora la única explicación que tendría este hecho sería que por la acción de un Tsunami una o más ballenas fueron arrastradas hasta un lugar de tanta altura”, comentó Rodolfo Soto.

Las pinturas rupestres

El próximo destino fue la Cueva de la Ballena, para descender hasta la Cueva del Pacífico, lugar en donde en el año 2006 se encontró al interior de la cueva pinturas rupestres que datarían de aproximadamente 4.500 años.

Frente a los expedicionarios quedó la magnificencia de los registros rupestres, con los colores tierra característicos de estas pinturas.

“La cueva que mide poco más de 30 metros de profundidad evidencia que ha sido utilizada como refugio en varios períodos del tiempo. Algunos conchales de moluscos, huesos y hoyos en el piso denotan que en aquel lugar vivieron presumiblemente integrantes del pueblo Kawésqar”, indicó Soto.

Más en otro lado del archipiélago, en la Cueva El Barón, el grupo emprende el descenso 40 metros adentro.

Rodolfo Soto se internó aún más, siguiendo a una científica que, sacándose el chaleco salvavidas, ingresó arrastrándose por pequeñas cavidades, logrando avanzar 50 metros más, sobre un piso de fango amarillo. A esa altura, el calor comienza a asfixiar, junto con la humedad que crece.

El viaje continúa al otro día, cruzando el Paso Angosto y adentrándose en dos enormes glaciares de mármol.

“Caminamos sobre esta roca abrasiva, con profundas grietas y piedras salientes que cortan nuestra ropa al sólo contacto con ella. Luego de estar de regreso en la lancha y volver a mirar estas montañas, fue imposible dejar de pensar que caminamos sobre verdaderas trampas mortales”, advierte Rodolfo Soto.

Restos de rocas ígneas reciben a los expedicionarios en el sector del seno Soplador. Más de 30 minutos de caminatas, se llega a una zonas de calizas, piedra que se desgasta por efecto de los fuertes vientos y lluvias.

“El descubrimiento más importante fue encontrar en aquel lugar lo que los espeleólogos denominan “cometas”. Los restos de rocas ígneas que quedaron en el lugar cuando los glaciares de hielo retrocedieron protegieron ciertas áreas de la caliza de los efectos del clima y dejan en evidencia cuánto ha sido el desgaste de la caliza versus la porción que quedó protegida por la roca ígnea. Así uno abstractamente puede ver la figura de un cometa en el suelo”, relató Rodolfo Soto.

El viaje comienza a desandarse hacia Puerto Natales. Se deja atrás la furia de las aguas, las lluvias australes y los vientos australes y aquel tiempo remoto encapsulado en aquellas islas y cavernas.

Con mayor información y tras haber experimentado las bellezas relatadas de aquel ignoto lugar, se comprende la justeza de la postulación a la Unesco para que el archipiélago Isla Madre de Dios sea Patrimonio Mundial de la Humanidad.

La impresionante cordillera de caliza en Isla Madre de Dios la hace única en su tipo en el mundo.