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La gran nevazón de 1958

Por La Prensa Austral Domingo 13 de Agosto del 2017

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Por Nelson Toledo

“Punta Arenas la nevada, la escondida, allí donde el mundo acaba”, dijo el poeta Grimaldi en su apasionado homenaje a la nieve. Pero ese crudo invierno del año 1958 en verdad no fue muy poético que digamos. Sin luz, con caminos cortados y sin aviones se quedó Punta Arenas en el mes de julio de ese año. A esa fecha, los aeródromos de Chabunco y el de Bahía Catalina se encontraban totalmente cubiertos por la nieve, por lo que tanto el despegue como el aterrizaje de los aviones cuadrimotores de la época fue imposible por esos días.

Equipos mecanizados acudieron a despejar al menos la pista principal de Chabunco, para dejarla cuanto antes nuevamente en condiciones operativas. En los días siguientes los mismos equipos fueron trasladados al sector de Bahía Catalina para cumplir las mismas tareas.

Se suele decir que lo que abunda no daña, pero no es este el caso, porque en “Punta Arenas la nevada” ese mes se cortó el tránsito hacia el sector minero de Lynch, lo que no permitía abastecer de suficiente carbón a la usina de Endesa. Por ello hubo necesidad de racionar el suministro eléctrico. El barrio sur y yugoslavo, así como el sector norte estuvieron entre los principales afectados por los cortes de luz gatillados por las intensas nevazones que se dejaron sentir ese crudo invierno.

Contradictorias declaraciones frente al racionamiento eléctrico

En esos gélidos días fue necesario llegar al racionamiento del servicio eléctrico y estaban casi de las mechas dos personeros que se contradecían totalmente con sus declaraciones frente a este mismo hecho. El administrador de Endesa, Mario Sandoval, sostenía que la escasez de carbón se debía única y exclusivamente a las dificultades ocasionadas por el clima en los caminos que conducían a las minas del sector Lynch. Se contaba con 80 toneladas de carbón, siendo que el consumo diario de la usina era de 130 toneladas. Mientras tanto, otro personero, José Aránguiz, sostenía algo diametralmente opuesto: “El racionamiento puede ser consecuencia de cualquier cosa, menos de la escasez de carbón”, decía. ¿A quién creerle?

Además, Sandoval reclamaba que algunos industriales carboníferos se estaban aprovechando de la situación vendiéndole a Endesa el carbón a valores mucho más elevados de lo normal.

Nuevas e intensas nevadas empeoraban el panorama. En algunos sectores la nieve acumulada alcanzó hasta un metro de altura. Un avión de la empresa Transa Chile, procedente de Santiago, se encontraba en Río Gallegos desde hacía tres días sin posibilidades de continuar su vuelo rumbo a Punta Arenas. Para colmo de males, los pronósticos meteorológicos para los días siguientes no eran de los mejores.

Caminos intransitables

Un informe de la Prefectura de Carabineros indicaba que estaban intransitables el camino a Río Gallegos, a Morro Chico y a Fuerte Bulnes. A Puerto Natales se podía llegar pero sólo hasta el kilómetro 130. El ingeniero de Vialidad, Vladimiro Covacevic, declaraba que en el camino a Puerto Natales se encontraba trabajando una motoniveladora con espolón despejador de nieve. En tanto, desde Punta Arenas, salieron dos motoniveladoras para limpiar el camino norte desde el límite urbano, en los sectores más afectados por las nevazones. Otra máquina trabajaba en Chabunco, otra en las calles céntricas de Punta Arenas y otra en el camino a Fuerte Bulnes. Mientras tanto, el superintendente del Cuerpo de Bomberos, Juan Pourget, luchaba por dotar de pozos de agua a la población 18 de Septiembre y algunos sectores del barrio Prat, que no contaban con agua suficiente en caso de incendio.

Era el poco poético panorama de Punta Arenas y de toda la región en esos helados días de julio de 1958, una situación que que de tarde en tarde vuelve a repetirse en Magallanes, el país de las nubes pasajeras.