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Alberto Villagrán Garrido, beneficiario del Hogar de Cristo

La historia de vida de usuario de Hospedería

Por Andrea Coñuecar Viernes 10 de Julio del 2015

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Antes de ser acogido por la Fundación de beneficencia, este zapatero, de origen penquista, vivió por dos años en una mediagua -levantada por él mismo- en el Parque María Behety.

 “Un profesional del cuero y calzado que no tuvo oportunidades para proyectar un negocio propio”. Así se autocalifica, Alberto Villagrán Garrido, quien desde 2009 es usuario del Hogar de Cristo, participando del Progama de Acogida que mantiene dicha Fundación de beneficencia, en sus líneas de acción hacia las personas en situación de calle.

Las dependencias en que pernocta diariamente Villagrán Garrido, están ubicadas en Avenida España Nº1050 y tiene cobertura para más de 60 personas durante la época invernal.

Oriundo de Concepción y de personalidad reservada, Alberto accede a relatar a La Prensa Austral, las circunstancias que lo llevaron a pedir apoyo al Hogar de Cristo, donde se mantiene desde 2009. A sus 60 años, ha tenido dos accidentes que lo han mantenido con un complejo cuadro médico y sostiene que -a pesar de haber querido dar un revés a la vida- no pudo lograr nunca estabilidad laboral, hecho que lo llevó a renunciar a conformar una familia en Punta Arenas, comuna a la que se trasladó por temas netamente laborales.

“Muy joven ingresé a trabajar a la fábrica de calzados Bío Bío Ltda., una empresa que en el año 72’, decidió trasladarse desde Concepción a Punta Arenas. La idea de la compañía era la confección de zapatos de seguridad. Pero llegó el Golpe de Estado y esa fábrica fue intervenida. Después se pidió un préstamo a Corfo (Corporación de Fomento de la Producción) para reabrirla y no logró solventarse y se declaró en quiebra. Duró apenas un año”, relata Villagrán.

El cierre de esa posibilidad de empleo -que le había generado muchas expectativas- lo llevó a deambular por diversos oficios, a sus escasos 17 años de existencia en una ciudad, donde no mantenía ningún tipo de red familiar. “Después de eso, pensé en ubicarme de manera independiente y empecé a hacer trabajos de colocación de tapillas, pero la plata en ese tiempo era escasa. De ahí, me fui al rubro de la construcción, siempre trabajando de manera temporal y no me di cuenta cómo me fui quedando y quedando en Punta Arenas”, reflexiona.

¿Nunca pensó en volver a Concepción?

– “No era fácil salir de aquí y yo tenía la intención de irme a Argentina, porque se decía que allí había más trabajo. Y de verdad, yo no quise regresar a Concepción, porque no quería mirar atrás lo que quedó…”.

– ¿Quiénes estaban en Concepción, además de sus padres y hermanos?

– “Tuve muy joven dos hijos no reconocidos. Una parejita de 2 y 3 años, cuya madre me los negó, no me dejó verlos, ni tampoco que los legitimara. A partir de ese momento, decidí alejarme”, testimonia.

Villagrán, acota que en más de alguna oportunidad buscó la forma de instalar un microemprendimiento, pero no lograba juntar dinero suficiente, por lo cual comenzó a dedicarse a tareas de jardinería.

“Juntaba poco dinero y el clima de Magallanes hacía que los inviernos helados, me pusiera mis traguitos en el cuerpo. No lo niego, guardaba también plata para mis vicios y el tiempo y los años me fueron pillando y después de los 40, muchas empresas ya no quieren recibirte”, reflexiona.

– ¿Por qué no optó por conformar una familia en Punta Arenas?

– “Conviví varias veces y no resultó. El clima de Punta Arenas me comenzó a bajonear y empecé a dedicarme a labores menores, como pintar rejas o limpiar patios y esa platita la invertía para mi sustento, para comer. Yo pensaba, si apenas me alcanza el sustento para mí ¿cómo voy a mantener a una familia? Me empezaron a dar  ganas de fumar y de tener siempre mi trago, a la hora de la comida”.

Proyecciones

Alberto Villagrán Garrido luce impecable y es reconocido por su personalidad reservada. De espíritu colaborador, gusta apoyar de las labores de aseo que se realizan en la Hospedería de Avenida España, donde comparte una habitación junto a otras tres personas en condición de calle. Aunque forma parte del Programa de Acogida -que acompaña y guía a cada residente- ha resistido en forma sucesiva en someterse al Programa de Rehabilitación.

Es considerado por los directivos del centro, como un caso especial, por cuanto una posible “recaída” en la ingesta de alcohol, es la limitante para que pueda proyectar una vida independiente.

– ¿Cuáles son sus planes futuros?

– “Siento que ya me radiqué en Punta Arenas, pero me gustaría hacer un viaje flash para buscar a mis hijos en Concepción o donde estén y volver a verlos. También espero que la operación de una úlcera que me detectaron se pueda realizar. Llevo dos meses esperando esa cirugía y luego de ello, quiero ver si puedo obtener una pensión, porque junté tres libretas en el antiguo seguro y quiero ver la forma de recuperar esa plata”, concluye.