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La raza negra en Magallanes

Por La Prensa Austral Domingo 16 de Agosto del 2015
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Se cree que en Magallanes hay unos 3 mil migrantes. En los últimos años la mayoría ha venido de Centro América.

Desde Colombia, la República Dominicana y otros países de Centroamérica y el Caribe han arribado a Punta Arenas diversas personas para aportar al desarrollo de esta zona austral y ya se ven en nuestras calles y en diversos lugares laborando, un sinnúmero de gente de origen afroamericano; lo mismo en los colegios se comprueba un aumento de estudiantes morenos que proceden de otros países o que han nacido en la capital regional. No son pocos los que han formado familias en la Perla del Estrecho mezclándose de esta manera los magallánicos con estos migrantes venidos desde distintos lugares del mundo.

Ello causa cierto tipo de reacciones de asombro, extrañeza y admiración en los magallánicos que desconocen la historia del arribo y permanencia de este tipo de raza en la región.

 

Los primeros en llegar

 

La Nao Trinidad, de la flota descubridora de Hernando de Magallanes y la San Luis del capitán Juan Ladrillero, fueron las primeras naves que condujeron gente de raza negra a esta zona austral.

La historia, sin embargo, registra a la primera persona de raza negra en establecerse en la región luego de haber desertado, en el año 1840, de un barco de Estados Unidos que atravesó el Estrecho de Magallanes. Se trata de Isaac Williams, el cual luego de haber abandonado la nave se quedó a vivir con los naturales de los cuales tomó a una mujer como su esposa con la que tuvo dos hijos.

Estuvo varios años con los indígenas, pero pudo más la añoranza de su raza y un día se embarcó en una nave ballenera que cruzó el Estrecho de Magallanes y partió rumbo a Ancud, en el Archipiélago de Chiloé. Pero sus aventuras no terminaron ahí, porque al ser contratado como marinero en el queche Magallanes viajó de nuevo a esta zona austral en 1844, conociendo en la navegación a fray Domingo Passolini que, conociendo que el moreno había vivido con los tehuelches, consiguió dejarlo en tierra para que le ayudara en su misión evangelizadora.

El sargento mayor Pedro Silva, primera autoridad colonial de aquel entonces, valorizó la presencia de Isaac entre los indios, porque al mismo tiempo les podría servir de intérprete y fue contratado como lenguaraz al servicio de la colonia.

El informe emitido a las autoridades centrales por Silva, decía: “Le he asignado $6 de sueldo a un negro norteamericano que ha andado con los indios por cuatro años y es casado con una india natural y tiene familia…como igualmente se le confió el cuidado de la chalupa para que le ayude al marinero Santa Ana.

Pero, “la ventura es paño de poca dura”, dice el refrán, y el nuevo gobernador Justo de la Rivera lo dio de baja y lo hizo detener por presunción de “indisponer a los indios del norte con la autoridad”, enviándolo al intendente de Chiloé. Idas y venidas del norteamericano a Chiloé y Magallanes y en 1848 luego de algunas aventuras se pierde su historia y la de su familia.

 

 

Migrantes portugueses

 

Medidas administrativas del Presidente José Joaquín Pérez en afán de fomentar el poblamiento en la Patagonia, dieron la posibilidad al pionero José Nogueira de ofrecer trabajo a sus compatriotas portugueses y entre los años 1870 y 1893 se registraron documentos de contratos de embarque de personas de su país de procedencia, originándose una colectividad de 44 individuos de esa nacionalidad, según censo de 1906.

La publicación versión on-line “Magallania-Punta Arenas”, manifiesta al respecto que llegó a sus manos una notable evidencia de la raza negra en la región, tratándose de un cuadro con una galería de retratos de los fundadores de la Sociedad de Beneficencia Portuguesa de Punta Arenas, del año 1893, y entre las fotografías aparecen siete negros.

 

 

El negro Barrington

 

 

Otro varón de esta raza que vivió en Magallanes, dueño de una gran fama fue Henry Barrington, que arribó a Punta Arenas a la edad de 21 años. Se dice que era de elavada estatura y con una complexión física de atleta lo que denotaba que se había dedicado desde temprana juventud al arte del pugilato.

Al poco tiempo de llegar a esta zona dio a conocer y popularizó la práctica del boxeo, enfrentándose a otros pugilistas casi todos venidos de otros países.

Su primera pelea de exhibición fue en el Teatro “Cosmopolita”, el día 4 de agosto de 1898, enfrentándose al escocés Robert Ferries con el cual terminó en empate. Luego se enfrentó a los ingleses John Morgan, James Mitchell, Tommy Burns y Georges Booth, a quienes venció sin dificultades.

Con la fama creada vio las posibilidades de explotar de otra forma el arte del pugilato y en el año 1905 creó una sala de boxeo que los amigos y vecinos solventaban cancelándole un sueldo. Pero, al mismo tiempo de difundir este deporte dio lecciones a los alumnos del Liceo de Hombres de Punta Arenas, manteniéndose en plena actividad hasta el año 1921. Sólo en esa fecha colgó los guantes al ser derrotado en el cuadrilátero por un joven aficionado.

En esta última pelea, el público asistente, sabiendo de la calidad del pugilista negro creyó que era un tongo y se lo enrostró a gritos luego del nocaut. El, tomando la palabra les respondió: “Esto no es un tongo, sino el resultado de la juventud que se abre paso y de la vejez que aún no se decide decirle adiós a este deporte”. Sus palabras fueron premiadas por atronadores aplausos.

Retirado definitivamente, poco a poco fue olvidado por los que otrora lo apoyaran y murió pobre y abandonado en el Hospital de Asistencia Social, en 1940, sin haber dejado descendencia conocida y sus restos yacen olvidados en alguna tumba del Cementerio Municipal de nuestra capital regional. El local que funcionó en la esquina de las calles Waldo Seguel y Armando Sanhueza fue conocido como “Gimnasio Barrington”.

 

 

Integración

 

 

Hoy, la ciudad salpica con estos rostros de colores oscuros el paisaje urbano; los vemos en las tiendas, universidades, talleres y otros lugares. Sus hijos, en jardines infantiles y escuelas aprendiendo las materias, junto al himno patrio de este país que los ha cobijado y al cual entregarán sus esfuerzos para contribuir a que siga siendo una gran nación.

Tomamos de la publicación “Magallania-Punta Arenas”, una reflexión relativa a la raza negra en Punta Arenas: “La escasa significación numérica de la incorporación social de que se trata habría sido -es una conjetura- la razón por la que la tradición vecinal no recogería de forma alguna de rechazo o discriminación por la diferencia de color en la piel, como ha ocurrido en tantas otras comunidades a lo largo y ancho del gran continente americano. Por tanto, los negros y mulatos que se integraron a la sociedad magallánica lo hicieron en plenitud y su huella étnica ya difícilmente visible, se ha subsumido hace tiempo en el conjunto humano del meridión”.

Por Mario Isidro Moreno.