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La recuperación de las zonas muertas

Por La Prensa Austral Sábado 13 de Febrero del 2016

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Doctor Máximo Frangópulos Rivera

Fundación Cequa

Hace un par de meses les comenté acerca de las zonas muertas y de sus deplorables efectos sobre los ecosistemas marinos, pero también les hablé y les prometí que les iba a señalar en una siguiente columna que esto se podía revertir. Pues bien justamente en este espacio del día de hoy me voy a explayar un poco acerca de cómo se puede lograr el largo camino hacia la recuperación de estas zonas.

Como mínimo la regeneración de este tipo de sistemas naturales exige como primer requisito la disminución del aporte de nutrientes provenientes del continente, pero esto no es una tarea fácil.

Primero que nada hay que tener en cuenta que las cuencas hidrográficas son sistemas que almacenan una gran cantidad de nutrientes, ya sea que se encuentren en forma disuelta en las napas freáticas o bien adsorbidos en las partículas del suelo; pueden pasar muchos años, siglos incluso hasta que los compuestos nitrogenados o fosfatos dejen de filtrarse y lleguen al mar.  Además si estas zonas están ubicadas en zonas donde son escasas las semillas de las comunidades de plantas que desaparecieron, será difícil su restablecimiento. En otras oportunidades hay especies oportunistas invasoras que se adueñan de los hábitats disponibles y que hacen más difícil aún la colonización por especies naturales.

Por último, están las alteraciones ecosistémicas causadas por la eutrofización, ya que a medida que aumentan los nutrientes en el medio, puede haber poblaciones que disminuyen, pero aun así el ecosistema alterado permanece fuerte porque las poblaciones naturales son capaces de resistir los crecimientos del fitoplancton.

Para recuperar las zonas deprimidas no basta con saber qué es lo que se debería hacer. Es deber de los gobiernos considerar de primera importancia estos temas y priorizarlos dentro de su agenda. La escasez de casos de recuperación de estos ecosistemas de zonas muertas se ha debido fundamentalmente a que la reducción de los aportes de nutrientes desde el continente es una labor que requiere de cambios importantes en las prácticas agrícolas y en la depuración de las aguas contaminadas.

La gran mayoría de los programas de recuperación de este tipo lo que han conseguido son sólo recortes parciales de los flujos de nutrientes de origen terrestre. Para poder reducir de manera efectiva la carga de nutrientes, los planes de manejo deben abordar como mínimo la cuenca hidrográfica completa, con el fin de poder confinar los nutrientes nitrogenados y fosforados en tierra.

Este tipo de iniciativas han sido ejecutadas en dos sitios bastante reconocidos, la bahía de Chesapeake en Estados Unidos y en el mar Negro.  En este último los países ribereños con ayuda de las Naciones Unidas y su Programa de Servicio Ambiental Global han acordado mantener los niveles de nutrientes en las aguas de escorrentía en los valores observados a mediados de la década de los ‘90. Además, se están mejorando las prácticas agrícolas y el tratamiento de los residuos. Pero para recuperar de manera definitiva el mar Negro, los gobiernos y autoridades deben garantizar a sus ciudadanos la solución de dos temas graves.

Asegurar que el desarrollo económico garantizará que no van a volver a aparecer vertidos de nutrientes de origen terrestre en el océano, pero ¿cómo se podría lograr esto?. Generando iniciativas que permitan la reducción de residuos mediante el uso de tecnología de punta. Además los gobiernos deberán reducir la intensidad de la pesca comercial, para favorecer la recuperación de las poblaciones de peces depredadores, además que las redes  de arrastre y rastras de los pesqueros destruyen comunidades bentónicas claves, por lo tanto la regulación debería ser muy estricta en este caso. Todas las naciones a nivel mundial que poseen flotas pesqueras deberían reducir la presión pesquera en las zonas eutrofizadas, cosa que no es fácil cuando sabemos que la mitad de las pesquerías del planeta están sobreexplotadas.

Las autoridades deben tener claro que no basta con que este tipo de ecosistemas se recuperen de manera parcial, ya que podrían quedar en una situación alta mente inestable. Hay organismos como los choritos que son muy eficientes a la hora de filtrar agua y se ocupan para efectivamente mejorar la calidad de agua, pero la descomposición bacteriana de las heces de los choritos y de los propios individuos que van muriendo consumen gran parte del oxígeno disponible, causando ciclos de prosperidad pero también de declive en zonas donde no hay mucha mezcla de las aguas y donde la renovación del oxígeno es escasa.

Este fenómeno ha sido observado en el mar Báltico. Aquí el reto para los gestores de los recursos marinos tiene que basarse en la conservación de las condiciones que mantienen resilientes y diversificados los ecosistemas, inclusive en las zonas donde la recuperación total es prácticamente improbable.

Las zonas costeras muertas nos hacen reflexionar que la humanidad no puede sentarse a esperar que los ecosistemas naturales absorban nuestros desechos y residuos  sin sufrir consecuencias muy graves y a menudo inesperadas. Pero para recuperarla se depende mucho del reconocimiento que como seres humanos hagamos de las consecuencias que para el ambiente tiene eliminar los residuos y de cómo nosotros, seres humanos del tercer planeta del sistema solar, valoramos ese precioso tesoro que tenemos que son los ecosistemas marinos.

¡Hasta la próxima!