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María Genova Sopeña: 45 años dedicada a la educación de párvulos

Por La Prensa Austral Sábado 23 de Enero del 2016

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– La profesional estuvo a cargo de Matilde Huici, el primer jardín infantil privado de Punta Arenas que cerró sus puertas el 31 de diciembre pasado.

“Creo que trabajar con niños es lo más hermoso que hay porque son auténticos, transparentes e ingenuos. Es una maravilla poder hablarles, enseñarles cosas y ver cómo ellos están ávidos de aprendizaje. Es súper gratificante. El trabajo con pequeños te hace ser más jovial, te activa. Tú corres y saltas con ellos”, expresa

Llegó a Punta Arenas por razones personales en 1973 y nunca más se fue. La educadora de Párvulos, María Genova Sopeña (66) fue la dueña y directora durante 38 años del primer jardín infantil privado de la ciudad, Matilde Huici, que cerró sus puertas el 31 de diciembre recién pasado.

“He cumplido un ciclo profesional. Quiero dedicarme a mí y compartir más con mi familia. Durante todo este tiempo he estado más en el jardín que en mi casa”, cuenta María, y agrega que “éste fue un sitio de formación de muchas personas, tanto de niños como adultos. Siempre tuvimos abiertas las puertas para prácticas y trabajo. Fue un lugar de mucho prestigio”.

María asegura que estar a cargo de un establecimiento educacional no es una misión fácil. “A las personas que podrían haberse hecho cargo del jardín tras mi salida, les da un poco de susto porque es un barco grande, es una tarea de alta responsabilidad. Entonces uno no puede delegarla en cualquiera que venga de fuera. Muchas personas que fueron alumnos trajeron a sus hijos, nietos y sobrinos”, asegura y añade que “yo me voy feliz porque traté de entregar lo mejor de mí humana y profesionalmente. Tengo la satisfacción de haber contribuido a la región”.

Una vocación de toda la vida

Desde joven, María sintió una atracción especial para trabajar con los niños. Cuando rindió los exámenes para ingresar a la enseñanza superior quedó en diversas carreras, como Ciencias Políticas y Derecho, pero siempre su idea fue estudiar Educación de Párvulos.

“Recuerdo que uno postulaba y luego te daban un plazo para matricularte. Después corría la lista. Al principio, no tenía el respaldo de mi familia. Me decían: ‘¿Cómo vas a ir a cuidar niños, a sonarles la nariz?’. Lo que pasaba es que en esa época no se conocía mucho esta profesión”, explica.

Pese a las aprensiones de sus padres, optó por lo que más le gustaba y lo que sigue disfrutando hasta el día de hoy. Cuando ellos se dieron cuenta de que Educación de Párvulos era lo que realmente hacía feliz a María, decidieron apoyarla.

“Creo que trabajar con niños es lo más hermoso que hay porque son auténticos, transparentes e ingenuos. Es una maravilla poder hablarles, enseñarles cosas y ver cómo ellos están ávidos de aprendizaje. Es súper gratificante. El trabajo con pequeños te hace ser más jovial, te activa. Tú corres y saltas con ellos”, expresa.

Su llegada a Magallanes

María nació en Santiago y estudió Educación de Párvulos en la Universidad de Chile. En la capital trabajó cuatro años: primero en un jardín particular que se llamaba Bambi y posteriormente se dedicó a formar los jardines infantiles de Enap en Santiago, Concepción y Concón. Luego sería Punta Arenas.

“A raíz de ese trabajo conocí al que fue mi marido por 27 años, quien falleció. Yo acá me vine por mi familia. Aquí está mi hogar. En esta ciudad crecieron mis hijas y, por eso, no tengo intenciones de irme, pero sí de tener más movilidad porque mis hermanas y mi mamá siguen viviendo allá y las veo poco. Entonces, ahora me gustaría visitarlas con más tranquilidad y calma”, afirma.

En Punta Arenas, María tuvo cuatro hijas. Aquí también se hizo cargo del jardín infantil Matilde Huici, que en primera instancia se ubicaba en calle 21 de Mayo -donde se encuentra el Colegio Francés actualmente- y luego en Armando Sanhueza. En 1990, el establecimiento educacional se trasladó a una casa que fue adaptada en Ignacio Carrera Pinto.

“El jardín tuvo dos dueñas antes de mí. Una de ellas fue alumna de Matilde Huici, quien fue la persona que fundó la Escuela de Educadoras de Párvulos en la Universidad de Chile. Es por ello que lleva ese nombre”, asegura.

Sus planes a futuro

María dice que aún tiene energías, que no está cansada y que ahora quiere dedicarse a “hacer cosas que antes, por tiempo, no podía hacer”.

“Me gustaría compartir con los míos, disfrutar de mis cincos nietos y de mi familia. Una de mis hijas vive en Ushuaia, otra en Santiago y dos acá en Punta Arenas”, dice y agrega que “a veces uno deja de hacer cosas porque te ‘pilla’ el trabajo y cuando llegas a la casa no tienes ganas de tomar un tejido, un bordado o una pintura. He postergado ese tipo de actividades”.

“Dejo este trabajo y me voy súper tranquila y contenta, con el corazón pleno de haber hecho todo lo que pude por la educación parvularia desde mi humilde lugar”, concluye.