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Parque Bernardo O’Higgins: La hermosura blanca que encandila a los turistas

Por La Prensa Austral Sábado 11 de Febrero del 2017

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Sonidos, ritmos, silencios abren la partitura a un paisaje, a veces agreste, difícil, con imágenes que hipnotizan. Y es que, en el Parque Bernardo O’Higgins, la creación se instaló a ensayar las formas de la belleza, en un escenario que fascina al visitante.

El parque tiene 4.700.000 km2, la reserva protegida más grande del país, considerando el territorio marítimo. Un lugar en que la voluntad de acceder lo decreta la naturaleza y la única vía posible es marítima.

Pero quién logra vencer todos los obstáculos, finalmente, se enamora de esa comarca, salpicada de hielos y bosques milenarios que se reparten las regiones de Aysén y Magallanes, ocupando la última el 76%.

En el lugar, el Glaciar Pío XI, el más grande de América del Sur, es una excepción, mientras en el resto del mundo los glaciares retroceden, la mole blanca avanza.  Tiene una extensión de 1.265 km2, lo mismo de la Región Metropolitana, y aún sigue creciendo.  A sus pies, los témpanos, bellos testimonios de la fuerza modeladora de los hielos, se desprenden y pululan atónitos a los golpes incesantes de las olas.

Esto lo saben bien arquitectos, geógrafos e ingenieros que diseñaron su cara turística, con más de 12 expediciones al lugar. “Tras dos días de trabajo topográfico en Bahía Elizabeth, nos preocupamos, porque la embarcación no llegó por nosotros y quedamos completamente aislados. Al comunicarnos por el teléfono satelital, nos enteramos que hielos desprendidos del Glaciar Trinidad y del Pío XI habían sido arrastrados por el viento, obstaculizando la entrada al Fiordo Falcon y Eyre”, rememoró Álvaro Pérez, arquitecto encargado del diseño.

El clima severo y las condiciones cambiantes obligarán a los futuros visitantes a contar con comunicación satelital y seguros de rescate. Una arista de aventura que destacó la directora regional de Sernatur, Lorena Araya.

“La inmensidad y aislamiento del territorio permite avizorar que en el largo plazo, al ser un Área Silvestre Protegida, se mantendrá en el mismo estado salvaje e impenetrable. Lo que será un atractivo cada vez más escaso”, advierte Araya.

En esta primera etapa, la inversión de 54 millones de pesos consideró el diseño de las oficinas de administración del parque, un centro de visitantes de 300 m2, un sendero eco turístico de 20 kilómetros que unirá los sectores del Estero Reindeer con Bahía Elizabeth, y miradores con vista al impotente glaciar Pío XI, una mole blanca de 76 metros de altura, casi un edificio de 30 pisos.

Además contempla dos campamentos, tres embarcaderos y una señalética informativa y educativa que pondrá en relevancia los distintos aspectos bióticos, geográficos y patrimoniales del sector.

La ejecución de obras está programada para el año 2017 y Sernatur dispone de mil millones de pesos. “Es una inversión histórica que busca asentar las bases de un modelo de turismo que privilegia el conocimiento y la ciencia.  Es un área donde está todo por hacer y descubrir y donde sólo estará permitido el uso de materiales amigables con el entorno para la construcción”, aseguró Araya.

Asimismo precisó que el gran beneficiado será el poblado de Puerto Edén, el cual con el tiempo y el desarrollo de nuevas actividades turísticas, convertirá al poblado de apenas 100 habitantes en el “corazón” del parque. “Desde aquí pensamos se realizarán las logísticas asociadas a hospedaje, abastecimiento y centro neurálgico de las actividades turísticas”, indicó.

La inversión se enmarca en el Plan Nacional de Desarrollo Turístico Sustentable y que busca la puesta en valor de los Parques Nacionales, uno de los compromisos del Programa de Gobierno de la Presidenta Michelle Bachelet, donde se comprometió el impulso al desarrollo turístico sustentable en Áreas Protegidas.

Sernatur destinó 1.000 millones de pesos para habilitar el acceso a la reserva natural más grande de Magallanes y de Chile.  Tres embarcaderos, dos áreas de camping, 20 kilómetros de sendero, miradores y estaciones de observación son los primeros trazos para abrir al mundo, una de las bellezas ocultas de más espinoso acceso en la zona austral.