Necrológicas
  • Francisco Cárdenas Oyarzún
  • Silvia Cárcamo Guajardo
  • María Eugenia González Hernández
  • Juan Humberto Mellado Candia

Precipitaciones superaron el promedio anual en sólo dos meses

Por Elia Simeone Domingo 23 de Agosto del 2015
Noticias relacionadas

Compartir esta noticia
333
Visitas

 Por estos días las temperaturas rondan entre los -5ºC y -10ºC en la Región de Magallanes. Es, por eso, que las sugerencias de la Dirección Regional de Protección Civil y Emergencia indican algunas medidas de prevención para evitar el congelamiento en cañerías de agua y gas, así como tomar todos los resguardos necesarios al conducir vehículos o caminar sobre el hielo que se forma en las distintas calles y avenidas.

Esto, sumado a los fuertes vientos que rondan unos 100 kilómetros por hora, cuya máxima histórica alcanzó los 153 km/h, así como el hecho de que sólo durante 138 horas promedio al mes se ve la luz del sol, lo que equivale a un 18% anual. Podrían ser datos suficientes como para concluir que en esta Patagonia austral las condiciones climáticas para vivir son extremas.

Pero los números no muestran la realidad de esta bellísima zona del país, tan próxima a la Antártica, cuya mística e interés científico convoca a artistas, músicos, investigadores y ciudadanos comunes que añoran conocer el continente blanco. O que Punta Arenas, Puerto Williams, Porvenir, Puerto Natales y cada rincón de este lugar en el mundo está rodeado de cerros nevados, canales y el mar que entra a la tierra en sus distintos accidentes geográficos dibujando paisajes soñados.

Entonces la perspectiva de las cosas puede ser otra. Teniendo en cuenta un contexto global de tsunamis, ciclones, tornados, erupciones volcánicas, inundaciones, terremotos y múltiples catástrofes naturales, podemos decir que Magallanes y su clima forman parte de un hábitat privilegiado para miles de especies marinas y terrestres, así como también el ser humano.

Los vientos fuertes que muchas veces impiden que un avión aterrice en el Aeropuerto Carlos Ibáñez del Campo cumplen también la función de limpiar la tropósfera, y junto con otras características de la biota, hacen que este sitio contenga el aire más puro de todo Chile y, en Puerto Williams ,por ejemplo, el aire más limpio de todo el planeta. La temperatura -durante todo el año fría- es regulada por el mar y, por lo tanto, no existe tanta amplitud térmica, así como las lluvias mesuradas mantienen la tierra fértil. Sin embargo, el calentamiento global está modificando poco a poco este escenario.

 

Calentamiento

global en Magallanes

 

El experto en Climatología, Nicolás Butorovic, del Instituto de la Patagonia entrega algunas respuestas sobre las consecuencias del calentamiento global en Magallanes.

Antes que nada es necesario comprender que en la región conviven cinco tipos de clima: el templado frío con gran humedad, como por ejemplo el de Puerto Edén y Guarello con 7.730 mm de precipitaciones al año; el clima de Tundra isotérmico, como por ejemplo Evangelistas y Diego Ramírez; el clima Transandino con degeneración esteparia con lluvias de entre 1000 y 500 mm/año que abarcaría la ciudad de Punta Arenas. El clima de Estepa frío con una amplitud térmica más acentuada y una pluviometría relativamente baja, y por último el clima de hielo por efecto de altura que abarca los campos de hielo y todo el cordón cordillerano y sistemas montañosos regionales.

Los datos obtenidos en los últimos 40 años muestran que el calentamiento global afecta a la región principalmente en dos eventos: primero, el aumento de precipitaciones durante el invierno y la drástica disminución en verano, lo que acarrea enormes consecuencias para el ganado por la falta de alimento. Desde 1990 el promedio de precipitaciones en Punta Arenas ha ido aumentando, con picos que superan los 600 mm. En el transcurso del presente 2015, en tan solo los meses de junio y julio se llegó al 90% del promedio de lluvias anual.

En el 2013 hubo un récord de precipitaciones llegando a los 709 mm y una temperatura máxima de 29 grados en el mes de enero. Según Butorovic, estos eventos extremos son un reflejo del cambio climático.

Sin embargo, el aluvión que provocó el desborde del río las Minas, ocurrido en marzo de 2012, así como el llamado “terremoto blanco” de 1995 tienen una explicación más compleja. Se trata de una masa de aire proveniente del Atlántico que abarca unos 500 kilómetros con presiones muy fuertes, que provocan un bloqueo de las corrientes del pacífico, de acuerdo a la explicación de Butorovic. Esa combinación es la peor para Magallanes, ya que genera lluvias incontrolables. Estas condiciones, sumado a la falta de drenaje del río, provocó el desborde con graves consecuencias para la población. “Aunque es probable que en unos 10 años estas condiciones se vuelvan a repetir según las estadísticas, el hecho de que se hayan implementado políticas de limpieza constante del río, aunque costosas, van a garantizar, que los resultados no sean perjudiciales para la ciudadanía”, advierte.

 

Instrumentos de medición

 

Para definir el clima de un lugar, es necesario realizar mediciones al menos durante 10 años. Por eso la Estación Climatológica Jorge Schythe, ubicada en Instituto de la Patagonia de la Universidad de Magallanes, cuenta con instrumental meteorológico tradicional y automático, y opera en convenios con la Dirección Meteorológica de Chile (DMC), la Dirección General de Aguas (DGA) y Patagonia Research Foundation (PRF).

Así por ejemplo, la temperatura se mide con termómetros de mercurio normales, un termómetro de mercurio de máxima y un termómetro de alcohol etílico con testigo para la temperatura mínima. Otro de los instrumentos para medir la humedad es el higrotermógrafo que registra la temperatura y la humedad en forma simultánea y continua, de manera que queda un registro de las oscilaciones de estas variables en el tiempo. Se dispuso también, dentro del cobertizo meteorológico, de un termómetro de mercurio de bulbo húmedo para el registro de la temperatura del aire saturado. Con esta variable se obtiene y se le da precisión a la medida de la humedad relativa.

Las precipitaciones se miden con un pluviómetro tipo Hellman y con un pluviógrafo del mismo tipo. Y las horas de sol se registran mediante un heliógrafo.

La radiación global (directa más difusa) se midió con un actinógrafo de placa bimetálica, cuyo rango de registro, dentro del espectro electromagnético solar, está comprendido entre los 0,35μ m y los 3μ m aproximadamente y corresponde a la radiación global recibida en una superficie horizontal.

El viento se mide con un anemógrafo Belfor, ubicado a 10 m s.n.s., el cual documenta en forma continua la velocidad y la dirección. El registro muestra detalles de las variaciones de este vector en su velocidad y dirección en forma simultánea, pudiendo apreciarse con una exactitud aceptable la hora de los eventos instantáneos importantes, como las rachas máximas diarias, duración de temporales de viento. De aquí se extrae el valor medio horario y la velocidad predominante en esa hora, conformando así una serie anual de tiempo de unos 8.760 datos de velocidad e igual número de datos de dirección.

Con todas estas herramientas, Nicolás Butorovic, elabora diariamente una planilla que lleva el registro climatológico desde 1970, cuyos datos se cruzan con los de la Armada y el Servicio Meteorológico del Aeropuerto Carlos Ibáñez del Campo, y son enviados a Estados Unidos para la elaboración de un modelo que se rige a través de las normas mundiales, que permiten estudiar el clima en todo el planeta.

Si bien el calentamiento global afecta en forma paulatina a la región, todavía estamos en un sitio privilegiado donde el frío, las lluvias y la nieve, se convierten en anécdotas, dentro de un hermoso paisaje, siempre y cuando se lleven a cabo las políticas correctas para mejorar las condiciones de vida de aquellas personas que no tienen acceso a un buen sistema de calefacción, o los recursos para moverse con las condiciones seguras y adecuadas, en una ciudad donde en ciertas épocas del año, las calles son pistas de patinaje sobre hielo.