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“Que hijos y familiares seamos los únicos que recordamos, es una vergüenza”

Por La Prensa Austral Sábado 24 de Diciembre del 2016

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Marcela Meza Lagos, hija de porvenireña asesinada en dictadura, lamentó que no exista una institucionalidad sobre DD.HH.

La también nieta del juez de Porvenir de los años ‘60, Jorge Lagos Rivera, reside actualmente en Suecia, donde su familia se exilió tras el golpe militar de 1973.

Por Félix Iglesias M.

feligman@gmail.com

Para buscar su pasado y recuperar los pasos de su mamá en Tierra del Fuego, la recordada socia del Club Fueguino y ex funcionaria de la Municipalidad de Porvenir y más tarde, del Palacio de La Moneda, Gloria Lagos Nilsson, llegó hasta la capital fueguina su hija, Marcela Meza Lagos. La también nieta del juez de Porvenir de los años ‘60, Jorge Lagos Rivera, reside actualmente en Suecia, donde su familia se exilió durante la dictadura.

Todo ello porque Gloria Lagos Nilsson fue detenida en su hogar de Santiago el 26 de agosto de 1974 y pese a estar embarazada de tres meses, fue víctima de crueles torturas por agentes del Estado y nunca más se supo de ella. Un tema doloroso que Marcela recuerda como una serie de cruentos sucesos vividos en su momento, pues para entonces tenía 8 años y sufrió cuando la mamá fue sacada con extrema violencia desde el hogar.

Marcela Meza Lagos era muy niña (no más de 4 años) cuando vivía en Porvenir, por lo que el deseo de recuperar parte de su pasado topa con el velo de la memoria infantil, aún cuando le queda la satisfacción de haber estado en suelo fueguino y haber hecho parte de los recorridos que eran habituales de su madre. Sintió la pena de no poder recordar más de esa infancia, salvo unas florcitas blancas que crecen en a berma del trayecto entre el centro de Porvenir y la población Aguirre Cerda.

Adelantada a su época

En su periplo isleño la acompañó el autor de varios documentales de la historia reciente en Chile, Luis Díaz Bahamóndes, quien centrará su nuevo trabajo en el caso de Gloria Lagos y de su familia. “Mi madre era una mujer muy poco convencional para la época, se casó muy joven, tuvo tres hijos, se separó de mi padre y se fue a Santiago con una fuerza e independencia y un sentido de lucha que para la época y para las mujeres, no era muy común”, detalla doña Marcela.

Esa fuerza, su solidaridad y empatía son rasgos característicos de su mamá, que Marcela constató en los relatos de muchas personas que la conocieron. Respecto a su desaparición, cree que aún falta mucha justicia en su caso y tantos otros, pese a que a 40 años de los hechos, se sigue condenando a violadores de derechos humanos y a autores de crímenes de lesa humanidad.

“Son condenas vergonzosas, porque la justicia ha tardado mucho, ha sido deficiente y mezquina con los familiares, pero igual se sigue condenando. Creo que como sociedad estamos muy dañados y hemos tratado de seguir construyendo hacia adelante sin mirar el pasado y es uno de los errores más táctiles que tenemos, porque no podemos construir futuro sin hacerle frente al dolor y a nuestra historia”.

Una sociedad dañada

“Por eso, la memoria es el eje moral de la construcción y del respeto a los DD.HH. y el gran horror que se vive y que nos impide a los familiares, como colectivo social, poder seguir adelante, es que haya tanta gente que sabiendo o habiendo tenido participación en esos delitos, vive su vida como si nada. Y es porque la justicia se ha aplicado ‘en la medida de lo posible’. Y la justicia o es blanca, o es negra. Los tonos grises no existen, porque la moral y la ética es lo que es, y estas personas que aún andan libres, incluso las que están pidiendo libertades condicionales, es una vergüenza y demuestra el daño moral que hay en la sociedad y en los DD.HH.”.

“Que las familias, los parientes, los hijos seamos los únicos que estamos constantemente recordando o siendo este eje moral, también es una vergüenza. Que debamos ser nosotros los que estamos pendientes de los casos, insistiendo en tribunales, abriendo causas, en lugar que sea institucional. Han abierto proyectos, pero son insuficientes para el daño que se hizo en Chile”.

Por lo planteado, Marcela Meza considera que a nivel educacional -donde está la base del futuro- “debe haber un ramo obligatorio sobre moral, educación cívica y DD.HH., que debe empezar en la niñez y para eso se debe cambiar la mentalidad de los padres, creando las nuevas generaciones con conciencia social y con conciencia de nuestra historia, para que nunca más”. También tuvo palabras para la globalización, apuntando que las economías mundiales son las que hoy están dirigiendo la sociedad en la mayor parte de los países del orbe, acusando que “están destruyendo las culturas”.

“Estamos desarrollándonos para bien, pero también estamos perdiendo ejes importantes. Esto es algo global: creo que como especie, como raza humana, estamos perdiendo algo importante. El dinero está mandando todo y el resultado es que los DD.HH. se siguen violando de la manera más horrorosa en diferentes partes del Mundo y el ejemplo más claro es el Medio Oriente, con las catástrofes humanas irreparables”.

Respecto a su visita a Tierra del Fuego, donde su mamá contrajo matrimonio y donde ella misma se crió en su primera infancia (nació en Punta Arenas), Marcela dijo que esa búsqueda fue “desgastadora, para ser sincera. Ahora tengo que procesarlo de manera intelectual y emocional. Me voy con la sensación de que he cumplido una misión”.

“Pero emocionalmente todavía no entiendo la magnitud de lo que es haber estado acá… pero me voy con la misión cumplida. Me van a volver a ver cuando hagamos masivo el documental que está creando nuestro documentalista, ‘Hasta Encontrarte’”. Con mucha entereza, pese al dolor y a su extenuante recorrido por Porvenir, la visitante agradeció ese leve roce con su pasado materno cumplido durante la jornada del domingo pasado en la isla austral.