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“Sólo estoy pidiendo el acceso a la calle y al agua de la vertiente para los vecinos”

Por La Prensa Austral Miércoles 30 de Septiembre del 2015

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“A mí lo que me preocupa es la conectividad para los vecinos porque hay muchos afectados, necesitamos que abran la calle como ha sido toda la vida y la gente tenga acceso a la vertiente para que pueda consumir el agua que ahí brota”, reafirmó este martes la presidenta de la junta de vecinos Nº22 Mateo de Toro y Zambrano, Luisa Quezada, ante la necesidad de que se intervenga definitivamente el tramo de calle Abate Molina que colinda con el río de la Mano, en el barrio Sur y que se genere ahí la disposición de una pasarela que reconecte el sector afectado hace unos años por el desborde del zanjón.
Junto con ello, recalcó que su preocupación no es precisamente el grupo de familias que llegó a vivir a ese sector, sino el caso de los demás vecinos y especialmente dos personas de escasos recursos y en situación de discapacidad, que viven solas y dependen de la vertiente del sector para la obtención de agua, ya que no cuentan con servicio potable en sus hogares. “Sólo me interesa que abran esa calle, además estoy haciendo trámites para ver si les pueden colocar los servicios a estas dos personas, porque les cuesta mucho ir a buscar agua a esa vertiente. Estoy esperando que me llame una funcionaria -de Aguas Magallanes- para plantearle el tema y ver cómo podemos buscarles una solución”.
Autoridades
Cabe recordar que las inquietudes de la dirigenta llegaron hasta algunas autoridades pero las respuestas no la han dejado satisfecha, especialmente en lo referido a la solicitud de una pasalera. Al respecto el secretario regional ministerial de Obras Públicas, Ricardo Haro, señaló recientemente que “no podemos intervenir y tampoco es competencia del Ministerio montar una pasarela en el sector”. Ante lo indicado por el seremi, Luisa Quezada replicó de inmediato. “Primero él me dijo que sí, y ahora esta nueva respuesta me molestó, porque si me hubiera dicho que no tienen mayor injerencia, uno entiende. Pero no que diga ‘no, no, no, si yo voy a ir para allá’ y al final no pasa nada. Alguien tiene que ver eso”, insistió.
En cuanto a las familias que viven al borde del río, en el área donde ya los vecinos no pueden acceder, días atrás el seremi de Bienes Nacionales Víctor Igor señaló se está verificando si es posible regularizar estas casas construidas en zona de riesgo. “Para nosotros como gobierno, lo primero son las personas, y por su resguardo y seguridad estudiaremos con detención esta situación”.
Desde Serviu, la directora regional Hina Carabantes clarificó que si bien el servicio no tiene atribuciones en este tema puntual, “nosotros sólo podríamos abordar el aspecto de la carencia habitacional de estas personas y qué posibilidad tienen de acceder o postular a algunos de nuestros programas. Por consiguiente, ellos tendrían que acercarse al Serviu para manifestar su interés en alguna de esas postulaciones”.
Al respecto, Luisa Quezada indicó que “en cuanto a las autoridades, todos se tiran la pelota, al final ninguno soluciona nada.  Hasta ahora las he hecho todas, fui a preguntar si podía cortar el alambre pero me dijeron que no, porque ayer encontré por ahí a uno de los discapacitados, andan por las casas pidiendo agua y no todos les quieren dar porque es cara. Y con respecto a las personas que viven ahí -al borde del río-, yo no estoy en su contra, no los conozco y mi intención tampoco es hacerles daño. Sólo estoy pidiendo el acceso a la calle y al agua de la vertiente para los vecinos”, finalizó.
Residentes al
borde del río
A fin de confirmar las versiones iniciales de este caso, este medio acudió en un par de oportunidades al lugar en el que se emplazan las viviendas colindantes al río, lográndose ayer la interacción con una de las residentes, no pudiendo concretarse en definitiva una entrevista formal con alguna de las familias.
Sólo se logró desprender de lo conversado la molestia que los aqueja por no haber sido contactados por la dirigenta para saber por qué están ahí y cómo viven. Lo anterior, tomando en cuenta que a diario han debido lidiar con el basural en que se ha transformado la calle Abate Molina -llegando hasta el río-, teniendo estas familias que asumir la limpieza sin éxito, ya que rápidamente todo queda igual. Todo esto, sin ayuda de la junta vecinal o de otros intervinientes.
De momento, resta ver en qué se traducirán los requerimientos de accesos tanto al agua de la vertiente como a calle Abate Molina y la respuesta de Aguas Magallanes a la solicitud de la dirigenta, para brindar agua potable al menos, a los dos vecinos en situación de discapacidad y escasos recursos.