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Taller de fecundación in vitro provocó masivo interés y participación de estudiantes de enseñanza media

Por La Prensa Austral Sábado 21 de Mayo del 2016

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– Casi medio centenar de alumnos de diferentes liceos y colegios de Punta Arenas se inscribieron voluntariamente y desarrollaron cinco sesiones de trabajo en el Laboratorio de Biología Celular de la Facultad de Ciencias de la Salud de la Umag, bajo la supervisión de los biólogos marinos Nicolás Cofré y Sebastián Menéndez.

El interés por participar en este taller fue tal que el docente a cargo, Nicolás Cofré, espera repetir la experiencia con estudiantes de Porvenir y Puerto Natales

“Con Sebastián Menéndez trabajamos hace varios años y surgió la idea de hacer un laboratorio más riguroso, no tanto charlas, que los chicos escuchen, sino que trabajen como científicos, que estén acá y sepan las normas”, explicó Cofré

Un lugar común de una trivial conversación es afirmar que los chicos de hoy pierden el tiempo en el computador, la tablet, el celular y que sólo ven “leseras” en la tele; que sus intereses no van más allá de lo superficial y que no tienen iniciativa para aprender. Quizás en muchos casos esa premisa pudiera tener algo de asidero. Pero también hay ejemplos en el sentido opuesto: niños y jóvenes atentos a cualquier instancia para nutrir y ampliar sus conocimientos, y no quedarse solamente en lo que ven en las aulas de sus colegios.

Fue lo que sucedió con el mini curso de Biología Celular e Histología “De la célula a los tejidos”, que impulsó Par Explora Magallanes y Antártica Chilena, y que se desarrolló en el Laboratorio de Biología Celular de la Facultad de Ciencias de la Salud, de la Universidad de Magallanes. El llamado a participar era para todos los estudiantes de enseñanza media de Punta Arenas. Y la sorpresa fue grande cuando rápidamente, comenzaron a llegar inscripciones, tanto así que al final, 48 estudiantes participaron del taller, quedando muchos, fuera. Hasta el docente a cargo, el biólogo marino Nicolás Cofré, quedó sorprendido: “haber decidido venir a hacer un taller de ciencias, por voluntad propia durante el tiempo libre, igual lo encuentro descabellado, no sé si yo lo hubiese hecho”.

Lo cierto es que el tema captó de inmediato el interés de los jóvenes científicos, sobre todo porque iban a poder conocer un laboratorio con implementación de punta, y poner en práctica lo aprendido en las salas de clases. Pero lejos, lo que más interesó, fue que iban a concluir el curso realizando una fecundación in vitro. “Vamos a hacer vida”, fue lo que más repitieron entusiasmados, los alumnos tanto al profe Cofré como a sus colegas, Sebastián Menéndez y Vanessa Soto.

En las cinco sesiones que tuvieron, los estudiantes aprendieron que la célula es la unidad básica de la vida, y que se divide hasta formar un organismo. Nada que hasta ahí no hayan visto en sus respectivas clases de biología, pero muy distinto es poner los ojos en uno de los modernos microscopios del laboratorio. La emoción que cada uno de los chicos sintió fue llamativa para los encargados del taller.

“El taller inició por una idea de hacer algo más masivo para los jóvenes, de que pudieran ver la materia que pasan en el colegio, pero de una manera diferente. En general, en la universidad se hacen este tipo de cosas, pero es muy ajeno a la comunidad. Entonces quisimos hacer un taller desde las células, empezar con algunas cosas más básicas, hasta llegar a la fecundación in vitro. Ahora les mostramos unos tejidos humanos y de animales en las placas, para que ellos puedan conocer lo que siempre escuchan y nunca ven. Es más fácil que mantengan una visión de algo que miraron, aunque sea una vez, que algo que te digan eternamente en el colegio”, recalcó Cofré, durante la sesión del viernes de la semana recién pasada, en la que los alumnos hicieron una fecundación in vitro.

Este trabajo tuvo que circunscribirse a las normas básicas de un laboratorio, otro aspecto importante, ya que los estudiantes debieron adoptar todas las medidas: las niñas usar el pelo tomado, andar siempre con el delantal puesto, lo mismo que con los guantes. Lavarse regularmente las manos y cuidar la implementación.

El proceso de crear vida

Tras las clases teóricas, que se realizaron todos los viernes, llegó el momento de aplicar lo aprendido. La fecundación in vitro de un molusco de la especie Nacella magellanica, conocida popularmente como maucho. Nicolás Cofré explicó que en el proceso, los alumnos “primero extrajeron el animal, luego sacaron el cuerpo blando de la valva, cortaron alrededor del manto, que es lo que cubre todo lo interno, sacaron las gónadas, las separaron y se diluyeron en agua estéril, agua de mar filtrada. Después se filtraron las gónadas femeninas para que quedaran los huevos sueltos. Posteriormente hicieron un conteo, porque si se ponen muchos espermios, no funciona. Después se coloca 1ml y se espera a que haya fecundación, lo que ocurre de inmediato. Después se nota que está la célula, que empieza a dividirse, cuatro, en ocho y así se forma la vida”, detalló el docente.

Claro que el resultado no fue en todos los casos, exitoso, y tampoco automático. Es parte del aprendizaje. Y quienes sí pudieron concretar la fecundación tendrán que esperar unos cincuenta días para ver a un ejemplar juvenil de maucho.

Futuros científicos

Obviamente, cada uno de los 48 participantes, divididos en dos grupos, tuvo una motivación particular para inscribirse, pero en el fondo, todos apuntan a su interés por la ciencia. Por ejemplo, José Manuel Alfaro Droguett, alumno del primero medio A del Liceo Experimental de la Umag recordó que “investigué en internet sobre talleres de biología, algo así y como apareció uno en la Umag, me pareció interesante, ya que estos talleres son divertidos y uno puede aprender, son didácticos”. Y sus expectativas se cumplieron, porque “todas las clases, sin excepción, hemos trabajado con microscopios, para ver cosas que a simple vista no se pueden apreciar, es interesante”, destacó.

Incluso, el taller fue una instancia para compartir con amigas. Fue lo que pasó con Acsia Vidal, alumna de tercero medio en el Liceo Nobelius. “Una compañera me mostró el taller en una página, y como a mí me gusta la biología, decidí venir. Además que vinieron mis mejores amigas, así que igual fue una motivación. Me pareció súper innovador, algo que en mi colegio no había hecho, porque no tenemos los mismos implementos que hay acá y también los profes son súper buenos, van explicando detalladamente y uno aprende mucho, complementando con lo que se estudia en el colegio”, comentó la estudiante de 16 años, que apunta a seguir la carrera de Medicina.

A su vez, Victoria Soto, alumna de segundo medio en el Liceo María Auxiliadora, supo de este minicurso porque “estaba averiguando en la página de Explora, que la visito periódicamente, vi el taller, y me inscribí inmediatamente. Me atrae mucho esto de la biología y es una de mis pasiones. Es mucho mejor de lo que me imaginaba, porque ya tenemos esto de sistema para trabajar, un orden estricto, porque si no, puede que resulte mal. Y como es tan estricto, uno debe estar muy pendiente del trabajo que hace”.

¿Y cómo te fue en el laboratorio? “El experimento resultó bien, pero una clase la tuve que volver a realizar, porque me perdí con los tiempos y conté mal. Tengo alguna experiencia en laboratorio porque en el liceo tenemos implementos similares, pero acá hay algunas cosas más avanzadas y unos reactivos y químicos que no habíamos usado”, reconoció la alumna, que planea estudiar la carrera de Bioquímica.

Finalmente, Liliana Gutiérrez, de 16 años y estudiante de tercero medio en el Colegio Nobelius manifestó su alegría por la experiencia, “porque uno ve cosas, pero no se las imagina cómo son realmente. Y a mí siempre me ha llamado mucho la atención todo lo que es la biología, las células, y aparte es divertido, porque la implementación que tenemos en mi colegio no tenemos unos microscopios de este nivel, que son de última tecnología, súper buenos y avanzados, y me hace ver las cosas de una manera distinta. Uno imagina que porque los animales o plantas son más grandes, no pueden estar formados por cosas más pequeñas, pero es como que de lo pequeño viene lo más grande”.

La reflexión final de la estudiante sintetizó todo este espíritu: “Uno sabe más o menos, pero todo lo ve en los libros, y ver una fecundación en un libro a verla en vivo y realizarla, produce cierta emoción, y yo al menos me siento muy emocionada de hacerlo, porque me llamaba mucho la atención, es demasiado genial”.