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Una arquitectura consentida y una guía para el visitante curioso

Por La Prensa Austral Domingo 29 de Enero del 2017

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Cada espacio cerrado fue perfectamente organizado para dar vida al mundo productivo y autónomo.  Cascos, galpones, garajes, pesebreras, viviendas siempre quedaron dispuestos hacia la caza del sol y para evitar los vientos frontales.

En toda la región, las estancias son autónomas, comparables a las pequeñas polis griegas por su capacidad de autoabastencimiento. 

Desde un primer momento, el diálogo inteligente entre la arquitectura y el paisaje quedó expresado en la funcionalidad y sencillez de las construcciones. 

Muchas contaron con pequeños puertos; hubo otros más grandes como el muelle de San Gregorio que sacó su producción lanar de manera directa hacia Londres y Buenos Aires.

Cada vivienda tenía su rol y estaba orientada acorde al espacio y al tiempo de funcionamiento, con estratificaciones laborales claras.  De esta forma, la casa del administrador tenía una vista de dominio, un lugar de poder desde donde controlar el funcionamiento general del asentamiento, proyectando así una imagen de autoridad y respeto. Luego venían las viviendas de empleados y más abajo las que ocupaban los oficinistas.  La de los obreros permanentes, se ubicaron cerca del galpón de esquila. 

De todos, el asentamiento ganadero más grande que existió en toda la región fue la Sociedad Explotadora de Tierra del Fuego que logró una concentración de tierra que superó las 3 millones de hectáreas, entre los años 1893 y 1973, cuando la Reforma Agraria puso fin a su extinción legal.

En toda la región de Magallanes, existen estancias que formaron parte de ese núcleo ganadero y agrícola que son parte del patrimonio industrial de la zona austral de Chile.