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Justo Vargas Barrientos, destacado dirigente deportivo y de varias instituciones: “Uno se siente gratificado de que generaciones de niños que formamos hoy son hombres y mujeres de bien”

Por La Prensa Austral Domingo 16 de Julio del 2017

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Justo Segundo Vargas Barrientos, representa de alguna manera a los descendientes de los pioneros que arribaron un día a Punta Arenas, procedentes del archipiélago de Chiloé en busca de mejores horizontes. Hijo de Justo Linbano y de María Elsa, una pareja padres de cuatro niños: Ana, Lucila, Justo y Sergio, este último ya fallecido, dedicados por entero a la agricultura para poder subsistir, residían en la localidad de Quenac y un buen día decidieron emigrar hacia la Patagonia, dedicándose el jefe de familia a las labores de estancia.

Las añoranzas de Justo Segundo, lo llevan hacia el barrio donde nació:

“Mis padres llegaron recién casados a Punta Arenas y aquí nacimos los cuatro hermanos pasando nuestra niñez en nuestra casa de Boliviana Nº35 del querido barrio San Miguel. Eran los tiempos en que recién se levantaba el sector fiscal de la entonces población 18 de Septiembre”.

“Yo, era un niño muy inquieto y recorrí el barrio San Miguel de arriba abajo y de abajo arriba. De familia profundamente católica participé siempre en las distintas actividades parroquiales. También en el deporte donde particularmente recuerdo a Vladimiro Mimica, nuestro vecino de calle Arauco y compañero de esa vieja escuelita particular N°5 de la señora Sara Barría, ubicada en calle Arauco Nº162”.

“Pasamos de la pelota de trapo al balón de fútbol y San Miguel fue la cuna de grandes jugadores aportados al Club Deportivo Magallanes, como Nolberto Aguilar, ‘Reñaca’ Mansilla, Néstor Cárdenas, ‘Cometocinos’ y otros”.

“Un hermoso deporte y entretenimiento invernal era los trineos, para lo cual los niños ocupábamos las pendientes preferidas de las calles Paraguaya y Bellavista llegando en su deslizar hasta la Avenida España, sin contratiempo alguno”.

“¡Qué tiempos aquellos! En que se hacía el pan de casa, pero también se adquiría el pan a un panadero que recorría las calles con un carro tirado por caballo, al igual que el lechero, el afilador de cuchillos, el tapahuecos que soldaba ollas y teteras. Se perdieron para siempre los zapateros, los sastres y los peluqueros que había en el sector. Uno de ellos estaba ubicado en Avenida Independencia esquina calle Zenteno, el cual aplicaba a los niños su corte favorito: el colegial”.

“Había que contribuir a la economía del hogar y uno de los trabajos de niño que se podía realizar en la temporada, era en la esquila. Allí se reunía algunos pesos para llevar a la casa. Pero existía otra opción: vender el diario. Existía un problema: no podíamos los pequeños recibir la Prensa Austral directamente de la oficina de entrega y debíamos hablar con Mario Lanza, Mario Arteaga o un señor Barrientos, que redistribuían los ejemplares, entregándonos a cada uno del grupo de chiquillos ‘canillitas’ 100 o 250 publicaciones las que vendíamos en su totalidad recibiendo un porcentaje de venta. Los fines de semana concurríamos al foyer del cine Cervantes, donde sábado y domingo, nos entregaban los diarios de la capital para también venderlos por los distintos barrios de la ciudad”.

De su escuelita de Sara Barría, Justo Vargas pasa a estudiar al Liceo San José. Allí tiene de compañeros a quienes serían a futuro grandes personajes como Fernando Ferrer Fernández. Era también su compañero de colegio, pero no de curso, el padre Alejandro Goic, con el cual se encontró posteriormente en la Parroquia de Fátima. “Todos los alumnos lo admiraban por considerarlo un súper dotado que podría haber sido el mejor profesional en lo que él hubiera elegido, pero él prefirió abrazar la religión”.

“Yo, como todo joven soñaba con tener una profesión para poder aportar al bienestar familiar. Egresado de la enseñanza, comencé a trabajar en la notaría de Jorge Veloso, de calle Fagnano Nº671. Me mantuve allí por treinta y cuatro años con diferentes notarios, y por mi sistema de atención al público, de mucha deferencia y gentileza, me hice de grandes amistades de varias generaciones, por haber prestado mis servicios a los abuelos, a los hijos y finalmente a los nietos”.

 

En el deporte

 

“Por el año 1950 se levantó la población 18 de Septiembre y más o menos en el año 1957, con varios jóvenes de la época, nos dimos a la tarea de fundar un club deportivo que bautizamos naturalmente como ‘18 de Septiembre’. Fue su primer presidente Amado Vargas Soto. Viajamos con el club en una gira nacional, desde Puerto Montt a Santiago con un total de 25 personas, gracias a nuestros propios esfuerzos, con fondos recolectados en un tijeral realizado en calle José Gregorio Argomedo”.

“En el año 1962 nació el Boxing Club, rama de boxeo de la institución. Mi hermano Sergio boxeaba en la categoría mosca, siendo campeón de Magallanes y representó a la región en un nacional realizado en la capital. Yo lo acompañé y me interesé de sobremanera por este deporte. Partí siendo secretario del club y luego Luis Otey, que fue campeón regional, me llevó a la Asociación de Boxeo de Magallanes, donde estaban Carlos González Yaksic y José Perich. Con el paso de los años organicé veladas de box e incluso subí al ring como anunciador de los encuentros, llegando a ser promotor de boxeo, reconocido por la Asociación Chilena de Boxeo”.

“A los 27 años me picó el bichito del amor y contraje matrimonio con Susana Aguilar Barrientos, a quién conocí a través del deporte, por ser hermana de Nelson ‘Pinocho’ Aguilar, destacado futbolista y de Rubén ‘Gringo’ Aguilar, del ambiente tuerca, con el que iniciamos un club que bautizamos como “Peña Pingüino Competición”. Viajamos hasta Río Grande, Argentina. Fue cuna de grandes del automovilismo como Gerónimo Ravena, Javier Barría y Simón Vukovic”.

Con mi mujer tuvimos cuatro hijas, Janet, Cecilia, Marisol y Roxana, y la descendencia continúa con 10 nietos que conforman una familia que nunca me ha permitido sentirme solo. Tuve el orgullo que mi hija mayor, a la edad de cinco años, desfilara como abanderada del Club 18 de Septiembre en las ceremonias que se realizaban en la cancha de tierra de aquel entonces”.

Justo Vargas también incursionó en la imprenta, cuando su hermano Sergio, que había estudiado esa profesión en el Instituto don Bosco, falleció. Justo debió entonces asumir el funcionamiento de este taller que se ubicaba en la calle José Gregorio Argomedo, de la población 18 de Septiembre.

Hoy, Justo Segundo Vargas Barrientos está aquejado de un problema de salud que no le permite desplazarse tan fácilmente como antes. Nos entrega una conclusión de su existencia:

“He tenido muchas satisfacciones en mi vida, fui presidente de la Juventud Obrera Católica, presidente del Centro de Padres y Apoderados del Liceo María Auxiliadora. Trabajé para candidaturas a reina. El barrio San Miguel tuvo dos reinas de la primavera. Una de ellas ‘Choche’ Oyarzún, cuyo rey feo fue Efrén Hernández. La otra, aunque pertenecía al barrio Cerro de la Cruz, Gabriela Miranda, fue apoyada por San Miguel por cuanto sus padres vivía en la esquina de las calles Arauco y Patagona. También fui presidente de la Confederación Deportiva de Magallanes. Todo lo hice “por amor al arte”. En esta etapa de mi vida, me complace de sobremanera ver y comprobar que algunas generaciones de niños que formamos en las distintas actividades en las cuales estuvimos involucrados, hoy desempeñan diferentes funciones y son hombres y mujeres de bien. Con eso, uno se siente totalmente gratificado”.