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Ambientes tóxicos y cultura del descarte

Alguna vez, todos hemos pasado por la terrible experiencia de tener que vivir o trabajar en ambientes tóxicos, ambientes emponzoñados por la envidia, la maledicencia, la exclusión, el ninguneo o la discriminación. En fin, es larga la lista de productos tóxicos que pueden salir de un corazón humano contaminado. No es fácil resistir a esas ponzoñas tóxicas y trabajar en purificar tales ambientes, pero es necesario para la sobrevivencia.
[…]

Por Marcos Buvinic Domingo 24 de Enero del 2016

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Alguna vez, todos hemos pasado por la terrible experiencia de tener que vivir o trabajar en ambientes tóxicos, ambientes emponzoñados por la envidia, la maledicencia, la exclusión, el ninguneo o la discriminación. En fin, es larga la lista de productos tóxicos que pueden salir de un corazón humano contaminado. No es fácil resistir a esas ponzoñas tóxicas y trabajar en purificar tales ambientes, pero es necesario para la sobrevivencia.
Algo similar ocurre con la contaminación tóxica que produce la cultura del descarte y su acumulación de basura, más todavía cuando se producen situaciones como la ocurrida en Santiago con el deslizamiento e incendio en un vertedero de basuras. No es fácil resistir al hedor y el humo tóxico del incendio de un basural, pero para la sobrevivencia es necesario trabajar en purificar ese ambiente.
Así, en nuestra sociedad queda en evidencia un doble problema, que son como las dos caras de una misma moneda: es la cultura del descarte que anula o excluye personas en ambientes de convivencia humana contaminada, y que también acumula desechos enterrando el problema de la basura hasta que su toxicidad hace difícil respirar y vivir.
En la cultura del descarte, “se producen cientos de millones de toneladas de residuos por año, muchos de ellos no biodegradables: residuos domiciliarios y co­merciales, residuos de demolición, residuos clíni­cos, electrónicos e industriales, residuos altamen­te tóxicos y radioactivos. La tierra, nuestra casa, parece convertirse cada vez más en un inmenso depósito de porquería”, dice el Papa Francisco en su carta “Laudato Si”, sobre el cuidado de la Creación. Es fundamental darnos cuenta, como señala el Papa Francisco, que “el ambiente humano y el ambiente natural se degradan juntos, y no podremos afrontar ade­cuadamente la degradación ambiental si no pres­tamos atención a causas que tienen que ver con la degradación humana y social”.
La degradación de la convivencia humana en los ambientes tóxicos de la corrupción, de las colusiones, de los arreglines, etc., y la degradación del ambiente natural que intoxica y destruye nuestra casa común son los dos rostros de la cultura del descarte: se descartan personas y valores, y se descarta la naturaleza haciendo de nuestra tierra “un inmenso depósito de porquería”.
La necesaria purificación de los ambientes humanos  y del ambiente natural, pasa por un cambio profundo en nuestro modo de vida. Pasa por el desarrollo del sentido ético en todas las formas de relaciones humanas, y por el desarrollo de una solidaridad nueva en el cuidado de nuestra casa común.
Es una tarea de todos. Una tarea de las autoridades y una tarea de cada uno en su hogar y en su lugar de trabajo, para ir pasando de una cultura del descarte a una cultura del reciclaje que va recuperando personas descartadas y reutilizando los bienes que desechamos sin percibir que esa cantidad de basura va destruyendo nuestra calidad de vida.