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Eligen a la película chilena “Rara” entre las mejores cintas latinoamericanas del año

Por La Prensa Austral Domingo 25 de Diciembre del 2016

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El Espectador, la revista de cine latinoamericano del diario español El País, ha elegido las mejores películas de 2016 en la región. La lista, compuesta por largometrajes de ficción y documentales, está compuesta por óperas primas y obras de cineastas consagrados en sus países. Las ocho películas reflejan temáticas muy políticas que son retratadas de diferentes formas. Desde conflictos por la tierra en la Amazonía peruana pasando por el drama de los desaparecidos en la dictadura argentina hasta historias de amor homosexual en Chile y México. La visión de estos cineastas forma parte del impulso vital que vive el cine latinoamericano en la actualidad.   

– Argentina: “La larga noche de Francisco Sanctis”, de Andrea Testa y Francisco Márquez

Andrea Testa y Francisco Márquez estrenaron “La larga noche de Francisco Sanctis”, la película de bajo costo que mejores críticas ha recibido en Argentina y que resultó triunfadora en el festival de cine independiente de Buenos Aires (Bafici). También fue invitada a participar en la competencia oficial de Cannes. El tal Francisco Sanctis (interpretado por Diego Velázquez) es un empleado administrativo de clase media al cual la última dictadura militar (1976-1983) le pasa por al lado. Un día recibe un llamado de una vieja compañera del colegio y se encuentran. Así llega a sus manos un papel con el nombre de dos personas que deben ser detenidas y desaparecidas esa misma noche. El conflicto interno que se genera en Sanctis es la trama de esta historia basada en la novela publicada por Humberto Costantini en 1984. El eje de la obra del escritor es hacer lo correcto aunque para ello se tenga que enfrentar a los poderosos.

– Bolivia: “Viejo calavera”, de Kiro Russo

Ahora que su padre ha muerto, nadie quiere hacerse cargo de Elder Mamani. Sólo queda la mina, su padrino y la casa de su abuela. La cinta es toda una experiencia cinematográfica donde la oscuridad de la mina se funde en la sala gracias a la estupenda fotografía de Pablo Paniagua. Esto permite a los espectadores introducirse a las fauces de la montaña, sino a los rincones más oscuros del ser humano. Ahí surgen las complicidades, los miedos, el enojo, los demonios y el remedio para sanar las heridas de la pérdida humana.

Brasil: “Aquarius”, de Kleber Mendonça Filho

Se trata del segundo largometraje del pernambucano Kleber Mendonça Filho, ha brillado en 2016. Su nombre ha figurado en varias listas de lo mejor del año y ha recibido muchas críticas positivas, partiendo por su estreno en Cannes. La cinta es protagonizada por Sonia Braga, que interpreta a Clara, una mujer que a sus 65 años vive sola en un edificio frente al mar en Recife. El edificio corre peligro de ser derribado para construir otro nuevo. Clara resiste pacíficamente en medida de lo posible. La cinta llevó a más de 356.000 espectadores a los cines brasileños, un buen promedio para un título nacional y se ha distribuido a más de 40 países.

– Perú: “El choque de dos mundos”, de Heidi Brandenburg y Mathew Orzel

Un líder de la principal organización indígena de la Amazonía enfrenta las presiones de transnacionales que quieren expandir su presencia en la selva peruana. El gobierno del Presidente Alan García promulga decretos para facilitar la venta de la tierra para la extracción de minerales e hidrocarburos y las organizaciones indígenas convocan a un paro hasta que las normas inconstitucionales sean derogadas. El documental, realizado durante seis años, incluye imágenes de archivo y testimonios exclusivos de esta historia, que tuvo un desenlace trágico que dejó decenas de indígenas muertos en junio de 2009. El valor del filme reside en la calidad visual, la investigación y las revelaciones sobre un hecho que conmocionó a Perú. El largometraje se estrenó en Sundance, donde consiguió el premio especial del jurado de Cine Mundial por ópera prima, y obtuvo otros seis premios en festivales internacionales en el año.

– Chile: “Rara”, de Pepa San Martín

Esta ópera prima se convirtió en una sorpresa chilena que dejó un gran recuerdo en los festivales internacionales. A pesar de ser el primer largometraje de Pepa San Martín, que antes de hacer cine hizo teatro, la película muestra solidez en el retrato de una adolescente a punto de cumplir 13 años. Sara vive entre las dudas normales de su edad, entre ellas cómo sentirse sobre la pareja de su madre: otra mujer. Este relato en el Chile conservador está basado en la batalla legal que llevó la juez Karen Atala por conservar la custodia de sus hijas, que le fueron apartadas por su orientación sexual. Al desarrollar la producción, la directora se dio cuenta de que en Chile hay muchos más casos como éste. La película conquistó al público joven de la Berlinale, lo que le hizo valedora del Premio Generation Kplus.

– Colombia: “Todo comenzó por el fin”, Luis Ospina

Cuando el mito se comió la realidad de un grupo de jóvenes que cambió la historia del cine en Colombia, Luis Ospina, uno de sus impulsores, decidió tomar las riendas. Todo comenzó por el fin es un documental de tres horas, estrenado en Colombia a principios de abril, que rememora al grupo de Caliwood y su aportación a la cultura colombiana durante los años setenta y ochenta. Nadie en el mercado cinematográfico confiaba en que esta historia de películas, drogas y alcohol convenciera al público. El filme se planeó para un par de fines de semana.

– Ecuador: “Sin muertos no hay carnaval”, de Sebastián Cordero

Aunque Hollywood copa las salas comerciales en Ecuador, “Sin muertos no hay carnaval” se abrió paso este 2016 en los cines locales. La cinta no necesitó mucha presentación en el país porque está firmada por Sebastián Cordero, uno de sus cineastas más conocidos. La película trajo de vuelta el realismo social al cine ecuatoriano.

– México: “Te prometo anarquía”, de Julio Hernández Cordón

La poco convencional historia de amor entre dos jóvenes patinadores es cruda, tierna, salvaje y alocada. La cinta dejó en los espectadores un gran sabor de boca por su buena factura, que recuerda el mejor cine independiente y que retrata una clase media marginal y urbana que sido olvidada por muchos de los cineastas mexicanos. Aunque “Te prometo anarquía” toca también la inevitable violencia que ha inundado decenas de obras cinematográficas, prefiere situarse en la relación entre dos chicos a los que le sobra el tiempo libre, que venden su sangre para ganarse unos pesos y que se aman en un camión cisterna abandonado.