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“Mano de piedra” tumba la pantalla

Por La Prensa Austral Lunes 23 de Mayo del 2016

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El panameño Roberto “Mano de piedra” Durán no fue un santo. Ni lo quiso. Jonathan Jakubowicz lo sabe, lo entiende y en la cinta “Hands of Stone” decidió como director sublimar el boxeo, el deporte en el que se convirtió en una leyenda del peso ligero. Hábil apuesta, que se ha convertido en una de las películas proyectadas en Cannes en la sección Oficial, aunque fuera de concurso. Mucho tuvo que ver su fuerza en pantalla, y otro mucho que la distribuya The Weinstein Company.

A pesar de que Edgar Ramírez encarne a Durán -quien por cierto asistió al estreno en el certamen francés-, de que Robert De Niro dé vida a su entrenador (Ray Arcel), a las apariciones de Ana de Armas, Ellen Bakin, Rubén Blades, John Turturro y de Usher dando vida a otro grande del cuadrilátero, Sugar Ray Leonard, y del respaldo de Harvey Weinstein, el venezolano Jakubowicz (Caracas, 1978), que llamó la atención cinéfila con Secuestro express (2005), insiste en el tamaño mediano de su producción.

“Hands of Stone” nunca fue, según su director, una gran producción hollywoodiense. “La película la produjo mi esposa, y todo se hizo en el salón de nuestra casa (en Panamá, aunque Jakubowicz reparte su tiempo entre esta ciudad y Los Angeles).

Agradece cada una de las interpretaciones de sus actores -“Han sido un regalo para mí”- y confiesa que quien peor lo pasó fue Usher: “Porque él es músico, no actor, pero lo rodeamos de muy buenos profesionales, y tuvo que crecerse para no deslucir”. En pantalla Usher es Sugar Ray Leonard.

Para Jakubowicz la labor de un director de cine es idéntica a la de un director de orquesta: “No toco ningún instrumento, pero si logro que cada miembro de mi equipo haga su labor lo mejor que nunca y suenen de manera afinada puedo crear algo maravilloso”. El cineasta quiere dejar claro que no quiere perderse en cantos de sirena. “ Yo soy latinoamericano y judío, y ‘Hands of Stone’ es la película de un boxeador latinoamericano con entrenador judío. Conozco ambas culturas, siento que no hay muchos directores capacitados para mezclar los dos mundos, y eso me legitima a hacer esta película”. Además, por supuesto, de ser fan de Durán.

“La primera persona a la que oí hablar de ‘Mano de piedra’ fue a mi padre en mi niñez. El nombre ‘Mano de Piedra’ Durán suena en la mente de un niño a superhéroe. En Venezuela era un ídolo. Mi primera reacción cuando empecé con el proyecto fue pensar que sería un filme con el que mi papá estaría orgulloso, y a veces esas motivaciones son más importantes de lo que uno cree”.

Que Durán estuviera cerca del proyecto, hizo sentir al director “miedo”. “El no había visto finalizada la película hasta la proyección aquí. Y podía haberse parado, haberme dado una trompada que me enviara a casa y adiós a mi carrera. Pero yo sabía que le iba a gustar, aunque no imaginaba que le  iba a conmover tanto. Me impresionó verle llorar… y lo hicimos todos. Si la leyenda llora, lo hacemos todos. El nunca trató de venderle a nadie la idea que hubiera sido un santo, una ventaja para quienes nos acercamos a su vida y algo que hace interesante esta historia, porque hay muchos héroes aburridos. Durán nunca lo fue, especialmente cuando hace cosas que como espectador no quieres que haga. Eso a mí me fascinó siempre de su biografía”. Finalmente, el estreno ha supuesto un alivio emocional para el cineasta. “Mi esposa se sentó a su lado durante la gala, y sudó bastante hasta que vio sus lágrimas”. El boxeador había encontrado la paz en la pantalla.