Necrológicas

Observaciones críticas al cine chileno desde dentro

Por Cristian Saralegui Domingo 2 de Agosto del 2015

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Hoy llega a su fin la novena edición de la Muestra de Cine Polo Sur Latinoamericano, en la que durante una semana, se han emitido documentales, largometrajes, cortos, y animaciones, en Punta Arenas y con una jornada en Porvenir. El encuentro cuenta con la organización de Polo Sur Latinoamericano, la Agrupación Proa, y recibe financiamiento del Consejo de la Cultura y las Artes, además del auspicio de la Municipalidad de Punta Arenas.

Y si bien se han emitido una treintena de producciones de todo el continente, también hay espacio para compartir y conocer el pensamiento de los principales involucrados en este encuentro. Así, a través de charlas, el público ha tenido la oportunidad de intercambiar experiencias y reflexiones sobre la actividad.

La primera charla se realizó el martes 28 y estuvo a cargo del director del Festival Internacional de Cine de Valdivia, Raúl Camargo. “Cine y autorías independientes”, aquellos que según su visión, “no están habitualmente siendo exhibidos en salas comerciales, los que habitualmente trabajan con presupuesto mínimo, los que ven el cine de una manera mucho más artística, pero a su vez les cuesta hacer películas o las hacen de una manera más colaborativa, fuera de los márgenes industriales”.

Entre ellos, Camargo destacó a José Luis Sepúlveda, Carolina Adriazola, Carlos Flores, Juan Carlos Bustamante, y José Luis Torres Leiva, entre otros, quienes han elegido un camino distinto para sus producciones, alejados de los fondos concursables.

“La creación en Chile depende mucho de esta concursabilidad, ya que muchas veces el que se gana el fondo no es aquel que tiene mayor sensibilidad artística o política, sino que el que sabe llenar mejor el formulario, el que tiene mayor capacidad de gestión, el que cuadró el presupuesto, porque son fondos públicos; pero esta burocratización del arte hace que se pierda cierta sensibilidad y búsqueda artística, en pos de una traducción a la oficina. Muchos cineastas viven más frente a los formularios que buscando locaciones o imaginando colores”, ejemplificó, aunque para Camargo, este ‘hambre’ por hacer cine, muchas veces se traduce en que “las películas se terminan haciendo igual”.

Una forma de modificar esto, según Raúl Camargo, es creando un sentido comunitario, y por lo mismo, defiende la exhibición en salas. “Probablemente nuestros hijos o nietos pregunten ‘¿tú veías películas con gente extraña en una sala oscura?” y se sorprendan, pero lo bueno de eso es que se hace comunidad. La garantía actual es que las películas tienen más larga vida. Si salen de la sala comercial, se puede ver en una cineteca, cineclub, internet gratis o de pago; entonces hay distintas formas y se está facilitando mucho ese ejercicio de ver”, indicó.

Nuevas miradas de cine

Con respecto a nuevas miradas o formas de crear cine, Raúl Camargo reconoció que “está pasando algo bastante interesante que en general las películas eran mucho más intimistas, subjetivas, más de ‘pequeño mundo’, como cosas que al director le iban sucediendo. Cuando el país estaba en una vocación mucho más social, de reclamo, de indignación, de velar por los derechos, entonces los cineastas también han ido incorporando esto y que es fundamental ir acompañando los procesos que el país vive. Hay una transición entre este cine más íntimo, de pieza, de situaciones emocionales de un grupo determinado que puede ser leído como algo grupal o colectivo, porque a todos nos pasan ciertas situaciones de muerte, desamor, tristeza; a una construcción más colectiva, al saberse que uno está en un país y que tiene que ser parte de la formación de una conciencia crítica que ayude justamente al debate nacional”.

La perversión del mercado

Un punto de vista mucho más crítico es el que presentó Orlando Lübbert, que el miércoles conversó por más de dos horas con los asistentes, especialmente de su trabajo en el exilio y de cómo volvió a incorporarse a la realidad nacional después de la dictadura. Para el director de “Taxi para tres”, existe una suerte de desconcierto sobre hacia dónde apuntar con la creación cinematográfica, con respecto a “qué apuntamos con la película, si a un tema o a un público que debiera pagar una entrada para financiar la película. Ahí es donde empiezan a aparecer los cálculos, ya en el guión mismo. Qué hago para que el público responda. Así es como hacen los gringos, en que no hay película sin una persecución de autos, nosotros hacemos cosas parecidas para tratar de conectarnos con el público de una manera artificial. Yo sostengo que la mejor historia es la bien contada y punto”.

Estas historias que para Lübbert, deben ser “con inteligencia y corazón. Siempre digo, tú llegas a través de la inteligencia al corazón y al revés. Ese juego que hay, que tiene que ver con el acto dramático, de interpretar, los conflictos que quieras representar, requiere de una cierta mirada. Hay que cambiar el eje del cine chileno, hay que mirar distinto”, invitó.

En ese sentido, el cineasta se manifestó en contra de los procesos de postulación a fondos. “Hace algunos años  dije ‘los burócratas que manejan esto, lo que hicieron fue pasar el fondo concursable del Word al excel’. Hoy te están objetando todo tipo de cosas, lo comercial, la comita de la plata. Entonces, nuevamente pasa el gran drama de nuestros países, que la economía rige la vida de los seres humanos. El ser humano no controla la economía, la economía lo controla a él, entonces también controla la cultura y por lo tanto, las determinantes son económicas y lo que está pasando es que grupos económicos, que tienen más fuerza, imponen también sus temas”.

Lübbert ejemplificó con casos que le ha tocado vivir: “Lo primero que te dicen ‘está bien, la historia está bien, pero qué rostros tenemos’, para ellos es más importante eso. Si está Benjamín Vicuña, de rebote le damos propaganda a Almacenes París porque él es rostro. Entonces te piden rostros, y de afuera, una ‘minita’ que te pueda vender la pomada. El cine joven está haciendo cooptado, no sólo en Chile, por esa lógica de un mercado estúpido. ‘Los 33’ por ejemplo, es la película de Piñera. Me dijeron que la escena en que Golborne le pasa el papel es en cámara lenta (risas). El cine comercial, las cosas más nobles las vulgariza y las somete a otro tipo de demandas”, criticó.

Orlando Lübbert, quien también hace clases en la Universidad de Chile, enfatizó en que tampoco ve en sus alumnos, una pretensión de cambio.

“Es difícil, porque se planta un chico joven y dice ‘que puedo hacer yo para tener éxito a través de lo que hago’, no se plantean tener éxito en el relato, en la historia que quieren contar, sino que concibe de partida que la película que va a hacer, le va a permitir tener éxito en un mercado. Por eso el mercado pervierte. No me imagino que Neruda haya escrito ’20 poemas de amor…’ para ganar el Premio Nobel; lo escribió porque lo sentía. Pero cuando se pervierte eso y a muchos jóvenes les pasa, están sometiendo algo que está en el ámbito de la creación, que tiene un peso específico propio, que es la calidad de la obra, lo están sometiendo a un éxito de un mercado, y eso pervierte la obra. El mundo en que están está muy formateado, son todos parejitos, algunos de ellos, los que más pueden tener cuento son los que han viajado, han visto y les han pasado cosas y se han probado, con experiencias que les permiten replantearse con una mirada distinta las historias”, concluyó Lübbert.

Voz en off

Uno de los directores que está en esa búsqueda también dijo presente en esta muestra. Se trata del valdiviano Cristián Jiménez, quien está próximo a estrenar en cines del país, su cinta “La voz en off”, que será la que cerrará la muestra de cine hoy, a las 20,30 horas, en el salón Ponticas del Mop (Bories con Croacia).

La película también pudo ser vista el viernes, en Porvenir. La historia es definida como “familiar, protagonizada por dos hermanas treintañeras, que están un poco ‘de vuelta’ en Valdivia, que en ese caso significa vivir cerca de sus papás, y tiene que ver un poco con el problema de la comunicación al interior de la familia, los secretos, cosas que se dicen o no, cosas que nos pueden frustrar o provocar dolor, o que nos pueden dar risa, ser absurdas o un poco chistosas. Es un drama con harto humor negro. Está lejos de la ‘mamonería’ familiar y es una película que está más en la línea de mirar los quiebres y problemas familiares, con un poco de ligereza y como algo de lo cual igual podemos reírnos”, adelantó.

Como declaración de principios en éste y otros proyectos, Jiménez declaró que “es bueno que siempre las películas sean un modo a través del cual las personas se expresan y se comunican y también investiguen cómo es el mundo que está alrededor de ellos”.

No obstante, reconoce que en Chile, “igual es precario el mundo del cine, es súper artesanal, y de hecho acabo de estar en Colombia, y si uno compara con México o Brasil, en Chile es mucho más precario, hay menos apoyo y es más duro, pero a pesar de eso hay una vitalidad súper interesante, se están haciendo películas muy distintas, y creo que eso siempre será un motivo para celebrar”, destacó. Jiménez, eso sí, estableció que el apoyo hacia el cine no se debe traducir exclusivamente en fondos, “sino con ciertas estrategias, con facilitar que haya gente del mundo privado que se involucre, que haya una mejor educación, donde no solamente el cine, sino las artes ocupen un lugar importante, donde haya un reconocimiento más amplio y oportunidades para exhibir las películas; es muy amplio el horizonte desde el que hay que abordar este problema”.

Y otra de las dificultades actuales es que los usuarios están prefiriendo plataformas como Netflix o Youtube para ver películas, en vez de las salas de cine. Al respecto, Jiménez recordó que “el año antepasado, Steven Spielberg estuvo de jurado en Cannes y dijo algo así como ‘el gasto que hay que hacer para convencer a un espectador para que vaya a ver películas al cine se volvió tan alto, que está dañando la calidad de las películas’. Y eso lo dijo Spielberg, alguien totalmente desde el corazón de la industria. Es algo que pasa en todos los países. Los estudios se han vuelto muy agresivos. Los problemas que tenemos en Chile son súper poco originales, pasan en todo el mundo. Lo que hay es distinta manera de enfrentarlo, y en algunos países hay una reacción desde los Estados más enérgica por proteger cierto tipo de películas y en otros países no se hace casi nada, como pasa en Chile”, finalizó el cineasta.