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Venecia encumbra al cine latinoamericano

Por Agencias Domingo 13 de Septiembre del 2015

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Nadie vio venir la sorpresa, aunque casi nadie pareció lamentarla. La película “Desde allá”, ópera prima del cineasta venezolano Lorenzo Vigas, fue galardonada, contra todo pronóstico, con el León de Oro en la Mostra de Venecia. El festival encumbró al cine latinoamericano por partida doble, ya que el León de Plata al Mejor Director fue para el argentino Pablo Trapero por “El clan”.

Esta doble victoria supuso cierto sobresalto en el Lido veneciano. Hasta el último segundo, muchos dieron por seguro que esos premios llevaban los nombres de algún viejo maestro del cine de autor, como Aleksandr Sokurov o Jerzy Skolimowski, que al final se marcharon con las manos vacías pese a haber levantado los mayores aplausos de este festival. Con todo, este desenlace no resultó del todo descabellado en una edición donde el cine latinoamericano ha resultado omnipresente -hasta diez películas concurrían en las distintas secciones- y cuyo responsable, Alberto Barbera, no deja de repetir que se trata del único cine que “cuenta cosas nuevas y propone talentos con estilos distintos”.

En esa categoría entra, sin duda, el semidesconocido Lorenzo Vigas. Nacido en 1967 en la ciudad venezolana de Mérida, este graduado en biología molecular estudió cine en la Universidad de Nueva York durante los ‘90, antes de rodar documentales y anuncios y de debutar en el cortometraje con “Los elefantes nunca olvidan”, estrenado en 2004 en el Festival de Cannes. El director, hijo del fallecido pintor y muralista Oswaldo Vigas, llevaba por lo menos siete años intentando armar su debut, coproducido por el joven cineasta mexicano Michel Franco y por el guionista estrella Guillermo Arriaga, que también le echó una mano en la escritura.

Desde allá describe la extraña relación de dependencia que se erige entre Armando, un maduro homosexual incapaz de amar hasta el punto de rehuir el contacto físico, y Elder, un joven caraqueño que, pese a su rechazo inicial, terminará encariñándose de esa figura paternal y haciendo lo indecible por él. La película puede interpretarse como un emotivo retrato de la carencia afectiva de la que sufren ambos personajes, pero también como una metáfora de las diferencias de clase, tal vez irreconciliables, que existen en Venezuela. “En los últimos años hemos tenido problemas, pero espero que esto ayude. Somos una nación impresionante. Empezaremos a hablar más los unos con los otros”, dijo Vigas al recibir el premio, que dedicó a su país.

Desde allá, primera película venezolana que competía en Venecia, había sido acogida por la crítica con aplausos cálidos pero no entusiastas, y no figuraba en ningún caso entre las favoritas. No es casualidad que, en la sala de prensa, se escucharan algunas reservas. Mejor posicionada parecía “El clan”, que terminó marchándose con el premio al Mejor Director para Trapero. En la cinta, coproducida por los hermanos Almodóvar y convertida en un verdadero éxito comercial en Argentina, el cineasta reconstruye el caso real del clan Puccio, la familia argentina que ocultó distintos secuestros y asesinatos en los años posteriores al fin de la dictadura de Videla, a las órdenes de un temible y perverso patriarca que exhortó a sus hijos a seguir su ejemplo. Para Trapero, el galardón supone una promoción definitiva a una división superior, con esta película que aúna el cine costumbrista sobre la familia de sus inicios –su debut, “Mundo grúa”, fue proyectado en Venecia hace 16 años- con ese vigor próximo al cine de género que ha exhibido en títulos como “Carancho”.

“Anomalisa”, la inclasificable película de animación en stop-motion surgida del peculiar cerebro de Charlie Kaufman, se llevó el Gran Premio del Jurado. Se trata de una película de argumento anecdótico -un escritor llega a una ciudad de provincias y da cita a una de sus ex en un aséptico hotel-, pero con un calado profundo por la complejidad de los sentimientos que describe, que remiten a la insatisfacción vital (crónica) y la dificultad de amar, además de exhibir una creatividad admirable a nivel del doblaje. El jurado, presidido por Alfonso Cuarón y donde figuraban grandes cineastas como Hou Hsiao-Hsien o Nuri Bilge Ceylan, quiso recompensar así a uno de los títulos más originales del certamen.

El premio al Mejor Actor para Fabrice Lucchini, gran cómico francés especializado en papeles de neurótico incurable, por su personaje de juez melancólico en “L’hermine”, que también se llevó el premio del guión. Por su parte, la italiana Valeria Golino, una de esas ‘attrici bravissime’ que suelen encantar en la Mostra, se llevó el premio en la categoría femenina por “Per amore vostro”, donde interpreta a una madre coraje en el Nápoles de hoy. Pese a los excesos demostrados por una película abarrocada y algo irritante, Golino logra exhibir ese particular ardor con el que cuentan las mejores actrices italianas. “Estoy muy contenta por mí”, afirmó ayer al recibir el premio, en pleno ataque de sinceridad.