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Familia peruana recorre América en la casa rodante “más pequeña del mundo”

Por La Prensa Austral Lunes 25 de Abril del 2016

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Conexión a Internet, televisión, cocina, un retrete y hasta un pez como mascota tienen cabida en un particular Volkswagen Fusca, “la casa rodante más pequeña del mundo” según una familia peruana que llegó estos días a Montevideo tras más de un año viajando desde su país.

Javier Miller Regalado, junto a su esposa Miria y su hija de 14 meses Shalom, son los protagonistas de esta singular aventura sobre ruedas. Su objetivo: llegar a Washington tras recorrer todos los países de América.

“De Buenos Aires voy a pasar a Santiago de Chile, de Chile voy a pasar de nuevo a Bolivia, de Bolivia voy a estar en el Perú, de Perú paso a Ecuador, Colombia, Costa Rica, Panamá, Nicaragua, Salvador, Honduras, México, después entro a los Estados Unidos”, enumera Javier.

Si bien no es reconocida como tal en el libro Guinnes, “la casa rodante más pequeña del mundo”, como les gusta denominar a “Don Julio”, su pequeño auto, es, además de un Fusca, un camaleónico espacio del que surgen una sala de estar para ver la tele, un comedor, un cuarto de baño para ducharse y un dormitorio donde descansar cada noche durante esta “quijotesca” hazaña.

Algo que a simple vista parece imposible, dado que el espacio en el interior del vehículo es de poco más de dos metros cuadrados, toma forma mediante un estudiado sistema de engranajes que permite girar los asientos, convertirlos en cama y adaptar el espacio a todas sus necesidades.

Un viaje sin demasiada planificación, sin una fecha tope y con una hija de poco más de un año, algo que a muchos les generaría estrés, es una forma de vida para esta familia que asegura “no preocuparse por el mañana” y sólo ocuparse de “conseguir el dinero para llegar al siguiente pueblo”.

“Imagina que desde Perú hasta Río de Janeiro eran como tres mil dólares en comida, gasolina, mantenimiento y peajes para llegar” calcula el conductor, quien bromea mientras recuerda que entraron “a Brasil con 2 dólares”.

Durante esta travesía han pasado por situaciones difíciles, sobre todo cuando enfrentan algún problema mecánico del auto o cuando el clima no acompaña, pero rescatan que “siempre” encuentran personas que los ayudan e incentivan a seguir, una especie de “karma” en el que esta familia confía.

Javier recuerda como en plena selva amazónica se estropeó la distribución de “Don Julio” y estuvo cuatro horas sin saber qué hacer o cómo solucionar el imprevisto.

Justo en ese momento aparecieron varios indios, entre ellos el cacique de la tribu de la zona, quien, tras preguntarles si tenían hambre, les ofreció comida y los ayudó a contactar con el poblado más cercano.

“Entró, sacó un animal y nos alimentamos dos días con eso”, explica todavía incrédulo y agradecido Javier.