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Francia debate el derecho a la legítima defensa de una mujer maltratada

Por Agencias Miércoles 23 de Noviembre del 2016

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¿Tiene derecho una mujer maltratada durante 47 largos años a vengarse de su marido, que además violaba a dos de sus hijas, disparándole fríamente tres tiros por la espalda? ¿Es el maltrato un atenuante a su delito? El retrato de Jacqueline Sauvage, una humilde mujer que recoge sus canas en un moño, se ha convertido en un símbolo en Francia.
Detrás de ese retrato está la compasión, pero, sobre todo, el debate. ¿Acaso lo que hizo Jacqueline Sauvage no es un acto de legítima defensa? No. No lo considera así la justicia con las leyes francesas en la mano. ¿Por qué no cambiarlas? ¿Por qué no introducir como atenuante el síndrome de la maltratada? 36 parlamentarias están a favor de revisar la ley.
El juicio a Jacqueline Sauvage y la condena, confirmada en apelación, han conmovido a la sociedad francesa. Arropada por sus hijas, esta mujer que ha cumplido los 69 años en la cárcel, no oculta su crimen. Aquel día de septiembre de 2012 dormía la siesta cuando su marido la despertó a gritos y la amenazó por enésima vez exigiéndole que preparara la comida. El hombre abandonó el dormitorio y ella se levantó con una determinación inusual. “En ese momento, tuve una luz en el cerebro”, contó a los jueces. “Cogí la carabina de la habitación. La cargué. El estaba abajo en la terraza, sentado, de espaldas. Me acerqué y tiré, tiré, cerrando los ojos. Dudé para el tercer disparo”.
En el pequeño pueblo de Selle-sur-le-Bied, en la región céntrica del Valle del Loira, el carácter violento de Norbert Marot era bien conocido. Le temían los vecinos, pero le temían sobre todo en casa: su esposa, casada con él a los 18 años y sometida a su dominio, su hijo Pascal, sabía de sus golpes también, y dos de sus hijas, a las que violaba. Aseguraba Jacqueline Sauvage ante los jueces que Norbert le pegaba un promedio de tres veces por semana y que ignoraba que cuando empuñó el arma su hijo Pascal  acababa de suicidarse.
Jacqueline Sauvage acudió a urgencias a causa de los golpes (cuatro veces en los últimos cinco años de convivencia con él), pero nunca denunció formalmente a su marido. Es un dato que ha jugado en su contra. También, el hecho de que sus disparos no se hicieran en caliente, en plena paliza. La legítima defensa se funda en Francia en la concomitancia del acto de la agresión, así como en la proporcionalidad de la respuesta. Sauvage está condenada a diez años.
Pero una importante parte de la sociedad francesa no parece dispuesta a aceptar el veredicto. El movimiento a favor de Sauvage ha sido de tal amplitud que se recabaron casi 400.000 firmas por el indulto y el Presidente de la República, François Hollande, tuvo que recibir a la familia a principios de año y otorgar un indulto parcial que no ha servido para liberar automáticamente a esta mujer. “Tengo miedo de que no aguante en la cárcel hasta 2018”, dice su abogada Nathalie Tomasini.
El recurso presentado y que se verá el próximo 24 de noviembre quizá logre su libertad, pero Francia quiere ir más lejos e inscribir en sus leyes atenuantes para las maltratadas.
“Francia tiene que reconocer el feminicidio y debe aplicar la presunción de legítima defensa en el caso de una mujer maltratada porque esta está en un peligro de muerte permanente”, dice Raphaëlle Rémy-Leleu, portavoz de Osez le féminisme!, uno de los colectivos que más pelea por este asunto. “Sauvage sólo estaba decepcionada por su vida familiar”, rebatió durante el juicio la abogada de la familia de la víctima Célile Hernry-Weissgerber.
La campaña de apoyo a esta mujer ha arrastrado a políticos de todas las ideologías, desde los izquierdistas Daniel Cohn-Bendit o Jean-Luc Mélenchon hasta la candidata de la derecha Nathalie Kosciusko-Morizet (la visitó en la cárcel) y la alcaldesa socialista de París Anne Hidalgo.
Agencias