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Japón enciende su primer reactor nuclear tras el desastre de Fukushima

Por Agencias Miércoles 12 de Agosto del 2015

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La tranquilidad nuclear de Japón ha terminado. Tras meses de comprobaciones, este martes se ha encendido el primer reactor, después de dos años de paro absoluto a raíz de la catástrofe de Fukushima en marzo de 2011, el peor desastre atómico del mundo en un cuarto de siglo. La central de Sendai, en la isla de Kyushu, en el sur del país, espera poner en funcionamiento un segundo reactor en octubre.
“El reactor número 1 de la planta de Sendai ha empezado a funcionar a las 10.30 (03.30 hora española)”, ha confirmado la compañía Kyushu Electric Power, propietaria de la central. El artefacto, de 31 años de antigüedad y de 890 megavatios, tardará unas doce horas en calentarse y no empezará a generar electricidad hasta dentro de dos o tres días. Si todo transcurre según lo previsto, alcanzará su plena potencia en unos 10 días. Tras una última revisión de seguridad, en septiembre podrá comenzar su uso comercial.
El encendido de los reactores es uno de los asuntos más sensibles y que más divide a la sociedad japonesa. El gobierno del Primer Ministro Shinzo Abe insiste en la necesidad de recuperar la energía nuclear para la solvencia económica del país y recuerda que las nuevas normas de seguridad bajo las que deben operar los reactores son mucho más estrictas que antes. Pero encuestas como la publicada por el diario Mainichi Shimbun apuntan que aproximadamente un 57% de la población rechaza la energía nuclear. Sólo un 30% la apoya.
Los partidarios de acabar con el paro alegan que Japón es un país con escasos recursos energéticos y necesita la energía nuclear para evitar costosas importaciones de fuentes alternativas. Otros, como el gobernador de la prefectura de Kagoshima, donde se encuentra la central de Sendai, apoyan el encendido por los beneficios económicos que pueda aportar a su región, incluidos generosos subsidios. Las compañías eléctricas han ejercido también fuertes presiones ante las pérdidas que les causaba la compra en el extranjero de combustibles fósiles y la adaptación de sus plantas nucleares a unas medidas de seguridad mucho más exigentes.
Quienes se oponen defienden el desarrollo del sector de las energías renovables y alegan preocupaciones sobre la seguridad. Es palpable el temor a una segunda catástrofe como la de Fukushima Daiichi. Los escapes radiactivos tras el fallo de la central a raíz de un terremoto y tsunami devastadores obligaron a la evacuación de 160.000 personas. La gran mayoría aún no ha regresado. Por seguridad, el resto de las centrales japonesas fueron apagando sus 48 reactores. La última, Oi, en el oeste del país, echó las llaves en septiembre de 2013.
La energía nuclear “no trae nada bueno, es mejor que no se reanude. 100.000 yenes al mes (unos 730 euros, la ayuda que la propietaria de Fukushima Daichi, Tepco, paga mensualmente a cada uno de los afectados) no merecen la pena”, dice Chikako Katayose, una jubilada que reside ahora en Iwaki, a unos 50 kilómetros de la central, tras verse obligada a abandonar su hogar en Narahamachi, en la zona de exclusión de 20 kilómetros a la redonda en torno a la planta atómica.
Los contrarios al fin del paro se han manifestado con regularidad en Tokio o frente a la propia central de Sendai. Las protestas continuaban incluso ayer ante la residencia oficial del Primer Ministro y ante la planta nuclear. Entre otras cosas, los concentrados denunciaban su preocupación sobre unos planes de evacuación de esa zona en caso de desastre que, según aseguran, son insuficientes.
Según el catedrático retirado de Física Nuclear en la Universidad de Hiroshima y sobreviviente de la bomba atómica Hiromi Hasai, “la decisión de retomar o no la energía nuclear debe corresponder a los japoneses. Pero para decidir deben tener toda la información posible, y eso incluye toda la información sobre los riesgos de la energía nuclear”.
Agencias